Nuevo lenguaje en cuarentena

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El Padre Germán Maccagno deja una opinión sobre las nuevas frases que tanto escuchamos o leemos hoy y el autor se pregunta "si es un verdadero lenguaje o si detrás de ciertas expresiones se esconde algo que puede afectar nuestra concepción del mundo y de la vida".

Desde hace varios meses hemos comenzado a escuchar nuevas frases, nuevas expresiones, propias de este tiempo. Pero es bueno que nos preguntemos si es un verdadero lenguaje o si detrás de ciertas expresiones se esconde algo que puede afectar nuestra concepción del mundo y de la vida. Porque el lenguaje es performativo, es decir, es la forma en que se van introduciendo ideas y
normas para la vida. Analicemos algunas de estas nuevas expresiones.

INTERÉS GENERAL
Escuchamos muy a menudo que hay que ver el interés general.
Ya no se escucha hablar de “bien común”, que sería lo propio, porque una sociedad no se organiza sólo en función del interés, sino sobre todo en función del bien.
La doctrina social de la Iglesia habla del bien común diciendo: por bien común se entiende “el conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible a las asociaciones y a cada uno de sus miembros el logro más pleno y más fácil de la propia perfección”(Compendio de la DSI 164).
Como vemos, una sociedad no tiene que buscar sólo intereses, sino el bien, es decir, aquellas condiciones o conjunto de bienes que hacen posible que cada uno se desarrolle plenamente.
Hablar sólo de interés general es reducir el panorama, puesto que el hombre no sólo debe buscar lo que le interesa, sino lo que le hace bien, que no siempre coincide con lo que le interesa, porque la sociedad puede crear intereses que no condicen con la dignidad humana.
No podemos dejar de hablar de “bien común”, reemplazándolo con el de “interés general”, porque deforma el sentido de lo que debemos buscar como sociedad.

DISTANCIAMIENTO SOCIAL
No estamos creados para estar distantes, sino para la proximidad de familia, amigos, vecinos, compañeros de trabajo, etc. Los hombres tenemos sentidos y los sentidos son para relacionarnos, porque somos profundamente comunitarios.
Podemos caer en la trampa de distanciarnos de tal manera que comencemos a desconfiar unos de otros, con el pensamiento de que el otro puede estar infectado.
Hay en la historia de los santos un montón de ellos que se contagiaron por cuidar enfermos…y en nuestra historia de estos días también se ven estos casos en muchos trabajadores de la salud y de otros rubros que exponen su vida.
No podemos caer en la tentación de mirar al otro siempre como un peligro, porque caeríamos del distanciamiento en el aislamiento.
El hombre está creado para interactuar, para relacionarse, para la proximidad.
Es verdad que puede haber casos, como el presente, que nos obliguen a una suspensión en esta forma de vivir, pero lo provisorio no puede hacerse definitivo.
El hombre necesita los afectos, el abrazo, el beso, la cercanía, la expresión del cariño.
Si por ahora estamos “distanciados”, no nos transformemos en seres aislados.

NUEVA NORMALIDAD
La escuchamos con frecuencia.
Tendríamos que preguntarnos: ¿qué es lo normal? ¿Es lo mismo que común?
Cuando hablamos de normalidad decimos que hay que vivir según normas.
Y las normas morales no las impone el Estado, sino la misma naturaleza creada por Dios.
En los mandamientos tenemos “normas” de conducta que rigen la relación de los hombres con Dios y entre sí.
El hecho de que todo el mundo haga tal cosa no convierte el hecho en “normal”, sino que muestra que es común.
Si todo el mundo miente, no quiere decir que la mentira sea normal, sino que es común.
Que muchos caigan en la corrupción, no quiere decir que la misma sea normal, sino común.
Y así podríamos describir miles de ejemplos.
El Estado puede fijar normas, pero dichas normas siempre deben estar de acuerdo con la Suprema Norma, que es la misma ley de Dios presente en el corazón del hombre.
No podemos confundir lo normal con lo común.
Las normas son indispensables para la convivencia, pero esas normas deben respetar y canalizar la norma suprema puesta por Dios en el corazón y que se llama LEY MORAL NATURAL.
La Ley Moral no es “construcción social”, sino algo inherente a la misma naturaleza humana, así como la ley de la gravedad, por ejemplo, es inherente a la realidad física.
Vivir en normalidad significa vivir conforme a las normas que fija la LEY NATURAL, y dicha ley no puede ser contradicha por el Estado.
Por un decreto del Estado no se puede cambiar la ley de la gravedad. Tampoco el Estado puede (diríamos mejor debe) cambiar una LEY NATURAL, como el derecho a la vida,
legislando, por ejemplo, el aborto.
Que todo el mundo lo haga no quiere decir que sea bueno. Que sean muchos los que roban, incluso en el Estado, no quiere decir que robar sea bueno, porque es “normal”.
Lo común no es necesariamente lo normal.

LLEGÓ PARA QUEDARSE
Otra frase de estos tiempos.
Se la refiere a costumbres, formas de comunicación, realizaciones propias de esta época.
Pero puede ser una frase engañosa, porque no todo lo que llegó puede ser universalmente bueno como para quedarse.
Lo que debe quedar es lo bueno, no lo que carece de entidad para ser un valor de la comunidad.
No podemos ser acríticos y asimilar absolutamente todo sin preguntarnos si eso que “llegó” es bueno para quedarse.
Por ejemplo: la misa por televisión puede ser un recurso evangelizador de emergencia, pero no podrá suplantar nunca la necesidad de vivir la fe con otros, en comunidad, compartiendo la Eucaristía con los miembros de cada comunidad parroquial.
Así como no puedo “almorzar eternamente por televisión”, porque no hay todavía un alimento que me puedan entregar por el televisor como si fuera una ventanilla de delivery, así tampoco
puedo prescindir de “comulgar el Cuerpo de Cristo”, de “confesarme”, o pretender recibir los demás sacramentos en forma virtual. La fe no la puedo vivir sólo de forma virtual y en modo
individual. La fe es esencialmente comunitaria.
Esa fe necesita del encuentro personal y único con Jesús en la Eucaristía y también la vivencia comunitaria, que es esencial.
Lo provisorio tendrá que ser provisorio y no podemos perder de vista lo definitivo.
Podríamos seguir analizando frases, lenguaje, el vocabulario que va surgiendo, pero con lo dicho creo que es suficiente.
Que los árboles no tapen el bosque.
Que la situación de emergencia que vivimos no nos haga perder de vista los valores y el
lenguaje que tenemos que conservar.

P. Germán Maccagno 

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