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La Diócesis de San Rafael celebró la recepción de ministerios en la Catedral

La Diócesis de San Rafael celebró en la Catedral San Rafael Arcángel la institución del lectorado y acolitado de jóvenes seminaristas, en una misa presidida por Mons. Marcelo F. Mazzitelli que destacó el valor del servicio y la centralidad de la Palabra y la Eucaristía.

La Diócesis de San Rafael vivió una significativa celebración el pasado viernes 10 de abril en la Catedral San Rafael Arcángel, donde se llevó a cabo la Misa de Recepción de Ministerios, presidida por Mons. Marcelo F. Mazzitelli.

Durante la Eucaristía, el seminarista Pedro José Elías fue instituido en el ministerio del lectorado, mientras que Martín Barotto, Gino Catania y Eric Méndez recibieron el ministerio del acolitado, dando un nuevo paso en su camino de formación hacia el sacerdocio.

En su homilía, el Administrador Apostólico se dirigió especialmente a Pedro, destacando la profundidad del ministerio que recibía: “Será fecundo este ministerio en la medida que descanses en la Palabra de Dios, en la medida que seas disponible a su escucha”. Asimismo, lo animó a que su vida misma sea testimonio vivo del Evangelio: “Qué lindo que tu vida sea un Evangelio donde uno pueda encontrar a Cristo, porque encarnás la Palabra”.

El ministerio del lectorado implica el compromiso de proclamar la Palabra de Dios en la liturgia y colaborar activamente en su anuncio, ayudando al crecimiento en la fe de la comunidad.

Por otra parte, al dirigirse a los nuevos acólitos, el obispo subrayó la centralidad de la Eucaristía en su servicio: “Serán servidores del altar, pero serán tales si se dejan transformar por la Eucaristía, si sus vidas se van configurando a aquello que reciben”.

En este sentido, destacó también la dimensión pastoral del acolitado, especialmente en el acompañamiento a los enfermos: “Serán instrumentos para ser presencia del Resucitado en aquellos hermanos que no pueden llegar al altar, sembradores de vida con una presencia compasiva y de consuelo”.

La celebración fue vivida con profunda alegría por la comunidad, que acompañó con su oración y cercanía este paso importante en la vida de los seminaristas, signo del crecimiento de las vocaciones en la Iglesia local.

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