Vaticano

El Papa en la Unesco: la vida es un don, no una mercancía

Segunda etapa del viaje de León XIV a París, en la sede del organismo de la ONU para la educación, la ciencia y la cultura. El Pontífice denuncia las formas de despotismo o barbarie de esta época, así como la «deshumanización» de la persona y la humanización de las máquinas.

Salvatore Cernuzio – París

León XIV se presenta como «testigo de la paz» en la sede de la Unesco en París, templo laico en el que «los idiomas y las culturas se encuentran» para contribuir a la paz a través de la educación, las ciencias y la cultura. Es la segunda etapa de su viaje a Francia; la primera visita de un Pontífice en el nuevo milenio tras la última y única de Juan Pablo II, el 2 de junio de 1980. Cuarenta y seis años y un mundo sacudido por desequilibrios, la pobreza, formas de despotismo o de barbarie que «fomentan rivalidades y conflictos», una «deshumanización» de la persona y la humanización dejada, en cambio, a la «inteligencia» de las máquinas y los ordenadores. Por ello, el Papa, en un discurso monumental —el único en inglés del viaje—, relanza el proyecto de «construir juntos un mundo justo», como «un espacio acogedor para todos y fecundo para cada uno, para que cada pueblo pueda crecer en paz».

El recuerdo de Juan Pablo II y una exposición de arte

Entre los que escuchan el mensaje del Papa se encuentran representantes de los Estados miembros y de las organizaciones internacionales, del mundo académico y de la sociedad civil, que esperan la llegada del Papa con una serie de vídeos que recuerdan, entre otras cosas, la visita de Wojtyla. Afuera, grupos de jóvenes con pancartas y banderas que gritan educadamente al paso del Pontífice. En el escenario se encuentra el director general Khaled El-Enany, con quien se celebra una reunión bilateral en la Biblioteca. A la salida, en la Plaza de la Tolerancia —con la Torre Eiffel recortándose contra el horizonte—, el Papa riega un olivo. Saludos, foto oficial, la firma del Libro de Honor («Espero que, con la ayuda de Dios, la Unesco siga promoviendo de manera tan valiosa la cooperación internacional en los ámbitos de la educación, la ciencia y la cultura», reza la dedicatoria); luego, León hace su entrada en la Sala I, tras atravesar laSalle des pas perdus, donde se han expuesto con motivo de la ocasión obras de arte de los grupos regionales de la UNESCO.

La verdadera paz

El-Enany pronuncia unas palabras de bienvenida y entrega al Papa elLibro de la Paz. «Paz» es la palabra que aparece unas 20 veces en el discurso de León XIV. La paz que, subraya, «no puede construirse solo con tratados, ni mediante compromisos entre fuerzas opuestas».

La paz es verdadera cuando brota de la virtud de la justicia más que de un mero contrato, de una voluntad recta más que de un equilibrio inestable de intereses. De hecho, solo una voluntad recta puede reconocer en el otro a un hermano o una hermana, a una persona como uno mismo

Todos hijos, todos pobres por nacimiento

Somos hermanos y hermanas porque somos, ante todo, «hijos», aclara el Papa. Ser humano significa «ser hijo»: «Ninguno de nosotros ha elegido serlo. Nadie ha decidido de quién, ni cuándo, ni dónde nacer. Esta evidencia pone de relieve un hecho no solo biológico, sino ético: como hijos, todos somos hermanos y hermanas. Nuestra humanidad es, desde el primer momento, un don y una prueba, una promesa y una responsabilidad». En segundo lugar, «todos nacemos desnudos y necesitados», todos «somos pobres por nacimiento», «indigentes de pan y de palabra, de cuidados y de afecto», señala el Papa. De adultos corremos el riesgo de olvidarlo y «son precisamente los necesitados quienes sufren las consecuencias de esta amnesia, cada vez que su humanidad es traicionada o descartada, explotada o engañada».

El olvido de nuestro nacimiento oscurece la idea de la vida humana, porque la separa de la historia común a todos nosotros. Entonces, la vida ya no se concibe como un don, sino como una mercancía. Ya no se ve como una llamada al cuidado y a la responsabilidad, sino como un producto que hay que explotar

La libertad…

Esta dramática alternativa nos recuerda que «ser humano significa ser libre por naturaleza». Y la «libertad» que Dios ha donado a una humanidad «magnífica», es decir, «llena de potencial, aunque marcada por muchos males e injusticias», puede resplandecer en su belleza o verse desfigurada. «Es bella cuando se orienta hacia el bien y la verdad; queda desfigurada cuando se desliza hacia el arbitrario, la violencia y la sed de poder». Mediante su compromiso, el hombre «puede cultivar o desfigurar la tierra, producir arte o destruir».

…y la guerra, la más terrible de las obras humanas

En este momento concreto, «la más terrible de las obras humanas es la guerra; pues en ella la propia ciencia se pone al servicio de una voluntad inhumana de destruir y matar», denuncia el Papa León XIV. Así lo afirma también elPreámbulode la Constitución de la UNESCO, redactado tras la Segunda Guerra Mundial.Puesto que las guerras nacen en la mente de los hombres, es en la mente de los hombres donde deben erigirse los baluartes de la paz

Rivalidades y conflictos

«La humanidad —añade el Papa León— había comprendido que el progreso científico, cuando se separa de la sabiduría, puede transformarse en un arma devastadora; que la cultura, cuando se somete a la ideología, puede convertirse en mentira y propaganda; que la educación, cuando renuncia a la verdad, se degrada a mero instrumento para manipular las conciencias». Hoy, en particular, el principio mismo de la paz se ve minado por las rivalidades y los conflictos. Pero también por los retos del mundo científico y educativo, ante todo el de las nuevas tecnologías, ámbito en el que León pide «esfuerzos» para que «sigan estando al servicio de la persona humana, en lugar de convertirse en un instrumento más de dominio e injusticia».

La inteligencia de las máquinas

La atención se centra en la inteligencia artificial, tema central de la encíclicaMagnifica humanitats: «A algunos “sistemas artificiales se les ha atribuido incluso el nombre de nuestra facultad humana de pensar: inteligencia”», observa. «Al mismo tiempo, sin embargo, nuestras ideas y relaciones corren el riesgo de empobrecerse por un proceso de deshumanización».

Mientras que se atribuye «inteligencia» a los sistemas informáticos, nos cuesta reconocer la dignidad inalienable de las personas, cuyas vidas se evalúan según el criterio de la eficiencia y, cuando se considera que ya no son productivas, se rechazan y se descartan

Es una realidad «dolorosa» que invita a reflexionar «tanto sobre la fragilidad de nuestra naturaleza humana como sobre la inmensa dignidad de cada persona». Esa dignidad —subraya el Obispo de Roma— «no es destruida por la enfermedad o el dolor, ni depende de las prestaciones de las que una persona es capaz»; al contrario, «requiere un cuidado amoroso en cada etapa de la vida».

¿La Torre de Babel o la plaza de Pentecostés?

De las palabras del Sucesor de Pedro surgen dos imágenes bíblicas: la torre de Babel y la plaza de Pentecostés. La primera representa «una unidad impuesta a través del dominio»; la segunda, la unidad que no anula las diferencias, sino que, por el contrario, las valora. La torre de Babel «revela que cuanto más oprime el poder, más se debilita, mostrando su rostro inhumano», explica el papa León. Esto se ve «en los sufrimientos y las injusticias que causa el despotismo», así como «en la explotación que hiere a la sociedad y al medio ambiente».

Hoy, la tentación de Babel se presenta de nuevo en una globalización perseguida sin fraternidad, en el colonialismo financiero ávido, en las imposiciones ideológicas, en todos esos contactos sin vínculos que reducen la vida humana al comercio. La propia ciencia, cuando se reduce a una técnica de poder, ya no sirve para elevar a la persona humana, sino que, por el contrario, corre el riesgo de degradar los frutos del esfuerzo

Aislamiento, noticias falsas, miseria espiritual

Aquí también hay una paradoja: herramientas capaces de conectar instantáneamente a personas y continentes, pero que crean «nuevas formas de aislamiento, miseria material y espiritual, abandono»; una comunicación mucho más rápida, pero «no necesariamente más veraz»; información abundante, pero «noticias falsas» y «palabras sin sentido» que se multiplican.

La IA acentúa el problema: sistemas «capaces de correlacionar datos», pero no de «responder a las preguntas sobre el sentido de la existencia humana». Sin embargo, los seres humanos no pueden vivir sin sentido, «el oxígeno de la mente», asegura el Pontífice. Por eso, «los retos comunicativos, que son siempre retos educativos, plantean la cuestión de la verdad como tema de justicia social y de equidad histórica». Por eso la educación es «esencial», según León XIV, quien apoya el programa de la UNESCO deAlfabetización mediática e informacional.

La justicia tratada como mercancía

«Sin la verdad, el lenguaje acaba sometiéndose a la lógica de la violencia y a la voluntad arbitraria de los poderosos. Así, se excluye a los demás en nombre del beneficio, y se mata a los inocentes en nombre de la libertad», advierte el Papa.

En lugar de respetar la ley, quienes detentan el poder la invocan cuando les conviene y la ignoran cuando les limita, llegando incluso a tratar la justicia como una mercancía que se compra y se vende. Si reconocemos que la corrupción de la ley parte de la corrupción del corazón, podemos comprender que cualquier ciencia corre el riesgo de perder sentido si se lleva a cabo sin ética, dejando así de servir y reflejar la dignidad humana

Proteger a los niños y a los jóvenes

La recomendación del Papa, ante un escenario así, es proteger a los niños y a los jóvenes para que, en la era digital, su vulnerabilidad no se convierta nunca en «una ocasión de explotación». Por el contrario, las tecnologías deben apoyar su crecimiento, su formación, sus relaciones, su libertad de pensamiento y su discernimiento.

León introduce así la otra imagen de la Plaza de Pentecostés, desde donde se eleva «un mensaje de paz», es decir, «la victoria de la vida sobre la muerte, la salvación que da esperanza al mundo». Pentecostés es la manifestación de que «la comunión no impide en absoluto la diversidad», de que la unidad «no anula las diferencias, sino que valora la historia personal de cada uno y la cultura social y religiosa de cada pueblo». «Quien trabaja en el ámbito de la educación sabe que solo la verdad nos hace libres», insiste el Sumo Pontífice. «Quien enseña y quien investiga sabe que el error nos convierte en esclavos de la ignorancia y la superstición».

Hay una sola tierra para todos y una única naturaleza humana común. No se puede comprender al ser humano separando lo que pertenece a un todo: cuerpo y alma, vida personal y relaciones, nuestra relación con los demás y con el medio ambiente

Cuidar de las personas y de la Creación

A este respecto, León XIV, siguiendo los pasos de sus predecesores —Benedicto XVI, que habló de «ecología de la persona humana», y Francisco, de «ecología integral»—, renueva la invitación a «cuidar juntos de la persona humana y de la Creación». Porque «cultivar la tierra implica cultivar a la humanidad que la habita».

La piedra de toque es el cuidado de los más pequeños y los pobres: «Los niños en el seno materno y en los distintos escenarios de guerra, las personas con discapacidad física e intelectual, las personas mayores, los migrantes y los refugiados, y todos aquellos a quienes la soberbia excluye por considerarlos improductivos». «Son ellos —afirma el Papa— el banco de pruebas de nuestras afirmaciones sobre el respeto a la dignidad humana, cuya protección y promoción se extienden también a la creación». En el extremo opuesto se encuentra «una voluntad de explotación y saqueo, que pretende exprimir al máximo a cada ser vivo, consumiendo sin custodiar y destruyendo sin cultivar».La actual crisis ecológica es una crisis antropológica

La crisis de eficiencia de las instituciones

«El hábitat»de la persona humana es la sociedad: «En la paz social, los pueblos prosperan según la justicia», señala además el Pontífice. La UNESCO tiene en la «paciente labor de construcción de la paz» una de sus más altas misiones educativas y científicas, sobre todo en una época en la que «el mundo mira a las instituciones internacionales con sentimientos contradictorios». Las instituciones experimentan, de hecho, «una crisis de eficacia, sobre todo cuando el diálogo se considera un freno a la acción en lugar de un recurso para la paz, como una forma de hipocresía en lugar de una oportunidad para buscar juntos el bien». Para el Papa se trata de «desviaciones»; el antídoto es la «confianza». Confianza en que «las diferencias no constituyan necesariamente una amenaza»; confianza en que «el diálogo sincero pueda generar un bien mayor que el que cada uno podría construir por sí mismo».

Hacer florecer la paz

«Que la Unesco sea testigo de esta esperanza fomentando el entendimiento entre las naciones, a través del diálogo entre las respectivas culturas», concluye el papa León. Su deseo es que «la educación sea el instrumento para superar los miedos recíprocos» y que «la ciencia pueda estar al servicio de la vida de cada ser humano, sembrando en el presente la buena cosecha del futuro».

Si todos nos dedicamos con coherencia a nuestra magnífica humanidad, la paz podrá finalmente florecer

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