Vaticano

El Papa: La Iglesia en Medio Oriente, testigo de reconciliación y paz

En la audiencia a los miembros del Sínodo de los Obispos de la Iglesia Greco-Melquita de Antioquía, León XIV manifestó su cercanía a quienes sufren la guerra: "Son las semillas de la comunión en tierras desfiguradas por la violencia".

Johan Pacheco – Ciudad del Vaticano

El Papa recibió en audiencia, la mañana del 10 de octubre, a los miembros del Sínodo de los Obispos de la Iglesia Greco-Melquita de Antioquía. En su discurso, les expresó que el Sínodo "no es solo un acto de gobierno, sino también un momento de comunión y de servicio como obispos".

"Como bien saben —recordó el Pontífice—, fue en Antioquía donde los seguidores de Cristo fueron llamados por primera vez 'cristianos'. Ahora, como entonces, los cristianos están llamados a vivir su vida de tal manera que den testimonio de la presencia viva de Dios que habita entre nosotros".

Asimismo, destacó la caridad como una característica distintiva que se experimenta hoy en sus parroquias: "No solo llevan la fe en sus mentes, sino que permiten que penetre en sus corazones, impulsados por el Espíritu a compartir el alimento con los hambrientos, a proporcionar educación y atención sanitaria, y a acompañar y animar a quienes sufren, para que la Iglesia sea un faro —la luz de Cristo—, especialmente en este período tan convulso".

Cercanía del Papa

El Papa manifestó su solidaridad con quienes sufren los males de la guerra: "Estoy con ustedes. Toda la Iglesia católica está con ustedes. Porque cuando un miembro sufre, todo el cuerpo sufre con él (cf. 1 Cor 12, 26). Y precisamente porque están sufriendo y tratando de imitar a Jesús en la mansedumbre con la que redimió al mundo, ustedes están en el corazón de la Iglesia".

"Pienso, en particular, en las heridas y en las dificultades a las que se enfrentan, las cuales empujan a muchos de sus fieles a emigrar a países lejanos en busca de trabajo, para escapar de los peligros y, a veces, incluso de la persecución, con el fin de que sus familias puedan crecer en seguridad", afirmó el Pontífice.

La vocación de la Iglesia

Reconociendo el testimonio de reconciliación que dan en sus territorios, añadió: "¡Qué gran vocación tiene su Iglesia: ser testigo de la reconciliación y de la paz en tierras devastadas por el conflicto! Ustedes son las semillas de la comunión en tierras desfiguradas por la violencia. Este testimonio los convierte verdaderamente en iconos de siglos de fe en los lugares más sagrados de nuestra salvación".

Ante las tentaciones que pueden afectar también a la Iglesia en contextos de conflicto, los animó a que, como Sínodo de Obispos, actúen "como guardianes de la comunión".

"Tienen una gran responsabilidad que debe salvaguardarse y alimentarse en el seno de la colegialidad episcopal, tal y como he querido subrayar en laCarta ApostólicaMutua concordia", dijo

"Debemos estar siempre atentos —expresó León XIV— para no caer en la tentación de elevarnos por encima de los demás buscando el poder en lugar del servicio, el beneficio en lugar de la transparencia y la honestidad, y el éxito personal en lugar del cuidado pastoral. El Espíritu Santo nos impulsa a buscar y a orar por esa unidad que ayudará a todas las personas a reconocer que Cristo está entre nosotros".

Fe y comunión

"La expresión más elocuente de nuestra fe y la comunicación más clara de la Buena Nueva a quienes no conocen a Cristo tiene lugar cuando tomamos nuestra cruz y decidimos manifestar amor en los momentos en que sentimos miedo, ira o sufrimiento", reiteró el Papa a los Obispos de la Iglesia Greco-Melquita de Antioquía.

Les pidió que la historia y las pruebas que han vivido sean una oportunidad para "mostrar nuestra fe de una manera que resuene en los corazones de quienes buscan la verdadera paz".

El Papa confirmó el apoyo de la Sede Apostólica, "gracias a la generosidad de tantas personas", para que los fieles de Siria, Líbano e Irak reciban una educación católica. "Nuestro objetivo es apoyar a los jóvenes, de modo que las familias cristianas cuenten con la ayuda necesaria para permanecer en Oriente Medio y mantener la presencia cristiana".

"Al encomendar este Sínodo a la intercesión de la Theotokos —la Madre de Dios—, rezo para que el Espíritu Santo los ilumine y los guíe en sus decisiones", concluyó León XIV.

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