Sociedad

Jornada de oración por la Vida: “Abrazar la Vida con ternura y misericordia”

“Queremos mirar de frente toda esta realidad, ciertamente compleja, pero también queremos volver a admirar la belleza de la vida y la obra de Dios en cada corazón humano”, señala el comunicado difundido este miércoles por la Conferencia Episcopal Argentina.

“Nosotros, como Iglesia y como cristianos, estamos llamados a tocar de cerca la existencia concreta del otro, en este caso de madres y niños que necesitan nuestro apoyo y nuestra ayuda”, se lee en otro fragmento.

El texto del comunicado

Hoy más que nunca la realidad exige que nos  adentremos, sin miedo, en la totalidad de la existencia humana que se abre camino en distintos contextos y circunstancias, atravesando diversos desafíos, etapas y experiencias. Queremos mirar de frente toda esta realidad, ciertamente compleja, pero también queremos volver a admirar la belleza de la vida y la obra de Dios en cada corazón humano.

Los invitamos a mirar a nuestra Madre, la Virgen María, y descubrir el camino como Iglesia para asumir este desafío para la evangelización y la pastoral. El Papa Francisco lo expresa con claridad y sencillez: “Hay un estilo mariano en la actividad evangelizadora de la Iglesia. Porque cada vez que miramos a María volvemos a creer en lo revolucionario de la ternura y del cariño. En ella vemos que la humildad y la ternura no son virtudes de los débiles sino de los fuertes” (EG 288). Esta invitación del Papa debemos renovarla y recrearla ante los acontecimientos que nos rodean, en particular para poder abrazar con ternura y desde la Misericordia la Vida del niño por nacer y de la mamá.

“Concebirás y darás a luz un hijo” (Lc 1,31). ¡¡¡Con estas palabras el Ángel le anuncia a la Virgen María le Encarnación del Hijo de Dios!!! EL Dios que se hace hombre y asume nuestra condición humana desde el seno de su madre, se sumerge en la historia y toma para sí toda experiencia humana. Es por esto que nosotros, como Iglesia y como cristianos, estamos llamados a tocar de cerca la existencia concreta del otro, en este caso de madres y niños que necesitan nuestro apoyo y nuestra ayuda. Sabemos que la vida se abraza en su totalidad, con sus fortalezas y debilidades, con sus luces y sombras; sabemos que la existencia humana se toma con ternura, paciencia y delicadeza. Porque cuanto mayor es el sufrimiento y fragilidad mayor es la exigencia de ternura. Estamos llamados a curar heridas, a tomar de la mano historias rotas que se reconstruyen con paciencia, al ritmo de Dios. Estamos llamados a caminar juntos, con actitud solícita y con santa audacia.

Que la celebración de la Anunciación y del Día del Niño por Nacer sea una ocasión para que cada una de las Comunidades Diocesanas y Parroquiales, sumergidas en profunda oración y en torno a la Eucaristía, nos anime para fortalecer y recrear una Pastoral del Cuidado de la Vida Naciente y la Maternidad acogiendo, acompañando y abrazando a la mujer madre en su realidad, sea cual sea.  Ante los temores y dificultades que podamos encontrar en este camino hagamos nuestras también las palabras del Ángel que la Virgen María recibe y anida en su Corazón: “El Espíritu Santo descenderá sobre ti” (Lc 1,35).

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