Nuestra IglesiaVaticano

Una religiosa cuenta cómo vivió la beatificación de Juan Pablo I

La hermana Silvia Somaré ECJ detalla las vivencias de la ceremonia en una jornada que comenzó con lluvias y hacia el final cesó y "el cielo se abrió, amplio, como la sonrisa del ahora beato".

“Todos decían: ‘los ángeles lloran de alegría’. Juan Pablo I era beatificado y la lluvia dijo presente en Roma 10 minutos antes del comienzo de la misa”. Así inicia su crónica la hermana Silvia Somaré ECJ, del equipo de Prensa del obispado de La Rioja, quien desde Roma cuenta cómo vivió la ceremonia de beatificación del Papa de la sonrisa que presidió este domingo el Santo Padre Francisco.

“Muchos peregrinos venidos del norte de Italia, particularmente de Veneto, su tierra natal”, señaló, y destacó que el papa Francisco despertó aplausos al aparecer momentos antes del inicio de la celebración. 

“Muy emotivo el desvelamiento, el ruido del agua en los paraguas se unían al Aleluya y el aplauso de los fieles. La imagen destaca su inconfundible sonrisa y fue realizada por un artista chino. La reliquia presentada fue un escrito de Albino Luciani sobre las virtudes teologales enmarcados y sostenidos por una piedra de su tierra natal”, detalló. 

La religiosa siguió narrando “fueron presentadas por familiares, la hermana Margarita Marín (quien junto a otra, ya fallecida, lo halló muerto) y otros feligreses”.

En la homilía, subrayó, Francisco habló del seguimiento de Jesús. “La fascinación de la gente y el estilo discreto de Jesús. Seguirlo a Jesús no es formar parte de una corte triunfal, sino seguirlo en la cruz, tomar su carga y la de los demás, hacer de la vida un don. Para eso hay que aprender a amar mirando al crucificado. Así lo expresó Juan Pablo I: ‘somos objeto de parte de Dios de un amor que nunca decae’”, resumió la predicación del pontífice.

“Así vivió nuestro nuevo beato: con la alegría del Evangelio, amando hasta el extremo. Fue un pastor apacible y humilde. Con su sonrisa transmitió la bondad del señor. Roguemos a este padre y hermano nuestro que nos otorgue la sonrisa del alma. Que nos alcance lo que solía pedir: ‘Señor tómame como soy, con mis defectos y faltas, pero hazme como tú me deseas’”, agregó citando lo dicho por Francisco.

Hacia el final de la misa cesó la lluvia, el cielo se abrió, amplio como la sonrisa del ahora beato Juan Pablo I.

Publicado originalmente en AICA.

Deja un comentario

Botón volver arriba