Testimonios

Juez con 23 años, dirigía redadas, scout veterano… el camino de Jesús Sánchez Adalid hasta ser cura

El novelista superventas cuenta un recorrido que comenzó en la «movida»

La senda hacia la vocación sacerdotal de Jesús Sánchez Adalid es una historia tan polifacética que bien podría formar parte de una de sus dos decenas de novelas. Hablamos del sacerdote y escritor que vendió más de un 1 millón de ejemplares de El Mozárabe, su primera novela, publicada en 2001 y ambientada en la época de Almanzor. Hay que tener en cuenta que la mayoría de las novelas históricas en España venden entre 2.000 y 6.000 ejemplares.

A sus 60 años, reconoce que su camino al sacerdocio fue «definitivo» y «maravilloso» a la vez, aunque difícil de explicar. Y no es para menos: en pocos años asistió a los estragos de la movida; fue juez con 23 años, envió a prisión a no pocos amigos con los que hacía solo unos años había compartido pupitre e incluso dirigió redadas policiales. 

Con la perspectiva que le concede el tiempo, su vocación y el éxito literario, Sánchez Adalid ha narrado un camino en el que nunca se cayó «del caballo» como San Pablo, pero una pregunta al mirar a su alrededor le hizo seguir sin freno la mayor de sus vocaciones: ¿qué estaba pasando en la España de aquellos años, golpeada por la droga?

Durante su participación en el VIII Encuentro de Músicos Católicos celebrado en Córdoba entre el 4 y el 6 de noviembre, el párroco de la Iglesia de San José (Mérida) se refirió al golpe de Estado de Tejero, la primera victoria socialista o el referéndum de entrada en la OTAN como algunos de los elementos que marcaron su juventud y a largo plazo, su propia vocación.

Uno de los más llamativos fue sin duda su participación en «la movida» de los años 80. «Todo parecía maravilloso, pero desde dentro no lo era tanto. Para qué hablar de todos los músicos que se llevó la droga», mencionó. 

Sánchez Adalid relata que lo vivió en primera persona. «Salí de la universidad muy joven, fui muy buen estudiante pero también me lo pasé muy bien. Imaginaos en los años 80… Pues de todo. Y de todo es de todo», destacó ante los asistentes.

Entre redadas policiales y cadáveres

El ocio, la diversión y la aparente «cara amable» de la movida se acabaron por completo cuando contando con tan solo 23 años comenzó a ejercer la judicatura en el quinto curso de carrera gracias al sistema de «práctica jurídica», compartiendo promoción con la misma María Teresa Fernández de la Vega, vicepresidenta del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero entre 2004 y 2010.

«Salí de la universidad, me despedí de los compañeros y al día siguiente estaba sentado en el despacho con el capitán de la guardia civil y la policía secreta empezando a hacer redadas de la droga«, explicó.

Sin apenas experiencia tuvo que hacer frente al «cubo de agua fría de realidad» que suponían prácticas tan escabrosas como «levantar cadáveres comidos por los cangrejos» o mirar cara a cara a sus propios compañeros de instituto antes de entrar en prisión.

El joven y precoz juez no daba cabida a la situación y estragos de la movida que eran vistos socialmente con la mirada de la inocencia. «Aquí pasa algo. Esto no puede ser«, pensaba.

Pronto comenzó a sentir que aquella contradicción invadía su propia mente. «Yo pensaba, meditaba, tenía mi novia, un coche recién comprado, era `un chulito´ y todo era un `viva la vida´, pero por otro lado estaba naciendo otra persona dentro de mí y estaba madurando con mucha fuerza», explica.

«¿Qué está pasando?»

El sacerdote, que había sido educado en la fe por su familia pero nunca fue a colegios religiosos se sorprendió a sí mismo cuando «de repente» empezaron a surgir preguntas y se vio leyendo la Biblia y yendo a Misa cada mañana. «Quizá fue porque sostenía un peso muy superior a mí», pensaba.

Tratando de dar respuesta a su inquietud interna y de cambiar una sociedad en la que la muerte y las drogas estaban a la orden del día, se decidió a plantar cara a «la movida» cuando no lo hacía nadie y fundó la primera asociación en España contra la droga junto con un médico.

«Era horrible, tremendo… Todos los jueves enviábamos un furgón, a veces dos, a la prisión de Badajoz cargado de chavales. Era una angustia, una impotencia… ¿Qué estaba pasando? Todos se lo pasaban fenomenal y nadie se daba cuenta [de las consecuencias]», lamenta.

Desde entonces dio rienda suelta a su vocación social, se hizo misionero y continuó sirviendo como scout, donde participaba desde los ocho años.

Cincuenta años de escultismo, su «otra» vocación

Recuerda esta última faceta como una «verdadera vocación» antes de vivir la sacerdotal.

«Soy scout desde que tengo 8 años y ya llevo 50. Mi vida ha transcurrido dentro del movimiento. Cuando uno es scout lo es para siempre y no es que haya sido algo más en mi vida, sino una parte fundamental que ha configurado mi forma de ser y entender el mundo. Eso que empezasteis para pasarlo bien, al final se convierte en una verdadera vocación«, le dijo a los jóvenes scouts en 2021 por su cincuenta aniversario.

Pero pronto se dio cuenta de que había emprendido un camino que no tenía vuelta atrás. «Fui a una convivencia, luego a otra… y al final me fui a Madrid a estudiar Filosofía. Dejé la judicatura y mientras, para justificarlo ante mis padres, me puse a hacer un doctorado en Derecho«, explica.

A raíz de las convivencias, el joven entabló contacto con la Renovación Carismática y el Camino Neocatecumenal y pronto dio el salto al seminario entre «dudas, preguntas y conversaciones con Dios». «Por lo menos para probar», pensaba. Aquella prueba culminó en su ordenación sacerdotal, hace 30 años.

«Se me han pasado como dos días. Los procesos internos [de mi vocación] no los puedo contar porque es imposible de explicar. Este camino es inexplicable, raro y definitivo al mismo tiempo y si le tengo que poner nombre, con lo bueno y con lo malo, digo que es una maravilla y esa es la verdad«, admite.

Escritor de éxito «contra la leyenda negra»

Juez, misionero, scout, sacerdote… y por si fuera poco, escritor. Actualmente, Sánchez Adalid es un consolidado autor de novela histórica con decenas de libros publicados, alguno de los cuales le ha valido tan prestigiosos premios como el Fernando Lara por El alma de la ciudad, el Alfonso X el Sabio por Alcazaba, el Hispanidad 2013 o el III Premio Troa de Literatura con valores por Treinta doblones de oro, entre otros muchos.

Uno de los últimos, Las armas de la luz, publicado en 2021, fue analizado por él mismo en esta entrevista de Religión en Libertad cuando se encontraba entre los 10 libros más vendidos en España.

Incapaz de permanecer indiferente ante la injusticia, el sacerdote también desea librar esa batalla en el campo de la historia y la literatura, por lo que creó la asociación Escritores con la Historia para «liberar de prejuicios y de situaciones políticamente correctas a la historia de España».

«Hay quien trata de juzgar cosas de hace mil años como si hubieran pasado ayer. Yo vivo en Mérida, un lugar lleno de historia, construida por los romanos, luego con los suevos, los visigodos, los musulmanes… Hay que entender cada época y lo que aportó cada uno, aunque, por supuesto, yo me quedo con lo que ha aportado la cultura cristiana», subraya.

En este sentido, también hace frente a los tópicos de la leyenda negra en su propio campo y enfrenta «anacronismos» que, además de a la historia, también afectan a lo espiritual.

«Veo por ahí personajes con espada y psicología de agnóstico posmoderno, descreído, blasfemando contra la Virgen en la España del Siglo de Oro. Eso no es consecuente con lo que sabemos, con lo que vemos al leer cartas o textos de la gente del Siglo de Oro, que podían ser pecadores pero sin duda tenían fe», comentó a este medio.

Pero triunfar con la pluma ni le ha «aislado en una torre de marfíl» ni le ha impedido desarrollar su vocación sacerdotal. Al contrario.

 «Sigo siendo un sacerdote con parroquia y feligreses. Los atiendo y aprendo de ellos. Mi contacto humano como sacerdote me ha ayudado a escribir. Mi vida es la de cualquier cura, visitando enfermos, haciendo entierros con los scouts y las actividades de Semana Santa», afirma.

Preguntado por las crisis que afectan a la Iglesia y a la sociedad global, el sacerdote y escritor se muestra convencido de que «la Iglesia se purificará y creará algo nuevo».

«El hecho es que los bárbaros se cristianizaron y asumieron el derecho y la civilización cristiana. En el siglo XX también Stalin y Hitler intentaron eliminar el cristianismo, y aquí seguimos. Vivimos una época que tiene sus retos, pero todo nos purifica para ser más santos. Siempre digo que, en realidad, los hombres no controlamos tantas cosas como creemos», concluye.

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