Sociedad

“Todos los enfermos deben ser cuidados y acompañados para que sea respetada su vida hasta la muerte natural”

Ante el anuncio de proyectos de ley de eutanasia promovidos en el Congreso de la Nación, la Comisión Episcopal para la Vida, los Laicos y la Familia (Cevilaf) propone una reflexión sobre el cuidado de la vida, “cada uno desde su lugar de compromiso y testimonio creyente”.

Texto del comunicado
Ante el anuncio de distintos proyectos de ley de Eutanasia promovidos en ambas cámaras del Congreso de la Nación, desde la Comisión Episcopal para la Vida, los Laicos y la Familia queremos proponer una reflexión, ya que el Evangelio nos compromete a no ser indiferentes ante discusiones sobre el inicio y el fin de la vida.

Aún en los casos de enfermedades que no tienen cura, todos los enfermos deben ser cuidados y acompañados para que sea respetada su vida hasta la muerte natural. No somos los dueños de la vida y por eso nos ponemos a su servicio. En toda circunstancia se debe poner su valor por encima de todo y es una obligación el cuidado de las personas en todas sus etapas, especialmente en la vulnerabilidad. Como nos enseña el papa Francisco: “La Eutanasia y el suicidio asistido son una derrota para todos. La respuesta a la que estamos llamados es no abandonar nunca a los que sufren, no rendirse nunca, sino cuidar y amar para dar esperanza”

Se deben valorar los cuidados paliativos e integrales, que alivian el dolor en la enfermedad grave y ayudan al que sufre y da mucho fruto en la persona humana y en su familia. Es fundamental acompañar la angustia del que sufre, su dolor físico y espiritual. Lo propio de la medicina es curar, pero también aliviar y humanizar el proceso de la muerte. Quitar la vida no es una vía para aliviar el sufrimiento. El cuidado de la vida y la propuesta de servirla en todo momento es nuestra misión, cada uno desde su lugar de compromiso y testimonio creyente. 

Estamos frente a una nueva manifestación de la cultura de la muerte y del descarte y al mismo tiempo, ante un pueblo que todos los días reclama por el cuidado de su vida y de necesidades tan importantes como la salud, el trabajo, el techo y la tierra. Aunque una sociedad no pueda eliminar el sufrimiento, siempre puede comprometerse con todas sus energías con la vida de los que sufren. Nuestro pueblo argentino tiene una riquísima historia haciéndolo, tanto desde el campo de la solidaridad como desde la Medicina misma. No dejamos a nadie solo, y hemos desarrollado múltiples alternativas estos años para acompañar los dolores físicos y espirituales con ciencia y humanidad. En los Hospices y en los Cottolengos, vemos un gran ejemplo de esto. 

Una vez más, y con el mismo compromiso de siempre decimos: Vale Toda Vida. Venimos de una pandemia donde hemos visto y vemos al personal de salud ponerse al hombro los dolores y sufrimientos de tantos hombres y mujeres enfermos y moribundos. Los hemos escuchado llorar ante la pérdida de una vida para la cual se prodigaron infatigablemente. 

Por respeto a la vida que nos viene de Dios y de la que no somos dueños, por consideración a tantas personas que se han comprometido con el cuidado de la vida como personal sanitario, por respeto a los que no están y murieron en estos años, pedimos a Dios que en nuestra querida Patria no se dé lugar a leyes que dejen al costado del camino y excluyan de la mesa de la vida a los que más sufren.

 

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