Vaticano

El Papa en el Santuario de Pompeya: “El Rosario devuelve continuamente nuestra vida a Jesús”

En el primer aniversario de su elección, el Papa León XIV celebra la Santa Misa en Pompeya y destaca el Santo Rosario como oración que conduce a Jesús. Recuerda además que su elección coincidió con la Súplica a la Virgen y vincula su nombre con León XIII, gran impulsor de esta devoción. Destaca su llamamiento por la paz mundial.

Mireia Bonilla – Ciudad del Vaticano

El Papa León XIV ha presidido este jueves una solemne celebración eucarística en la Plaza del Santuario de la Virgen del Rosario de Pompeya, uno de los lugares marianos más significativos de Italia. Ante miles de fieles, el Pontífice ha encomendado su ministerio petrino a la protección de la Virgen: “Exactamente hace un año, cuando me fue confiado el ministerio de Sucesor de Pedro, era precisamente el día de la Súplica a la Virgen del Santo Rosario de Pompeya. Por eso debía venir aquí, para poner mi servicio bajo la protección de la Virgen Santa”.Además, ha destacado el vínculo entre el nombre pontificio que eligió y León XIII, Papa que impulsó ampliamente la devoción al Rosario a través de “un amplio Magisterio”.

El Ave María es un acto de amor

El Papa después ha querido reflexionar sobre la oración del Ave María, que la ha definido como “una invitación a la alegría” y ha explicado que el Rosario constituye un camino privilegiado para contemplar a Cristo con la mirada de María:“La repetición de esta oración es como el eco del saludo del ángel Gabriel, un eco que atraviesa los siglos y conduce al creyente hacia Jesús, visto con los ojos y el corazón de la Madre”, ha explicado.

El Papa después define el Ave María – la oración que se encuentra entre el Padre Nuestro y el Gloria y que se repite en el Santo Rosario – como un acto de amor: “¿No es propio del amor repetir sin cansarse: “Te quiero”? Un acto de amor que, sobre las cuentas de la corona, como bien se ve en la imagen mariana de este Santuario, nos hace remontarnos a Jesús y nos conduce a la Eucaristía, «fuente y culmen de toda la vida cristiana»”.

En su reflexión, León XIV también ha insistido en la dimensión profundamente cristológica y eucarística del Rosario, afirmando que esta oración popular “marca el ritmo de nuestra vida”:“Si la Liturgia de las Horas marca los tiempos de la alabanza de la Iglesia, el Rosario marca el ritmo de nuestra vida, devolviéndola continuamente a Jesús y a la Eucaristía”.

El Rosario es una oración sencilla pero profunda

“¿Qué hay más esencial que los misterios de Cristo, que su santo Nombre pronunciado con la ternura de la Virgen Madre?”. El Papa además ha recordado que generaciones enteras de creyentes“han encontrado en el Rosario una escuela sencilla y profunda de fe, capaz de custodiar tanto la espiritualidad popular como las expresiones más elevadas de la mística cristiana”y ha insistido en que el Rosario es “rezado”, “celebrado” y consecuencia natural, fuente de caridad:“Caridad hacia Dios, caridad hacia el prójimo: dos caras de la misma moneda”.

San Bartolo Longo: apóstol del Rosario y de la caridad en Pompeya

El Papa ha dedicado también una parte importante de su homilía a la figura de san Bartolo Longo, recientemente canonizado, destacando que su devoción mariana estuvo siempre inseparablemente unida a la caridad concreta hacia los más pobres.“Fue apóstol del Rosario y apóstol de la caridad”,ha afirmado, recordando la labor realizada en Pompeya en favor de huérfanos, hijos de presos y personas vulnerables:“En esta Ciudad mariana acogió a huérfanos e hijos de presos, mostrando la fuerza regeneradora del amor. También hoy aquí los más pequeños y los más débiles son acogidos y cuidados en las Obras del Santuario”.

Llamamiento por la paz mundial: “La paz nace dentro del corazón”

Antes de concluir su homilía, desde este Santuario mariano cuya fachada san Bartolo Longo concibió como un monumento a la paz, el Papa ha elevado con fe una Súplica por la paz mundial:“Las guerras que todavía se combaten en muchas regiones del mundo exigen un compromiso renovado no solo económico y político, sino también espiritual y religioso. La paz nace dentro del corazón. No podemos resignarnos a las imágenes de muerte que cada día nos presentan las noticias”.

En la conclusión de su homilía, el Santo Padre ha invitado a los fieles a renovar su confianza en Cristo:“Ninguna potencia terrena salvará al mundo, sino solo la potencia divina del amor, que Jesús nos ha revelado y donado”.

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