
Monseñor José Domingo Ulloa, presidente de la Conferencia Episcopal Panameña (CEP) destaca el llamado del Papa al diálogo, la solidaridad y el acompañamiento a los más necesitados, afirmó que el Papa abordó el tema de los migrantes y envió sus oraciones a las zonas afectadas por el terremoto.
Patricia Ynestroza – Ciudad del Vaticano
La construcción de puentes de diálogo, el acompañamiento a las personas más vulnerables y el fortalecimiento de la confianza en Dios fueron algunos de los principales mensajes que el Santo Padre transmitió a los obispos panameños durante su encuentro en el marco de la visitaad limina apostolorum.
Monseñor José Domingo Ulloa, presidente de la Conferencia Episcopal Panameña (CEP), en entrevista con Vatican News, calificó el encuentro con el Santo Padre como una «experiencia maravillosa» y destacó la oportunidad de manifestar al Papa el cariño y las oraciones de la Iglesia en Panamá, especialmente después de las inquietudes surgidas durante la semana por su estado de salud.
Según explicó, el Pontífice aprovechó la presencia de los obispos para insistir en la misión que les corresponde desempeñar en la realidad panameña: ser constructores de puentes, promover el diálogo y permanecer cerca de quienes más necesitan apoyo.
El Santo Padre también expresó su solidaridad con las comunidades afectadas por el terremoto que ha golpeado al país y pidió hacer llegar a la población, especialmente a las regiones más perjudicadas, el mensaje de su oración y cercanía. Asimismo, agradeció la respuesta solidaria del pueblo panameño y el trabajo de la pastoral social y de Cáritas en favor de las personas afectadas.
Durante el encuentro con el Papa, los obispos también compartieron su compromiso con el cuidado de la creación. Monseñor Ulloa explicó que la Iglesia panameña se ha unido a las iniciativas de otras comunidades cristianas para celebrar el Día de la Creación mediante la Eucaristía y diversas actividades de sensibilización sobre la responsabilidad de salvaguardar la casa común.
La Iglesia, una red de solidaridad ante la emergencia
Ante los daños materiales ocasionados por el terremoto, las estructuras eclesiales de Panamá han puesto sus recursos y capacidades al servicio de las comunidades, a través de las pastorales sociales y de las Cáritas diocesanas.
Monseñor Ulloa resaltó que numerosas personas, benefactores anónimos y empresas han decidido canalizar sus donaciones mediante esta red de solidaridad presente en todo el país. Esta respuesta, señaló, demuestra la importancia de la Iglesia para llegar a quienes necesitan ayuda y acompañar a las comunidades en momentos difíciles.
Una visita ad limina que fortalece la comunión eclesial
Al hacer balance de las reuniones celebradas durante la semana con los distintos dicasterios de la Santa Sede, el presidente de la CEP destacó la disponibilidad encontrada para acompañar las necesidades de las Iglesias particulares.
La visita permitió a los obispos profundizar en la dimensión universal de la misión eclesial y reconocer que el trabajo pastoral desarrollado en Panamá forma parte de una tarea compartida por toda la Iglesia. Para Monseñor Ulloa, este intercambio constituye una oportunidad para fortalecer la comunión, recibir orientaciones y encontrar caminos de colaboración que respondan a los desafíos concretos de las comunidades panameñas.
Las familias, llamadas a descubrir la belleza del amor
Otro de los temas abordados fue la realidad de las familias en Panamá, especialmente ante la pobreza, el desempleo y las dificultades económicas.
Al referirse al encuentro «10 años de amor y alegría, proclamando el Evangelio de la familia», celebrado recientemente, Monseñor Ulloa señaló que uno de los grandes desafíos consiste en ayudar a las familias a descubrir la belleza y el valor de su vocación, incluso en medio de circunstancias adversas.
En este contexto, subrayó que la misión de la Iglesia no debe limitarse a preparar a las parejas para el matrimonio, sino que debe formar y acompañar a las personas en el amor. El reto, explicó, consiste tanto en acompañar a las nuevas parejas que se unen mediante el sacramento del matrimonio como en acercarse a aquellas familias que no frecuentan los templos, pero que también necesitan sentirse acogidas y acompañadas en sus distintas realidades.
Una Iglesia misionera ante los nuevos desafíos migratorios
Monseñor Ulloa definió a la Iglesia panameña como una Iglesia misionera, comprometida con una misión permanente que comienza con el anuncio delkerigmaa los agentes de pastoral, para que estos, desde su experiencia de Dios, puedan llevar el Evangelio a sus comunidades y vecinos.
Entre los desafíos actuales destacó la atención a las personas migrantes. Explicó que, si bien durante los últimos años Panamá recibió flujos migratorios procedentes de países sudamericanos, como Colombia, Venezuela y Ecuador, la dinámica migratoria ha cambiado.
Según indicó, cada vez más familias migrantes consideran establecerse en Panamá y desarrollar allí sus proyectos de vida. Esta realidad exige renovar la pastoral de movilidad humana, con nuevas formas de acompañamiento que respondan no solo a las necesidades inmediatas de quienes llegan al país, sino también a sus procesos de integración y permanencia. El desafío, en este sentido, es mantener una Iglesia cercana, capaz de escuchar, acoger y acompañar a las personas independientemente de su procedencia.
Avances en los procesos de los sacerdotes Guillermo Sosa y Héctor Gallego
La visita a los dicasterios también dejó noticias relacionadas con la memoria y el testimonio de sacerdotes que han marcado la historia de la Iglesia panameña.
Monseñor Ulloa anunció que, durante la visita al Dicasterio para las Causas de los Santos, se obtuvo elnihil obstatpara iniciar el proceso correspondiente al padre Guillermo Sosa, sacerdote recordado por su labor misionera y pastoral en comunidades rurales de Panamá. Este paso constituye una autorización para avanzar en el proceso eclesiástico, sin que implique todavía una declaración de santidad.
Asimismo, la Conferencia Episcopal Panameña tuvo la oportunidad de dialogar con el Dicasterio sobre la posible causa del padre Jesús Héctor Gallego Herrera y presentar elementos relacionados con su vida y testimonio.
Sacerdote de origen colombiano, Gallego llegó a Panamá en 1967 y desarrolló una intensa labor pastoral entre las comunidades campesinas de Santa Fe, en la provincia de Veraguas. Su compromiso con la organización de los trabajadores rurales y la defensa de los sectores más desfavorecidos dejó una profunda huella en el país. La noche del 9 de junio de 1971 fue desaparecido en circunstancias vinculadas a la represión de la época. Su paradero continúa siendo una herida abierta en la memoria histórica panameña y un símbolo de la búsqueda de verdad y justicia.
Al referirse a su legado, Monseñor Ulloa recordó la persistencia de la Iglesia en mantener viva la pregunta por su destino y destacó que su testimonio estuvo estrechamente ligado al compromiso con los más pobres y a la vivencia concreta del Evangelio.
El cuidado de quienes cuidan
Los desafíos de la Iglesia no se limitan a la atención de las comunidades. También incluyen el cuidado integral de los sacerdotes, quienes acompañan a millones de personas en momentos decisivos y complejos de sus vidas. En este contexto, la formación permanente, el acompañamiento espiritual y pastoral y la atención al bienestar emocional de los presbíteros adquieren especial importancia.
En julio de 2026, la Arquidiócesis de Panamá realizó una consulta anónima a 61 sacerdotes mediante el Inventario de Burnout de Maslach. Según la información facilitada sobre el estudio, el trabajo se desarrolló en el marco de una iniciativa conjunta con la Universidad Católica Santa María La Antigua y la empresa de digitalización FUTUVER, orientada a la prevención del desgaste emocional y al fortalecimiento pastoral.
Los resultados fueron descritos como una llamada de atención sobre la situación que viven los sacerdotes. No obstante, para precisar el alcance de los hallazgos, sería necesario consultar el informe completo y conocer los indicadores obtenidos. La iniciativa pone de relieve una dimensión fundamental de la vida eclesial: quienes están llamados a acompañar y sostener a los demás también necesitan espacios de escucha, formación y apoyo.
Fuente: Vatican News






