Sociedad

La UCA homenajeó a Enrique Shaw en el centenario de su nacimiento

La actividad se transmitió en www.uca.edu.ar/ucavivo y en la misma expusieron Monseñor Víctor Manuel Fernández, la doctora Silvia Correale y el presbítero Gustavo Boquin y se proyectó un video sobre el vínculo estrecho de Enrique Shaw con la Universidad Católica Argentina.

Durante la presentación, monseñor Fernández destacó: “Estoy anhelando su beatificación porque creo que su figura se va a agregar para completar un hermoso poliedro argentino: Mamá Antula, una laica misionera; un aborigen como Ceferino Namuncurá; un cura gaucho del interior, Cura Brochero y nos falta un empresario, un laico empresario”.

“Me interesa destacar que Enrique realiza la figura del empresario que propone el Papa Francisco: ser empresario es una noble vocación, un llamado de Dios. Propone una serie de características unidas a la figura de alguien que busca crear riqueza, producir riqueza, desarrollar el mundo. Enrique Shaw ha realizado esa figura verdaderamente ideal y modélica de un empresario cristiano” agregó. 

“Él entra a la Escuela Naval porque le impactaba el mar. Dice en su diario: ‘veo el sol, la espuma, todo me pone contento, veo una ola romper contra la mampara, una ola grande que desbordaba de hermosura. Como no dar gracias al Creador’. Esto es un símbolo de su espíritu grande, que es lo que trató de plasmar después en su propia existencia. En su diario uno también ve sus debilidades de adolescente propias del carácter, que necesitan una maduración. Hubo un camino de transformación y esto es lo precioso: luchar para formarse, madurar, modelarse, según la voluntad de Dios. Ese trabajo sobre sí mismo con la gracia lo fue haciendo el Enrique que conocemos, eso nos estimula a todos. Estamos en una sociedad un poco enferma de individualismo, de violencia, de divisiones. Nos hace falta apuntar a la maduración de las personas”, puntualizó.  

El arzobispo de La Plata aseguró: “El camino de Enrique era crecer en la caridad, crecer en el amor. ‘Lo más importante para mí es aumentar en mí la caridad, escuchar a las personas, a los obreros, comprenderlos, ser amable, ser como una Navidad para ellos’. Uno se pregunta ¿Esto era un voluntarismo? No. Enroque tenía un trabajo de lectura, textos espirituales, leía libros de Teología. Se dejaba cautivar por la reflexión y la oración para encontrar las motivaciones más profundas: ‘El ser humano hecho a imagen y semejanza de Dios realiza su personalidad volviéndola abierta y receptiva. Esto ocurre con las personas divinas que están abiertas la una a la otra a tal punto que su vida es única para cada una de ellas, una vive puramente en la otra. Entonces no se trata de imponerse uno mismo al prójimo una unión del yo y del tú que venga a ser una fusión de los dos, sino una disponibilidad recíproca respetando la autonomía del otro’. Ese cambio en sus actitudes, en sus gestos, ese crecimiento en la amabilidad y el diálogo tenía una reflexión muy seria detrás. Esto es para mí sumamente valioso. De esto se deriva su preocupación por promover a los demás, la convicción del valor enorme de la dignidad humana de cada persona. Dice ‘Quiero dedicarme a los que sufren, yo no puedo vivir el Evangelio si no me preocupo de que otros tengan vivienda. Debemos tener conciencia social porque Jesús se ha ocultado en los pobres y en los últimos´. Parece que hablara Francisco en Fratelli tutti”.  

Finalmente, Monseñor Fernández reflexionó: “Él quería ser un buen empresario porque tenía detrás esta convicción tecnológica. Decía ‘Es mi deber de Estado como empresario ser eficiente para poder distribuir más porque para distribuir hay que producir. La eficacia es la mejor garantía de que haya trabajo para los obreros y es lo que la empresa debe buscar’. Esto es lo que les dice Francisco a los empresarios, tenés una noble vocación que te lleva a producir riqueza, a acrecentar los bienes, pero al mismo tiempo buscá que eso sirva para generar más fuentes de trabajo, que te obsesione que otros puedan realizarse gracias al trabajo que vos generas. Una vez más esto tiene detrás un trasfondo teológico muy hondo. Era verdaderamente un teólogo, le gustaba leer buenos teólogos para encontrarle un sentido hondo a sus iniciativas. Que hermoso que lo podamos tener como modelo, canonizado, modelo de los empresarios, porque es mucho lo que Enrique nos ha dicho con su vida, con su pensamiento y con su espiritualidad. Yo escribí un libro que se llama `Ser Santos en medio del mundo´, precisamente de eso se trató su vida: ser Santo en medio del mundo”.  

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