
En el establecimiento de Giorgio’s Beach, punto de llegada de la procesión que partió de la iglesia de María Santísima del Lago, Prevost arriba a bordo de la embarcación «Falco», adornada con flores amarillas y blancas. Ante la multitud, recita una profunda y conmovedora súplica, una oración de encomienda a la Virgen que, al mirar con benevolencia, «alienta en todos el deseo de la paz».
Benedetta Capelli – Castel Gandolfo
Las suaves luces del atardecer acompañan las palabras del Papa León XIV en la orilla del lago de Castel Gandolfo. La arena oscura contrasta con los últimos rayos de sol que descienden entre las cumbres del complejo volcánico de los Montes Albanos, un escenario que sirve de fondo a la súplica, recitada al término de la procesión que llevó al Pontífice desde la iglesia de María Santísima del Lago hastaGiorgio’s Beach.
Una súplica que es invocación, oración, petición de una Iglesia que sufre por los males del mundo. Una Iglesia reunida a orillas del lago que hace pensar en aquella multitud que acudió al lago de Tiberíades y esperaba a Jesús. Hoy se necesita esa palabra que salva, y a María, la madre, «mujer de la escucha y del servicio», el Papa se dirige «con corazón filial», para encomendarle una Iglesia «valiente en el anuncio, humilde en el servicio y perseverante en la caridad».
«A tu amorosa protección, encomendamos a todos los pueblos de la tierra: mira con bondad a tus hijos heridos por la guerra y alienta en todos el deseo de la paz».
Promover la justicia y la dignidad
«Donde crece el odio, enséñanos el perdón; donde prevalece el miedo, devuelve la esperanza. Dirige tu mirada solícita sobre los niños -pide el Papa-, sobre los ancianos, los enfermos, las familias, los jóvenes y cuantos viven en la soledad».
«Sostén a quienes tienen responsabilidades en la vida pública, para que promuevan siempre la justicia, la libertad, la dignidad de cada persona y el bien común».
Después, el pensamiento se dirige a quienes viven y trabajan en el lago, a cuantos buscan aquí la paz.
«Haz que cada uno, al mirarte a Ti, encuentre de nuevo el camino que conduce a Cristo, único Salvador del mundo. Él vive y reina por los siglos de los siglos».
Un clima de oración
Las personas escuchan en silencio; cada uno siente resonar en su propia vida una frase, un pasaje, un pensamiento del Papa, palabras que llegan a tocar el dolor, sobre todo de quienes viven en medio de los conflictos, palabras que transmiten comprensión y acogida.
Poco antes, en la playa, las novicias salesianas habían acompañado la espera de la llegada de León cantando algunas canciones, como «Eccomi», y leyendo pasajes del Evangelio, intercalados con meditaciones y oraciones.
Algunos esperan al Obispo de Roma en las tumbonas abiertas, otros sobre los hidropedales, mientras otros buscan un rincón desde el que grabar un vídeo que quedará en la memoria de su teléfono como un momento conmovedor, porque León es el primer Papa que participa en la procesión de la Virgen del Lago.
Llama la atención el clima de recogimiento, a pesar de la numerosa presencia de personas: una pausa en el torbellino de la vida cotidiana que serena y prepara para las palabras de León XIV.
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La llegada del Papa
Las tranquilas aguas del lago son surcadas por la embarcación que lleva al Papa junto con la imagen de la Virgen; una navegación lenta, de unos 25 minutos, acompañada por las canoas de los jóvenes que han participado en los campeonatos de Castel Gandolfo, lasdragon boat, y por numerosas embarcaciones con luces intermitentes.
El papa León desciende de la embarcación entre los aplausos, mientras tiene lugar la actuación del tenor Aurelio Grimaldi y de su esposa, Elena Kovalova, acompañados al piano por el maestro Massimiliano Franchina. Interpretan «La Vergine degli angeli», deLa forza del destino, de Verdi, y, a continuación, el «Panis Angelicus», de César Franck.
Después llega la súplica, que las autoridades, los alcaldes de la zona -ataviados con la banda tricolor- y numerosos fieles escuchan absortos.
«¡Viva el Papa!», gritan los peregrinos presentes. Se eleva un largo aplauso y, después, llegan las notas de la banda de música de Castel Gandolfo, que este año celebra el décimo aniversario de su fundación.
Ya cae la noche. Los flashes de los fotógrafos y las luces de las cámaras iluminan el paso del Papa hacia el automóvil que lo espera, el último momento de una tarde en la que las oraciones a María se han elevado al cielo.
El lago se sumerge en la oscuridad de una noche que permanecerá en el corazón de los habitantes de Castel Gandolfo como un recuerdo imborrable.
Fuente: Vatican News






