Liturgia de la palabra

Solo me conviene ser justificado por Dios | Padre José Antonio Álvarez

Liturgia de la palabra del domingo XXX del tiempo ordinario

Las lecciones de la Palabra de Dios de este domingo nos hablan de la relación que debe haber entre oración y justificación. Podemos pedir muchas cosas en nuestra oración, pero por sobre todas ellas, hemos de pedir ser justificados, es decir que debemos someternos al juicio de Dios, para tener con Él el diálogo justo que nos santifique. Sólo Él nos santifica y quiere hacerlo.


Pero Dios respeta nuestra libertad, la que Él mismo nos da, para que podamos amar. Por eso si nos auto justificamos, hacemos uso de nuestra libertad, pero le impedimos a Dios que sea Él quien nos justifique. O te justifica Dios, o te justificas vos. Pero tus méritos, por grandes que sean, no alcanzan a pagar ni uno solo de tus pecados.


La humildad del publicano que se reconoce pecador, sin excusas y suplica la justicia misericordiosa de Dios, contrasta con la soberbia absurda del fariseo, que se planta ante Dios, pretendiendo tener títulos ante Él, derechos que le obliguen a Dios a darle la gloria. No te alabes. Que sea Dios quien te alabe, por tu humildad.

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