
La Iglesia Católica cuenta desde este 24 de septiembre con un nuevo beato: Fulton J. Sheen, arzobispo estadounidense reconocido por su incansable tarea evangelizadora a través de la radio, la televisión y la palabra escrita.
La celebración de beatificación tuvo lugar en St. Louis, Missouri, y fue presidida por el cardenal Luis Antonio Tagle, prefecto del Dicasterio para la Evangelización, en representación del papa León XIV. El Pontífice había destacado previamente a Sheen como un ejemplo para quienes buscan nuevos caminos para anunciar el Evangelio a través de los medios.
Un comunicador que llevó el Evangelio a millones
Fulton Sheen nació el 8 de mayo de 1895 en El Paso, Illinois. Fue sacerdote, obispo, teólogo, escritor y uno de los grandes comunicadores católicos del siglo XX.
Su apostolado en los medios comenzó en la radio. Desde 1930 participó en The Catholic Hour, un programa que llegó a alcanzar unos cuatro millones de oyentes.
Pero fue especialmente a través de la televisión donde su figura se hizo conocida en millones de hogares. En 1951 comenzó a conducir Life Is Worth Living, un programa en el que abordaba cuestiones de fe, sufrimiento, familia, dignidad humana y vida cotidiana con un lenguaje claro, cercano y accesible. El programa llegó a reunir audiencias estimadas en unos 30 millones de personas.
Su capacidad para comunicar no se limitaba a la técnica o a su presencia frente a las cámaras. Detrás de su actividad pública había una profunda vida espiritual. Durante décadas mantuvo diariamente una hora santa ante el Santísimo Sacramento, convencido de que antes de hablar de Dios era necesario encontrarse con Él en la oración.
Comunicar no es solamente transmitir un mensaje
Durante la Misa de beatificación, el cardenal Tagle invitó a mirar más allá de la popularidad alcanzada por Sheen.
La pregunta, explicó, no debería ser cuántas personas escucharon al evangelizador, sino qué hacía de él un verdadero evangelizador.
La respuesta estaba en su comunión con Cristo y en su cercanía con las personas, especialmente con los pobres y vulnerables. Tagle recordó también que Sheen entendía su tarea no como una conquista personal, sino como la de alguien que simplemente abre la puerta para que otros puedan encontrarse con Dios.
Ese aspecto de su vida constituye una enseñanza especialmente actual para la comunicación de la Iglesia.
Hoy las herramientas cambiaron. A la radio y la televisión se sumaron las páginas web, las redes sociales, los teléfonos celulares, los videos, los podcasts y las transmisiones en vivo. Sin embargo, la misión permanece: comunicar para acercar a las personas a Jesucristo.
El testimonio de Sheen recuerda que la comunicación evangelizadora no consiste solamente en producir contenidos, sino en generar caminos de encuentro.
Un beato que acompaña la misión de los comunicadores
La beatificación de Fulton Sheen tiene, por eso, una resonancia especial para quienes trabajan cotidianamente en la comunicación de la Iglesia.
En nuestra Diócesis de San Rafael, la Productora San Gabriel lleva adelante un servicio pastoral que busca anunciar, informar, acompañar y acercar la vida de la Iglesia a la comunidad a través de los distintos medios de comunicación.
En este nuevo tiempo, el testimonio del Beato Fulton Sheen puede convertirse también en una inspiración para continuar creciendo en una comunicación cercana, humana y misionera; una comunicación que no pierda de vista que detrás de cada pantalla hay una persona, con sus preguntas, sus dolores, sus esperanzas y su deseo de encontrar sentido.
Como señaló recientemente el obispo de Peoria, Mons. Louis Tylka, al reflexionar sobre el legado de Sheen, la tarea de la evangelización no consiste simplemente en generar más contenido en un mundo lleno de información, sino en ayudar a las personas a encontrarse con Cristo.
En este día en que la Iglesia celebra al nuevo Beato, podemos unirnos también en oración por todos aquellos que tienen la misión de comunicar el Evangelio.
Que su ejemplo ayude a comprender que cada noticia, cada fotografía, cada transmisión, cada entrevista, cada publicación y cada palabra pueden convertirse en una oportunidad para sembrar esperanza y acercar a alguien a Dios.
Un camino que continúa
Fulton Sheen murió el 9 de diciembre de 1979, pero su voz continúa llegando a nuevas generaciones a través de los medios digitales. La tecnología cambió, pero el corazón humano sigue teniendo las mismas preguntas profundas sobre el amor, el sufrimiento, la felicidad, la verdad y Dios.
Por eso, su beatificación no mira solamente al pasado. También interpela al presente y anima a quienes hoy tienen en sus manos nuevas herramientas de comunicación a ponerlas al servicio de una Iglesia que sale al encuentro de las personas.
Que el Beato Fulton Sheen acompañe este camino y ayude a todos los comunicadores de nuestra Iglesia a recordar que la verdadera meta de toda comunicación evangelizadora no es hablar más, sino ayudar a que otros puedan encontrarse con Cristo.
