
Desde la Catedral hasta la Plaza del Plebiscito, la ciudad napolitana se prepara para recibir a León XIV en el primer aniversario de su elección. Entre voluntarios, jóvenes, familias y «hermanos vulnerables», la capital de Campania confía al Pontífice su deseo de paz, redención y cercanía. Se esperan 25 mil personas para una visita que entrelaza la fe y el anhelo de futuro en el corazón del Mediterráneo.
Lorena Leonardi – Enviada a Nápoles
«Quiero regalarle al Papa un pan, una hogaza tan grande como la que usaba Jesús. Y si lo consigo, le pediré una bendición, mejor dicho, dos: una para mí y otra para mi hija, que tiene dos meses y se llama Luce». Raffaele tiene 37 años y desde hace un año regenta una rosticería frente a la catedral de Nápoles, donde se ultiman los preparativos para la visita pastoral de León XIV, en la tarde de hoy, 8 de mayo, primer aniversario de su elección al trono pontificio.
«Peace is power»
El helicóptero con el Pontífice a bordo aterrizará —procedente de Pompeya— en la Rotonda Díaz, uno de los puntos más pintorescos de la ciudad, con vista al Vesubio y al Castel dell’Ovo. En automóvil, el Papa se dirigirá a la catedral de Santa María de la Asunción, un edificio de culto que guarda una memoria antigua: aquí, durante la peste y la guerra, los ciudadanos se reunían para pedir salvación. Esta es la «casa» de San Genaro, donde cada uno lleva sus heridas y sus esperanzas, entre arte sublime y devoción popular. «Bienvenido, Papa León», reza la instalación realizada por el artista estadounidense Obey en la fachada: «Peace is power» se lee debajo del dibujo de una paloma, símbolo de la paz. Al margen, el versículo del Evangelio de Lucas «Caminaba con ellos», tema de la visita pastoral tomado del relato de los discípulos de Emaús.
Elquinto Papa en visita pastoral
En el interior de la catedral, las naves rebosan de sillas azules y pantallas apoyadas contra los antiguos pilares, a la espera de recibir la visita del quinto pontífice en la capital de Campania en la era moderna. Han pasado casi siete años desde que Francisco, en junio de 2019, participó en el congreso «La teología después de Veritatis Gaudium en el contexto del Mediterráneo» en la Pontificia Facultad Teológica de Italia Meridional. Bergoglio ya había visitado la capital de Campania en 2015, acercándose a los barrios marginales y a las cárceles e insistiendo en la corrupción, la exclusión, la explotación y la necesidad de una esperanza concreta. Pero los más mayores aún recuerdan la visita anterior de Benedicto XVI en 2007 y las tres ocasiones —en 1979, 1980 y 1990— en que la ciudad recibió la visita de Juan Pablo II.
El rostro de la acogida
Esa misma emoción es palpable también ahora: «Le mostraremos al Papa nuestro mejor rostro, el de la acogida», asegura Rossella Cuomo, joven responsable de la secretaría de la curia para la visita. «Lo esperamos de verdad con los brazos abiertos, a la espera de un mensaje contundente, especialmente por la paz, que sentimos que necesitamos para nuestro futuro», añade una de las cerca de 1500 voluntarias procedentes de múltiples asociaciones involucradas en el evento.
El bullicio se percibe especialmente en las calles entre el Duomo y la plaza del Plebiscito, las mismas que el Pontífice recorrerá hoy en automóvil para luego saludar a la comunidad de los padres Mínimos en la basílica de San Francisco de Paula y encontrarse con la ciudadanía en el lugar donde la sociedad civil vive los grandes momentos de su historia. Los periodistas —más de 400 profesionales de los medios acreditados— observan los carteles azules que cubren las paredes descascaradas, entre los letreros descoloridos de casas de apuestas y carnicerías halal, en el ir y venir de los callejones invadidos por los aromas de las cocinas de los locales a nivel del suelo.
Los pobres señalan el camino
En la plaza —preparada para acoger a 25 mil personas, entre ellas al menos 2 mil jóvenes— para dar la bienvenida al Papa «habrá dos tipos de autoridades», explica don Federico Battaglia, coordinador del Ámbito de Proximidad de la arquidiócesis, «las civiles, que representan a la ciudad, junto con aquellas que para la Iglesia son reconocidas por el Evangelio: los pobres, los migrantes, los reclusos, las personas con discapacidad, los huérfanos, las personas que están de luto, las que atraviesan dificultades, las mujeres víctimas de violencia, personas unidas por la dimensión de la redención, porque en el clamor de los pobres queremos reconocer la dirección de este camino». Para todos estos «hermanos frágiles» —añade el sacerdote— la presencia del Papa será un estímulo para «dar valor a su propia existencia confiando en Jesús, rompiendo el muro del aislamiento». Así se abrirán las «grietas» necesarias para destruir las barreras «con las que se intenta protegerse cuando las propias seguridades están en crisis». La expectativa, continúa don Battaglia, es que nazca un «puente» entre la Nápoles artística y cultural y la más sufriente que expresa, a través del malestar social y la violencia, sus propias fragilidades.
Una sola voz que canta
Los cantos del coro pastoral que acompañarán la visita del Papa en la «plaza grande» estarán dirigidos por el maestro Carlo Morelli y son una metáfora de los vínculos de estilo sinodal que encuentran su plenitud en la reunión de jóvenes procedentes de diferentes parroquias, «cada uno con su historia, pero todos juntos para cantar el amor de Dios por un pueblo —destaca el sacerdote— que intenta concretar su presencia en el mundo a través de gestos de solidaridad de los que Nápoles está llena, desde su historia». En un lugar que siempre ha sido de paz, diálogo y encuentro, pero donde no faltan las heridas, la pobreza y la vulnerabilidad, la referencia es al hospital de los Incurables, a la rueda de los expuestos de la Annunziata, así como a las archicofradías, una tradición histórica de caridad que no deja de innovarse en busca de «nuevas fórmulas para interceptar y emancipar la vida de los más desfavorecidos».
La cercanía no se construye en solitario
Y es colectiva la voz con la que Nápoles está acostumbrada a hablar, apasionada y desenfadada, a pesar de las fatigas cotidianas y las dificultades ramificadas, el abandono escolar precoz y la alta tasa de desempleo. Al elevado riesgo de marginación y desviación, agravado por la falta de servicios educativos y espacios de encuentro, le hace de contrapunto el papel estratégico que desempeñan la escuela y el asociacionismo, especialmente católico.
Emiliana Marrone, médica napolitana que espera con gran expectación la llegada del Pontífice, estará en la plaza con sus tres hijos y con muchos universitarios del movimiento de Comunión y Liberación: en las largas jornadas en el hospital «sería bonito que el rostro de Jesús estuviera cada vez más presente», reflexiona, confiando en que piensa a menudo en el «buen samaritano» y en la «cercanía» con los colegas, los enfermos, las familias, que «no se realiza solo, sino juntos».
Entre efervescencia y proyectos
Mientras los turistas van y vienen en busca de postales y lugares más o menos comunes, el encuentro con León XIV será para la ciudad napolitana «una oportunidad para relanzar e intensificar el compromiso con la justicia, la acogida y la promoción de la paz, valores que —cuenta don Francesco Maria Cerqua, rector del Seminario Arzobispal— siempre la han caracterizado, dejando de lado cualquier actitud de resignación y venciendo de manera definitiva esas espirales de violencia y criminalidad que, lamentablemente, aún están presentes».
«Aquí vivimos todo con el corazón, desde lo más profundo», destaca, «queremos mucho al Papa León y estamos felices de vivir estas horas con la conciencia de que algo grande y positivo para la Iglesia y para la ciudad está sucediendo: su presencia y sus palabras serán un faro que ilumina el resto del camino, un estímulo para hacerlo mejor, una invitación a recorrer los caminos del Evangelio de manera más auténtica». En un momento de «fermento y proyectos» —añade el sacerdote refiriéndose a la reciente reorganización de la diócesis con las Orientaciones pastorales fruto del camino sinodal vivido en los últimos años— «la presencia entre nosotros del Santo Padre, además de constituir una confirmación, es sin duda un incentivo para continuar con aún mayor celo y responsabilidad, con pasión y entusiasmo cada vez mayores».
Arder en el amor de Dios
Desde 2022 al frente del Seminario, que actualmente acoge a 50 futuros sacerdotes, don Cerqua espera un impulso en el ámbito vocacional. «En los últimos años se ha producido una disminución de todas las vocaciones: al sacerdocio, a la vida consagrada, al matrimonio; los jóvenes parecen tener miedo a los compromisos duraderos, el “para siempre” asusta y, por lo tanto, también la respuesta tiende a ser sofocada. La voz tranquilizadora del Santo Padre animará a los corazones a arder en el amor de Dios».
La música, instrumento depaz
Las dificultades de una ciudad dominada por los contrastes típicos del sur de Italia no bastan para apagar el buen humor de quienes, a pesar de todo, se levantan cada mañana y, al contemplar el mar, esperan un día más luminoso. Con «inmensa alegría» se prepara para la cita de hoy Fabrizio Lobasso, funcionario diplomático apasionado por la música desde su juventud y autor de «Amando», una de las canciones del programa de la tarde en la Plaza del Plebiscito. «Como napolitano orgulloso de serlo, me alegra que León XIV celebre su primer año de pontificado con nosotros, marcando un momento de renacimiento para la ciudad, que se verá invadida por el entusiasmo relacionado con su presencia».
La canción, guardada en un cajón durante años, es una oración sobre el poder del amor incondicional de Dios por cada hombre. Lobasso, quien por motivos de trabajo ha vivido en muchos países tejiendo relaciones, estableciendo diálogos y sentando las bases para la convivencia pacífica entre los pueblos, se ha enfrentado a lo largo de los años a diferentes culturas, experimentando siempre el papel unificador de la música. Y Nápoles, la ciudad que canta, con sus colores vivos y sus aromas intensos, sigue siendo «la parte más bella del alma del mundo».
Fuente: Vatican News






