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Corpus Christi: Monseñor Marcelo Mazzitelli llamó a vivir la Eucaristía como signo de unidad y compromiso con los más vulnerables

En la celebración de Corpus Christi, el Administrador Apostólico de la Diócesis de San Rafael invitó a renovar el asombro ante la presencia real de Cristo en la Eucaristía y recordó que recibir el Pan de Vida implica construir comunión, vivir la caridad y salir al encuentro de quienes más sufren.

En el marco de la solemnidad de Corpus Christi, el Administrador Apostólico de la diócesis de San Rafael, Monseñor Marcelo Mazzitelli, presidió este domingo la celebración diocesana en la Catedral San Rafael Arcángel, donde invitó a los fieles a profundizar el sentido de la Eucaristía como encuentro vivo con Jesucristo y fuente de unidad para la Iglesia.

Al comenzar su homilía, destacó que la comunidad cristiana celebra «el don de un amor que se hizo presencia en el Cuerpo y Sangre del Señor, en la Eucaristía», recordando que toda la vida pública de Jesús fue una invitación permanente a la fe.

La Eucaristía, lugar de encuentro con Cristo

Monseñor Mazzitelli explicó que los signos realizados por Jesús revelan su identidad como enviado del Padre y abren el camino para que los hombres regresen a Dios.»Cada palabra, cada gesto, cada signo se convierten en una invitación a la fe, a creer», expresó.

En ese sentido, señaló que creer significa reconocer a Jesús como Señor y aceptar una relación de permanencia con Él. «La fe es don y respuesta por la que somos invitados a una relación, a un vínculo de permanencia habitando en el Señor y Él en nosotros», afirmó.

El obispo remarcó que la Eucaristía es el lugar privilegiado donde se concreta esa unión entre Cristo y los creyentes. Citando el Evangelio, recordó: «Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él». Asimismo, explicó que cada celebración eucarística actualiza el misterio pascual de Cristo y transforma la vida de quienes participan de ella.

Un llamado a la comunión y la unidad

Uno de los ejes centrales de la homilía fue la invitación a cuidar la unidad dentro de la comunidad cristiana.»Acercarse a recibir la Eucaristía significa comprometernos con el don de la unidad, a ser custodios de ella, a ser testigos de ella», sostuvo.En ese marco, advirtió sobre las actitudes que dañan la fraternidad y cuestionó toda forma de juicio o división dentro de la Iglesia. «¿Cómo puede un cristiano decir que vive en una relación con el Señor si hiere la comunión fraterna?», preguntó.Recordó además la oración de Jesús antes de su pasión, cuando pidió al Padre que todos sus discípulos fueran uno. Para el obispo, esa súplica sigue siendo hoy un llamado a la conversión y a celebrar la Eucaristía en auténtica comunión.

«Recibir la Eucaristía es entrar en comunión con Dios y con los hermanos. Recibamos la Eucaristía en verdad, amándonos los unos a los otros, para que siendo uno el mundo crea», expresó.

Del altar a la vida cotidiana

Monseñor Mazzitelli también destacó que la participación en la misa no puede quedar reducida al ámbito litúrgico, sino que debe traducirse en gestos concretos de amor al prójimo.»Celebrar la Eucaristía nos compromete a vivir en la caridad. Lo que celebramos litúrgicamente en la misa se hace desafío a vivirlo existencialmente en nuestra realidad», señaló.

Recordó que los cristianos se acercan al altar conscientes de su fragilidad, como «pecadores perdonados», llamados a ser testigos de la misericordia recibida.Por eso, exhortó a mirar especialmente a quienes sufren distintas formas de exclusión: los enfermos, las personas con adicciones, quienes viven en situación de calle y quienes padecen la falta de trabajo.

«Alimentados con el Cuerpo y Sangre del Señor vivimos en Él y somos enviados para ser testigos en la caridad», afirmó.

En ese contexto, agradeció el trabajo de las distintas pastorales y organismos de la diócesis que acompañan estas realidades, entre ellos la Pastoral Social, la Pastoral de Adicciones, las Noches de la Caridad y Cáritas.

Una procesión para anunciar con humildad

Hacia el final de su mensaje, el obispo invitó a renovar el asombro ante el misterio de la fe y ante la presencia real de Cristo en la Eucaristía.Al referirse a la tradicional procesión con el Santísimo Sacramento por las calles, aclaró que se trata de un gesto de fe y devoción, alejado de cualquier actitud triunfalista.»No salimos con aire triunfalista, sino anunciando con humildad al Cristo que muriendo en la cruz nos ofrece la vida eterna y quiso quedarse con nosotros al partir el Pan», expresó.

Finalmente, animó a la comunidad a caminar como pueblo misionero, alimentado por el Pan de Vida, para que quienes contemplen al Señor presente en la Eucaristía puedan descubrirse invitados a la vida abundante que Dios ofrece.

«Que aquellos que detengan la mirada en el Santísimo se descubran invitados a la Vida en abundancia que Dios ofrece, porque hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en Él«, concluyó.

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