
Este 8 de septiembre, Mendoza celebra el día de la Virgen del Carmen de Cuyo, una advocación cuya historia está profundamente unida a la identidad religiosa y cultural de la provincia y, de manera especial, a la gesta libertadora del General José de San Martín.
Su vínculo con el Libertador no fue solamente simbólico. En los días previos al Cruce de los Andes, San Martín puso bajo su protección al Ejército de los Andes y la proclamó Patrona y Generala, confiándole incluso su propio bastón de mando.
La relación entre San Martín y la Virgen del Carmen se remonta a los preparativos de la campaña libertadora. La devoción a esta advocación estaba fuertemente arraigada entre los habitantes de Cuyo y también entre los soldados, muchos de los cuales llevaban su escapulario. Por eso, San Martín decidió colocar al Ejército bajo su amparo.
Una ceremonia antes de cruzar los Andes
El 5 de enero de 1817, cuando el Ejército de los Andes estaba listo para emprender la campaña libertadora, Mendoza fue escenario de una solemne jornada religiosa y patriótica.
El ejército, vestido de gran gala, recorrió las calles de la ciudad hasta llegar a los lugares donde se desarrollaron las ceremonias. La imagen de la Virgen del Carmen fue llevada en procesión y colocada a la cabeza de la formación. Allí se bendijo la Bandera de los Andes y también el bastón de mando del General San Martín.
En aquel contexto, San Martín puso simbólicamente su autoridad militar bajo la protección de la Virgen. La imagen quedó así vinculada para siempre con una de las gestas más trascendentes de la historia argentina y americana.
Años después, el propio Libertador volvería a expresar su gratitud. El 12 de agosto de 1818, San Martín escribió que la protección brindada al Ejército de los Andes por su Patrona y Generala había sido “demasiado visible” y entregó su bastón como propiedad de la Virgen y como signo del mando supremo que, según él, ejercía sobre el Ejército.
La fe que acompañaba al Ejército
La relación de San Martín con la fe no se limitó a la elección de una patrona para sus tropas.
Desde la organización de los Granaderos a Caballo, creados en 1812, el Libertador estableció prácticas religiosas para sus soldados: oraciones por la mañana, el rezo del Rosario por las noches y la participación en la Santa Misa los domingos y días festivos.
Durante la preparación del Ejército de los Andes en Mendoza, la celebración de la Eucaristía también ocupó un lugar importante. Cuando no existía una iglesia o un espacio apropiado, se improvisaban altares en el campo para que los soldados pudieran participar de la celebración.
La fe formaba parte, de este modo, de la vida cotidiana de aquel ejército que se preparaba para una de las empresas militares más extraordinarias de la historia de América.
Una devoción que permanece
La imagen de la Virgen del Carmen de Cuyo se encuentra actualmente en la Basílica de San Francisco, en la ciudad de Mendoza, donde también se conserva el histórico bastón de mando entregado por San Martín. El templo custodia así algunos de los testimonios más significativos de aquella profunda unión entre fe, historia y patria.
La devoción recibió además un reconocimiento especial el 8 de septiembre de 1911, cuando la imagen fue coronada solemnemente. A partir de entonces, esta fecha quedó estrechamente vinculada a la celebración de la Virgen del Carmen de Cuyo y fue declarada Fiesta Patronal de la provincia.
La Virgen también fue reconocida como Patrona de la Educación mendocina y, desde 1982, como Patrona de la 8.ª Brigada de Montaña.
La Madre de Cuyo que acompañó la libertad
Más de dos siglos después, la figura de la Virgen del Carmen de Cuyo continúa evocando aquella profunda confianza que San Martín depositó en ella.
En su imagen se encuentran entrelazadas la historia de Mendoza, la espiritualidad de su pueblo y la memoria de quienes emprendieron el camino de los Andes en busca de la libertad.
Cada 8 de septiembre, los mendocinos vuelven la mirada hacia aquella Madre que, para San Martín y sus hombres, no fue solamente una figura religiosa: fue la Patrona y Generala a cuya protección encomendaron una empresa que cambiaría para siempre la historia de América.
