
El Papa recibe a las delegadas del Capítulo General electivo de las Hermanas de la Caridad de Santa Juana Antida Thouret y las invita a renovar su fidelidad a Cristo, fortalecer la comunión eclesial y servir integralmente a los más pobres.
Patricia Ynestroza – Ciudad del Vaticano
León XIV recibió este lunes a las delegadas del Capítulo General electivo de las Hermanas de la Caridad de Santa Juana Antida Thouret, a quienes animó a mantener sus raíces profundamente arraigadas en Cristo y a llevar al mundo el testimonio concreto de la caridad, especialmente entre las personas más pobres y necesitadas. Durante el encuentro, el Santo Padre saludó con alegría a las religiosas y felicitó a la nueva superiora general elegida, encomendándola al Señor junto con las hermanas llamadas a acompañarla y ayudarla en su servicio de gobierno.
El discernimiento comunitario, don del Espíritu Santo
En su discurso, León XIV destacó la importancia del Capítulo General como un momento privilegiado para la acción del Espíritu Santo en favor de todo el Pueblo de Dios. Los días vividos por las religiosas, marcados por la escucha de Dios y el diálogo fraterno, constituyen una experiencia de discernimiento comunitario que contribuye al crecimiento espiritual y fortalece los vínculos de comunión dentro de la Congregación.
El Papa comparó los frutos de esta escucha con «un cesto de primicias» ofrecido al Señor, subrayando que el camino recorrido juntas representa uno de los dones más valiosos que las hermanas pueden presentar a Dios. En este contexto, recordó el ejemplo de santa Juana Antida Thouret, quien comprendió profundamente la importancia de caminar unidos en la Iglesia. A lo largo de su vida, la fundadora manifestó un gran amor y respeto por el Sucesor de Pedro, afrontando incluso dolorosas incomprensiones y renuncias por el bien y la unidad de las personas confiadas a su cuidado.
Cristo, centro de la vida consagrada
«En Cristo, las raíces; en el mundo, la misión» es el tema elegido para los trabajos del Capítulo General, una expresión que, según el Pontífice, describe adecuadamente la esencia de la consagración y del apostolado de las religiosas.
Tener las raíces en Cristo significa poner a Jesús en el centro de la propia existencia y de los pensamientos, aprendiendo a reconocer y celebrar su presencia en cada momento de la vida. A ejemplo de la fundadora, las hermanas están llamadas a cultivar una relación profunda con el Señor, convencidas de que cuanto más unidas permanezcan a Él, más cercanas estarán entre sí y más capaces serán de ayudar a los demás según el designio de Dios.
De este modo, la vida espiritual se convierte en el fundamento de la misión, alimentando una entrega generosa y una presencia cercana a las necesidades de las personas.
Una caridad que promueve la dignidad humana
León XIV dedicó también una atención especial a una dimensión esencial de la herencia carismática de santa Juana Antida Thouret: el cuidado integral de la persona, tanto en sus necesidades espirituales como materiales.
El Papa advirtió que la sociedad actual tiende a fragmentar al ser humano, separando a las personas entre sí y, de manera aún más grave, provocando divisiones en su interior. Frente a esta realidad, destacó la importancia de una caridad que abarque todas las dimensiones de la vida humana.
Este servicio resulta fundamental para recuperar, promover y respetar auténticamente la dignidad de cada persona, especialmente de los pobres y necesitados. En este sentido, el Santo Padre recordó la enseñanza de la exhortación apostólicaEvangelii gaudium, del papa Francisco, particularmente el número 186, e invitó a las religiosas a custodiar, cultivar y difundir este patrimonio espiritual mediante acciones concretas de solidaridad, acompañamiento y promoción humana.
La caridad, por tanto, no puede limitarse a una ayuda material puntual, sino que debe traducirse en una atención integral que reconozca a cada persona en su dignidad y en todas sus necesidades.
Un carisma vivo en 32 países
La audiencia tiene lugar durante el año en que se conmemora el bicentenario de la muerte de santa Juana Antida Thouret, fundadora de la Congregación. Esta celebración constituye una oportunidad para recordar con gratitud su legado y reconocer la acción de Dios a lo largo de la historia de la familia religiosa.
León XIV expresó su alegría al constatar cómo el Señor ha acompañado y bendecido el camino de las Hermanas de la Caridad, cuya presencia apostólica se extiende actualmente a 32 países. En estos lugares, el carisma de la caridad continúa vivo gracias al compromiso de religiosas, laicos, jóvenes, voluntarios y colaboradores de distintas edades y procedencias.
Esta amplia red de personas comprometidas con la misión testimonia la vitalidad de un carisma que, fiel a sus raíces evangélicas, sigue respondiendo a los desafíos y necesidades del mundo contemporáneo.
«Su trabajo es precioso a los ojos de Dios y de la Iglesia»
Al concluir su intervención, el Papa animó a las religiosas a continuar su servicio con generosidad, recordándoles el valor de la misión que realizan.
«Es precioso a los ojos de Dios y de la Iglesia», afirmó al referirse al trabajo de la Congregación, antes de agradecerles su entrega y encomendar su camino a la intercesión de la Virgen María y de santa Juana Antida Thouret.
Fuente: Vatican News






