
El Papa cumple el viaje pendiente de Francisco a las Islas Canarias, convirtiéndose en el primer Pontífice en visitar estas islas españolas. Desde el muelle de Arguineguín en Gran Canaria, el Papa ha recordado que “la dignidad humana no pierde valor al cruzar una frontera” y ha denunciado que la acogida del migrante no puede ser algo delegado únicamente a algunos voluntarios: “no podemos ‘pasar de largo’ ante las pateras”.
Mireia Bonilla – Ciudad del Vaticano
El Papa León XIV ya se encuentra en las Islas Canarias, en una visita que incluye dos islas, Gran Canaria y Tenerife y que tiene el foco puesto en la realidad migrante que se vive en el archipiélago español. Esta mañana, desde el muelle de Arguineguín en Gran Canaria donde llegan constantemente “vidas heridas”, “despojadas de casi todo”, “pero nunca de su dignidad”,el Papase ha reunido con quienes acogen a los migrantes, aquellos que han sabido “reconocer a Cristo en quienes desembarcan marcados por el miedo, el hambre y la violencia, después del desierto, de la noche y del mar”.
Ante el muelle de Arguineguín, puerta de entrada de miles de migrantes que han alcanzadoCanariastras una de las rutas marítimas más peligrosas del mundo, el Papa ha destacado que “la Iglesia no puede desentenderse de estas aguas ni de ningún lugar donde el hambre, la sed, la violencia, el miedo o el exilio sigan hiriendo la dignidad humana” y ha explicado que, en la actualidad, el peligro para los migrantes no es solo el océano, sino quienes se aprovechan de su vulnerabilidad:
“También hoy existen monstruos que acechan estos mares: mafias que trafican con la desesperación, tratantes que esclavizan mujeres y niños y la indiferencia de muchos que permiten que los pobres sean tragados por la explotación o por el olvido”.
“No se trata de resolverlo todo, sino de estar presentes”
Entre el personal presente que se dedica a la acogida a los migrantes, se encontraba el capitán de Salvamento Marítimo de una embarcación situada en este muelle, atenta a la llegada de pateras a las costas canarias para salir en cualquier momento, y una voluntaria de Caritas Diocesana. A ellos, y a todos los que se dedican a esta valiosísima labor, el Papa les ha agradecido de corazón por “los rescates, la acogida y el acompañamiento”, “dando testimonio de que la misericordia concreta puede salvar y cambiar vidas”.
“Sus palabras nos muestran dónde comienza la conversión de la mirada: cuando el migrante deja de ser “uno más”, deja de ser una categoría y una cifra. Sólo entonces comprendemos que esa niña podría ser nuestra hija, esos rostros parte de nuestra familia; y entonces, la conciencia se queda sin excusas”.
León XIV ha recordado esta mañana que la misericordia comienza con gestos pequeños:“a veces con unas cuantas galletas y un poco de leche; otras, con cinco panes y dos peces”.Por eso – ha insistido –“no se trata de resolverlo todo, sino de ponerlo todo en manos de Dios y de estar presentes allí donde el ser humano sufre”.
Cada vida humana es una bendición de Dios
León XIV ha dedicado uno de los momentos de su intervención a las víctimas de la trata y la explotación, a quienes ha recordado que “cada vida humana es una bendición de Dios” y que nadie puede comprarla, venderla, usarla o descartarla, porque en cada persona “resplandece la imagen y semejanza del Creador”.
Después, se ha dirigido de forma explícita a las mujeres que han sufrido redes de explotación:“Si otros pusieron precio a tu cuerpo, Dios no ha dejado nunca de mirarte como alguien invaluable. Si quisieron encerrarte en un pasado de dolor, Dios sigue pronunciando sobre ti una promesa de futuro. Si te trataron como una cosa, la Iglesia quiere decirte hoy: eres hija y hermana, eres bendición”.
Además, ha subrayado que ninguna vida pertenece a quienes han causado daño ni a quienes se han aprovechado de la vulnerabilidad ajena:“Tu vida no es de quienes te dañaron; tu cuerpo no es de quienes se aprovecharon de ti; tus días no pertenecen a quienes quisieron encadenarlos al miedo”.En cambio, ha asegurado el Papa,“tu vida pertenece a Dios y conserva una dignidad que no pueden arrancarte”.
La advertencia del Papa a los migrantes
Desde esta isla situada en medio del océano atlántico, el Papa ha pedido una respuesta global y coordinada, también de la Iglesia, para proteger a los migrantes y no acostumbrarse a su sufrimiento y muerte:“Este drama debe convertirse en examen de conciencia: para las naciones de origen, que deben crear condiciones de paz, justicia y desarrollo; para las naciones de tránsito, llamadas a proteger y no a dejar a los débiles en manos de redes criminales; y para Europa, que no puede proclamar la dignidad humana y acostumbrarse a que el Mediterráneo y el Atlántico sean cementerios sin lápidas”.
Más tarde, León XIV se ha dirigido directamente a los migrantes y se ha inclinado ante su dignidad:“No son números ni expedientes, ustedes son personas con una familia y una casa dejada atrás”.Inmediatamente después les ha dado un consejo fraterno:“No entreguen su existencia a quienes comercian con ella. No les crean a quienes prometen paraísos fáciles a cambio de su cuerpo, de dinero, de silencio o de su libertad. Esas falsas promesas son “cantos de sirenas”, son industrias de muerte”.
El Papa llama a la coherencia: “de la oración brota el servicio”
Para León, la acogida del migrante no puede ser algo secundario ni delegado únicamente a algunos voluntarios y ha pedido coherencia entre fe y acción:“Nos arrodillamos ante el altar para adorar a Cristo presente en la Eucaristía, de quien recibimos la fuerza y el motivo para vivir la caridad; por eso, no podemos luego “pasar de largo” ante los cayucos y las pateras, pues de la oración brota todo servicio”.
El Papa reclama una respuesta global: “No basta gestionar fronteras”
Al final de su discurso, el Pontífice ha hecho una exhortación a quienes tienen en sus manos responsabilidades decisivas —autoridades civiles, parlamentos, gobiernos y organizaciones internacionales—, y también a las comunidades cristianas, a las demás tradiciones religiosas y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad:“No basta gestionar llegadas, distribuir cifras, reforzar fronteras o lamentar las muertes cuando ya han ocurrido. Cada barca que llega no trae sólo migrantes; trae consigo una pregunta: ¿qué mundo hemos construido, si tantos hermanos tienen que arriesgar la muerte para buscar vida?”
En definitiva, el rumbo que debemos seguir como cristianos ante el drama de la migración es claro:“No podemos acostumbrarnos a contar muertos” -ha dicho el Papa – ni tampoco pensar que“la dignidad humana pierde valor al cruzar una frontera”.
Fuente: Vatican News






