
En la tradicional procesión de las antorchas, y el rezo del Rosario el papa León XIV invitó a los peregrinos, y especialmente a los enfermos, a caminar con María bajo la luz de una esperanza que no se apaga. Ante miles de fieles llegados de Francia y de todo el mundo, destacó a la Virgen como «Estrella del mar» que acompaña en las dificultades y conduce hacia Cristo, animando a todos a confiarle sus sufrimientos, intenciones y esperanzas.
Patricia Ynestroza – Ciudad del Vaticano
Última cita del Papa León XIV en Lourdes. Esta noche presidió la tradicional procesión de las antorchas en Lourdes, uno de los momentos más significativos de la peregrinación al santuario mariano. Ante miles de peregrinos y enfermos llegados de Francia y de distintos lugares del mundo, el Pontífice invitó a caminar junto a María con una fe sencilla y confiada, recordando la petición que la Virgen dirigió a santa Bernardita: «Que se venga aquí en procesión».
La esperanza cristiana
Para León XIV, la luz de las antorchas representa la esperanza cristiana, una esperanza que permanece incluso cuando la vida está marcada por el sufrimiento, la enfermedad o las dificultades. De manera especial, se dirigió a los enfermos, a quienes presentó como testigos privilegiados de la fuerza de la fe y del amor. Citando a Pío XII, recordó que Lourdes ofrece el sorprendente testimonio de personas que, aun llevando consigo grandes sufrimientos, son capaces de transmitir serenidad, paz y alegría.
“Y si tal milagro es posible —el de suscitar serenidad y alegría en medio de la prueba—, es porque Dios nos concede la gracia de dirigir nuestra mirada hacia un futuro más lejano, más allá de nuestro horizonte terrenal, un futuro de felicidad infinita en Dios, que estamos seguros de alcanzar si nos mantenemos firmes en la fe y la caridad.”
En este sentido, recordó las palabras de san Pablo: «Los sufrimientos de ahora no se pueden comparar con la gloria que un día se nos manifestará» (Rm 8,18). Para León XIV, esta perspectiva no significa ignorar el dolor, sino vivirlo desde una esperanza que permite perseverar y continuar el camino. María aparece así como la mujer que precede a los creyentes y les enseña a mantener encendida la luz de la esperanza.
¡Yo soy la Inmaculada Concepción!
León XIV recordó las palabras con las que María se presentó a santa Bernardita: «Yo soy la Inmaculada Concepción».
“Es precisamente así, como María se presentó en este mismo lugar, con gran humildad, pero agradecida a Dios por el privilegio absolutamente único del que Ella gozó y que representa para nosotros la aurora de la salvación.”
Por los méritos de su Pasión y su Resurrección, afirmó, Jesús quiso preservar a su Madre de toda mancha del pecado original; hizo de Ella una nueva Eva sobre la que el demonio jamás tendrá poder alguno, y a partir de la cual, todo vuelve a empezar, todo vuelve a ser posible, tanto para el mundo como para cada uno de nosotros.
María, Estrella del mar que nos socorre
El Pontífice recurrió también a la antigua imagen de María como «Estrella del mar» (Stella maris), tomada de san Bernardo. Como una estrella que orienta al navegante en medio de la oscuridad, María acompaña a quienes atraviesan momentos de incertidumbre y tribulación. León XIV destacó así su intercesión y su cercanía maternal, invitando a los peregrinos a no perder de vista a aquella que puede conducirlos hacia Cristo cuando el camino se vuelve difícil.
Al concluir, el Papa invitó a todos los peregrinos a confiar a Nuestra Señora sus intenciones personales y las necesidades del mundo. Ante la imagen de María, gloriosa y poderosa, pero al mismo tiempo humilde y cercana, animó a presentar con confianza aquello que cada persona lleva en el corazón.
“Oh Virgen Inmaculada, haz que la luz que llevamos esta noche en nuestras manos no se apague jamás en nuestras vidas, sino que ilumine el futuro, abriéndonos, desde ahora, a las promesas de la vida eterna.”
Fuente: Vatican News






