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25 septiembre 2021

[Opinión] El problema del trabajo

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En un contexto complejo por la situación sanitaria, una economía en crisis y transitando un proceso eleccionario de carácter legislativo en la Argentina, se ha instalado por la fuerza de la realidad, y fuera de la agenda política, la cuestión del trabajo y la producción ¿Con qué herramientas podemos actuar ante tamaño desafío? La Iglesia Católica posee un mensaje social que puede brindarnos principios para luego actuar ¿Es posible que una persona que desempeña su papel en el mundo del trabajo puede alcanzar un crecimiento espiritual cuando lo abruma la turbulencia laboral?

Camino a los 40 años de Laborem Exercens, sobre el trabajo humano (1981-2021)

por Prof. Roque David Aránega

 

En un contexto complejo por la situación sanitaria, una economía en crisis y transitando un proceso eleccionario de carácter legislativo en la Argentina, se ha instalado por la fuerza de la realidad, y fuera de la agenda política, la cuestión del trabajo y la producción.  Y no es solamente que es complicado el panorama, sino que ni el sistema asistencialista, con sus pros y contras; o el sistema de carácter asistencialista- clientelar, pueden dar oxígeno a la realidad de las familias argentinas.

 Es, en este panorama, que afloran las repuestas de campaña desde el sector de gobierno oficialista o desde la oposición conjuntamente con nuevas expresiones políticas a una cuestión acuciante como es el desempleo, la presión tributaria, salarios por debajo de la línea de pobreza, etc. Ya ni siquiera tener trabajo te asegura poder responder a las necesidades básicas que requiere una familia: vivienda, comida, etc. Y menos pensar en el ocio.

 Entonces ¿con qué herramientas podemos actuar ante tamaño desafío? La Iglesia Católica posee un mensaje social que puede brindarnos principios para luego actuar. La Iglesia no solo puede brindar asistencia a indigentes o familias con escaso recursos, sino que puede y debe ofrecer un diálogo con las realidades económicas en toda su amplitud de variables: trabajo, producción, mercado, recursos, etc. Y, sobre todo, atendiendo a la realidad de cualquier hombre o mujer que se encuentra inserto o expulsado del mundo laboral. Es que hoy, cualquier trabajador está abrumado con su labor: incertidumbre, inseguridad, sobrecargas, etc. Entonces, nos podemos preguntar si es posible que una persona que desempeña su papel en el mundo del trabajo puede alcanzar un crecimiento espiritual cuando lo abruma la turbulencia laboral.

El trabajo dignifica y nos hace cooperadores de la obra creadora que no está terminada pero hoy la realidad nos viene generando grandes interrogantes: nos acercamos al fin del trabajo, será necesario generar un salario universal ante el avance de la tecnología y la robótica, por ejemplo.

 Estamos a las puertas del 40 aniversario de la Encíclica Laborem exercens de Juan Pablo II. Una documento sobre el trabajo humano que se fue dinamizando y enriqueciendo con otros documentos posteriores del magisterio papal, como Caritas in Veritate, Laudato Si  o  Frattelli Tutti. La ocasión es propicia para recuperar la encíclica del Papa Magno y refrescar su contenido.

Nos hemos propuesto escribir en las próximas semanas una serie de artículos para animar a la lectura de la encíclica, generar espacios  de diálogo y sobre todo que las diferentes opciones políticas puedan  nutrirse de un contenido social de origen cristiano.

EL 14 de septiembre de 1981 se publicaba Laborem Exercens, sobre el trabajo humano. Se recordaba, Rerum Novarum, la emblemática encíclica de León XIII. El método de la Doctrina Social de la Iglesia posee tres pasos: ver, juzgar y actuar. Un documento de este tamaño es clave para encarar la cuestión del trabajo en el siglo XXI y poder brindar respuestas que giren en torno al principio rector del Mensaje social de la Iglesia: la dignidad de la persona. Es necesario conocer la realidad y juzgarla con principios claros para poder generar acciones desde el gobierno, la sociedad civil y los cuerpos intermedios.

Como sabemos, una encíclica, es una carta que envía el Papa al mundo. Por supuesto, esperando una acogida satisfactoria entre los católicos, en primer lugar. Inclusive abierta a los hombres y mujeres de buena voluntad del mundo. Y como toda epístola, requiere una lectura y una respuesta. La riqueza de estos documentos es que tiene una conexión directa entre las cartas anteriores y las futuras. Eso se debe a que el Magisterio de la Iglesia, inclusive el social, es vivo y dinámico. Es que siempre se nutre de las fuentes como la Biblia y los Padres o Doctores de la Iglesia y encuentra nuevos elementos para dialogar con la actualidad. Este es el caso de la cuestión del trabajo en la posmodernidad o modernidad liquida.

La encíclica de 1981 presenta una cuestión social central: el trabajo humano. Juan Pablo II desarrolló el tema en cuatro partes que desarrollaremos en diferentes artículos:

  1. El trabajo y el hombre
  2. La relación trabajo y capital
  3. Los derechos de los trabajadores
  4. La espiritualidad del trabajo

Hoy, el Pontificado de Francisco ha puesto en el escenario las tres t: tierra-techo-trabajo. Siendo las tres cuestiones importantísimas para la mirada social de la Iglesia. La acción que conlleva los problemas o desafíos debe surgir desde los laicos o cualquier persona de buena voluntad que desee oír el magisterio. Pero es fundamental seguir principios y una metodología como la que propone la Doctrina Social de la Iglesia, conjuntamente con la riqueza doctrinal de las Encíclicas.

 

Texto completo de Laborem Exercens 

Prof. Roque David Aránega

Master Universitario en Doctrina Social de la Iglesia. Universidad Pontificia de Salamanca.

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