Nuestra Iglesia

El Papa creó 20 nuevos cardenales

Por primera vez están representados 4 países: Mongolia, Paraguay, Singapur y Timor Oriental. "Apertura a todos los pueblos y al horizonte del mundo" pidió el Papa a los nuevos purpurados.

Veinte nuevos cardenales recibieron este sábado 27 de agosto del papa Francisco el birrete rojo, el anillo de la mano de Pedro y el título o diaconía durante el Consistorio celebrado en la Basílica de San Pedro, ante la presencia de todos los cardenales de la Iglesia Católica.

Los cardenales hicieron el juramento de fidelidad al Santo Padre y a sus sucesores, tras lo cual se acercaron uno a uno a Francisco para recibir los signos del cardenalato: “Reciban el birrete rojo como signo de dignidad para comportarse con valentía hasta el derramamiento de sangre, por el aumento de la fe cristiana, por la paz y tranquilidad del pueblo de Dios, por la libertad y difusión de la Santa Iglesia Romana”, decía a cada uno de ellos, para luego hacerles entrega del anillo, “sabiendo que con el amor del Príncipe de los Apóstoles se fortalece tu amor a la Iglesia”.

 “Encendidos en el fuego de Jesús”

Previamente, el obispo de Roma invitó a los nuevos cardenales a poner en práctica el estilo de Dios: cercanía, compasión y ternura y a cuidar la Eucaristía “donde se saborea la presencia humilde, discreta y escondida del Señor, para que así se convierta en alimento para la vida diaria”.

Francisco recordó que un cardenal tiene como misión amar a la Iglesia, “ya sea tratando las grandes cuestiones, como ocupándose de las más pequeñas; ya sea encontrándose con los grandes de este mundo, como con los pequeños, que son grandes delante de Dios.

En la homilía centrada íntegramente en la imagen del fuego, el Papa vuelve a hablar de “humilde magnanimidad, manso poder, universalidad atenta a los detalles” para recomendar a los nuevos cardenales el valeroso cuidado “tanto de las cosas grandes como de las pequeñas”.

“Vine a prender fuego a la tierra, y ¡cómo quisiera que ya estuviera encendida! Tengo un bautismo en el cual seré bautizado, y qué angustiado estoy hasta que se cumpla”, se lee en el Evangelio de san Lucas. El Papa eligió comentar la imagen del fuego que aquí “es la llama poderosa del Espíritu de Dios”, es “amor apasionado que purifica, regenera y transfigura todo”. Pero el evangelista Juan, en otro pasaje del Evangelio, describe un fuego diferente, el de una brasa que arde a la orilla del lago de Galilea. Jesús lo encendió mientras los discípulos se dedicaban a pescar.

“El fuego de las brasas -afirmó el Papa- es suave, escondido, pero dura mucho” y crea un clima de intimidad familiar.

Refiriéndose a la realidad de los nuevos cardenales, Francisco destaca que las palabras del evangelista Lucas indican la llamada del Señor a una misión de fuego: “Así el Señor quiere comunicarnos su valentía apostólica, su celo por la salvación de todo ser humano, nadie excluido. Quiere comunicarnos su magnanimidad, su amor sin límites, sin reservas, sin condiciones, porque la misericordia del Padre arde en su corazón. Un fuego de este tipo debía arder en el corazón del apóstol Pablo, prosigue el Papa, “en su infatigable servicio al Evangelio”.

Es también el fuego de tantos misioneros que han experimentado la fatigante y dulce alegría de evangelizar, y cuya misma vida se ha convertido en Evangelio, porque fueron ante todo testigos. Este, hermanos y hermanas, es el fuego que Jesús vino a “arrojar sobre la tierra”, y que el Espíritu Santo enciende también en el corazón, en las manos y en los pies de los que le siguen.

Junto al fuego abrasador, las brasas que significan mansedumbre, fidelidad, cercanía con las que “hacer gustar a muchos la presencia de Jesús vivo en medio de nosotros”. Este es también un fuego que Dios nos da, afirmó Francisco, “especialmente en la oración de adoración”, cuando sentimos la presencia del Señor y su presencia “se convierte en alimento para nuestra vida cotidiana”.

El Papa recordó la experiencia de san Carlos de Foucauld, que permaneció “durante mucho tiempo en un ambiente no cristiano, en la soledad del desierto”, centrándolo todo en la presencia viva de Jesús en la Palabra y en la Eucaristía, y sobre “su propia presencia fraterna”.

Y agrega: “También nos hace pensar en aquellos hermanos y hermanas que viven la consagración secular en el mundo, alimentando el fuego bajo y duradero en el trabajo, en las relaciones interpersonales, en las reuniones de pequeñas fraternidades; o, como sacerdotes, en un ministerio perseverante y generoso, sin algarabía, entre la gente de la parroquia. Y entonces, ¿no es fuego en las brasas lo que cada día calienta la vida de tantos esposos cristianos? santidad conyugal… reavivada con una oración sencilla, “casera”, con gestos y miradas de ternura, y con el amor que acompaña pacientemente a los hijos en su camino de crecimiento. Y no olvidemos las brasas custodiadas por los ancianos: son un tesoro, el tesoro de la Iglesia. El hogar de la memoria”.

El Papa vuelve a la misión encomendada a los cardenales para decir que el “doble fuego de Jesús” recuerda que el cuidado tanto de “las cosas grandes como de las pequeñas” y el mismo amor deben encontrar un lugar en sus corazones tanto para afrontar “grandes cuestiones como para esos pequeños”; tanto tratando “a los grandes de este mundo como a los pequeños”.

La homilía de Francisco termina proponiendo una vez más la universalidad y la atención a las personas a las que están llamados los cardenales y cuyo secreto está en la mirada de Jesús, quien, concluye, “quiere arrojar este fuego sobre la tierra también hoy; quiere volver a encenderlo a orillas de nuestras historias cotidianas”. Nos llama por nuestro nombre, prosigue el Papa, y nos pregunta: ‘Usted nuevo cardenal, y todos ustedes hermanos cardenales, ¿puedo contar con ustedes?’.

Arthur Roche: deseo y el compromiso por la comunión en la Iglesia

En representación de los nuevos cardenales, tomó la palabra el cardenal Arthur Roche, prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, quien expresaba la alegría de todos por haber recibido la llamada del Sumo Pontífice para “estar al servicio de su misión como obispo de Roma, para el bien de todo el pueblo de Dios”.

El cardenal Roche hizo hincapié en la satisfacción de los nuevos cardenales por vivir “la alegría del Evangelio con discernimiento, valentía y, sobre todo, con una apertura de corazón que se manifiesta en la acogida hacia todos, especialmente los que sufren la injusticia de marginar la pobreza, la prueba del dolor buscando una respuesta significativa, la violencia de las guerras que transforman a los hermanos en enemigos”.

El prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos ha indicado que los veinte nuevos cardenales comparten con Francisco “el deseo y el compromiso por la comunión en la Iglesia. De ti, Santo Padre, aprendemos a resistir la tentación de cualquier estrechez de mente y de corazón, que lleva a encerrarse en la estrecha dimensión de uno mismo en lugar de expandirse “hasta alcanzar la medida de plenitud de Cristo”.

En este sentido, recalcó la importancia de que la Iglesia siempre se muestre en salida y sea vista como “una madre con un corazón inmenso y tierno”.

Fuente
https://aica.org/

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