Nuestra Iglesia

Sor Faustina, musa del papa Francisco

Existen signos impactantes que hacen poner la piel de gallina hasta al más incrédulo

De nuevo una mujer –después de María Magdalena- se hace apóstol entre los apóstoles. Santa Faustina Kowalska (1905-1938) dejó un surco entrañable para la siembra de la misericordia en un mundo convulso.

Se trata de una sucesión sorprendente, porque, al picar en la historia, el pontificado de Francisco será recordado por una palabra: misericordia. Al mismo tiempo, sigue la secuela dejada por su antecesor san Juan Pablo II.

Otro sorprendente dato es que Bergoglio, ya antes de ser papa, había elegido como lema episcopal “miserando atque eligendo”.

Karol Wojtyla, futuro papa, entonces un joven obrero y seminarista clandestino, iba a rezar, antes de ir a su trabajo en una fábrica, al Santuario de Cracovia-Lagiewniki, lugar en el cual santa Faustina profesó sus votos  y quien le inspirará en su vida pastoral.

¿Es una coincidencia? Existen signos impactantes que hacen poner la piel de gallina hasta al más incrédulo, en esta historia salpicada por la necesidad de abajarse y de tocar con la mano las miserias del mundo.

Pope Francis speaks at Blonia Park on July 28, 2016 in Krakow during the opening ceremony of the World Youth Days (WYD). Pope Francis is in Poland for an international Catholic youth festival with a m
Papa Francisco en el parque de Blonia 28 de julio, 2016

Con un proceso largo de 33 años (la edad de Cristo), la Iglesia reconoce que en el diario de Sor Faustina, fallecida también a los 33 años, Jesús dicta un despacho directo que expresa la infinita bondad y el perdón de Dios.

Juan Pablo II canonizó a Sor Faustina durante el Jubileo del 2000 y se pasa de un Año Santo al otro bajo el mismo signo de la Misericordia.

En la bula del Jubileo, el papa Francisco dirige una plegaria a la “gran apóstol de la misericordia” y desde el inicio de su pontificado alza la misma bandera.

El mensaje de Jesús es la misericordia. Para mí, lo digo desde la humildad, es el mensaje más contundente del Señor”, dijo Francisco en la pequeña Iglesia de Santa Ana en el Vaticano, en su segunda homilía como Papa y la primera ante los fieles de a pie, el domingo 17 de marzo 2013.

Tampoco es una coincidencia que el papa firme la bula en la fecha de la vigilia del Segundo Domingo de Pascua o de la Divina Misericordia (11.04.2015).

Así, se reconoce en la pobre monja polaca la experiencia mística del contacto directo con Jesús y es considerada por los teólogos como una mujer entre los grandes místicos de la Iglesia.

De hecho, fue el mismo Jesús quien le dio la orden de escribir: ‘Secretaria de Mi misterio más profundo, reconoce que estás en confidencia exclusiva conmigo’ ”, escribe en el prólogo del Diario el arzobispo Giuseppe Bart.

También, Bart es el rector del templo que expone una réplica de la imagen pintada por el pintor Kazimirowski y que muestra a Jesús con el corazón abierto y radiante de una gama de colores azul y blanco fulgurante (el agua y la sangre) que se venera, entre otros muchos lugares, en la Iglesia del Santo Espíritu en Sassia, sede del Centro de Espiritualidad de la Divina Misericordia en Roma.

Jesús, en ti confío” es el mensaje divino para dar consuelo proclamado Sor Faustina, que oscila entre la primera y la segunda guerra mundial. Y ahora es el mensaje que hace de viga ante los horrores de la ‘guerra mundial a pedazos’, llamada así por el papa Francisco.

Los últimos serán los primeros’ es una máxima evangélica que se cumple a cabalidad igualmente en la vida de Sor Faustina. A Sor Faustina, muchos la podrían considerar como una perdedora.

La sencilla aspirante monja fue desde los 14 años sirvienta en casa de personas adineradas para ayudar a sus padres muy pobres, quienes desaprobaron su vocación temprana, apenas a los 12 años.

Los conventos la rechazaban por no tener una buena educación ni una dote de familia, además de por su edad, ya avanzada para la época, 22 años. “No hizo nada grande, ni siquiera en su congregación. Limpiar, jardinería o panadería, no se trata de cosas grandiosas […]”, la describe el cardenal Joseph Glemp.

En esta sucesión, los pasos humildes dejados por Santa Faustina están allí como un surco para la misericordia. Por ello, el día 29 de julio de 2016, el papa Francisco visitó Lagieniwcki, la tierra natal de la santa polaca, y el Santuario de la Misericordia.

La mística polaca también estuvo presente en otra cita importantísima del Jubileo de la Misericordia: la Jornada Mundial de la Juventud en julio 2016.

Para ese acontecimiento, el Papa escribió varios discursos dirigidos a dar nuevos bríos a la misión de los jóvenes.

Ayúdame, oh Señor, a que mis ojos sean misericordiosos, para que yo jamás recele o juzgue según las apariencias, sino que busque lo bello en el alma de mi prójimo”, leyó padre Federico Lombardi la oración del diario de Santa Faustina durante la presentación a la prensa del viaje a Cracovia.

La misma oración que fue incluida en el mensaje del papa Francisco para la preparación de la Jornada Mundial de la Juventud de este año en Polonia.

A continuación algunas de las partes más sobresalientes de la oración que estuvo de fondo en los discursos del Pontífice dirigidos a los jóvenes reunidos en Cracovia del 27 al 31 de julio 2016 y del mensaje que se prolonga en el tiempo para ser esperanza en tiempos adversos.

Santa Faustina y Juan Pablo II
Santa Faustina y Juan Pablo II. El proceso de beatificación de la santa polaca inició con el decreto del 31 de enero de 1968 para culminar, tras la canonización un año antes, con la institución de la Misa solemne de la Divina Misericordia -el 22 de abril de 2001 – en San Pedro oficiada por Juan Pablo II.
  1. Ayúdame, oh Señor, a que mis oídos sean misericordiosos para que tome en cuenta las necesidades de mi prójimo y no sea indiferente a sus penas y gemidos.
  2. Ayúdame, oh Señor, a que mi lengua sea misericordiosa para que jamás critique a mi prójimo sino que tenga una palabra de consuelo y perdón para todos.
  3. Ayúdame, oh Señor, a que mis manos sean misericordiosas y llenas de buenas obras para que sepa hacer sólo el bien a mi prójimo y cargar sobre mí las tareas más difíciles y más penosas.
  4. Ayúdame, oh Señor, a que mis pies sean misericordiosos para que siempre me apresure a socorrer a mi prójimo, dominando mi propia fatiga y mi cansancio. (…)
  5. Ayúdame, oh Señor, a que mi corazón sea misericordioso para que yo sienta todos los sufrimientos de mi prójimo (…) Que Tu misericordia, oh Señor mío, repose dentro de mí” (Diario, 163).

Fuente
https://es.aleteia.org/

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