
Del 25 al 28 de septiembre, León XIV realizará su quinto viaje apostólico a Francia. El presidente de la Conferencia Episcopal Francesa a los medios vaticanos: «Hay un florecimiento de catecúmenos en nuestra Iglesia, pero también muchos desafíos en los que seguir trabajando: desde la crisis de los abusos, superada pero aún con algunas secuelas, hasta el tema de cómo rejuvenecer las comunidades rurales
Jean-Charles Putzolu – Ciudad del Vaticano
«Una gran alegría» para la Iglesia, para Francia, para los católicos franceses, y un estímulo para una Iglesia comprometida a afrontar numerosos desafíos, destinados en algunos casos a pasar página respecto a momentos difíciles, y en otros a acompañar los primeros signos de una renovación, evidentes en el aumento de los catecúmenos y en el creciente interés por las peregrinaciones. Así es como el arzobispo de Marsella y presidente de los obispos de Francia acoge la confirmación por parte de la Oficina de Prensa de la Santa Sede del viaje apostólico de León XIV a Francia del 25 al 28 de septiembre próximos. En peregrinación a Lourdes con su diócesis de Marsella, el cardenal Jean-Marc Aveline subraya la importancia del viaje papal.
Eminencia, ¿cómo recibe el anuncio de este viaje del Papa, que usted ya esperaba desde hace algún tiempo?
Acojo este anuncio con gran alegría. Lo esperábamos, lo anhelábamos, como ya he tenido ocasión de decir. Desde su nombramiento, habíamos intercambiado opiniones sobre la conveniencia de una visita a Francia. Pude constatar cuánto se sentía él mismo vinculado a este proyecto. No ha perdido ocasión de enviar pequeños mensajes de aliento a los sacerdotes o con motivo de eventos particulares. Creo poder decir, después de haber trabajado varias veces con él en este tema, que existe realmente un interés y un apego por nuestro país, por lo que representa, por su historia, por la forma en que ha ejercido su influencia también en la Iglesia, en todo el mundo, a través de espléndidas figuras de santidad. Al mismo tiempo, existen los desafíos que la Iglesia en Francia debe afrontar hoy, desafíos que son comunes también a otros países, naturalmente, pero con algunas peculiaridades. Me parece una excelente noticia, no solo para la Iglesia que está en Francia, sino también para nuestro país.
El pasado 28 de marzo, León XIV estuvo en Mónaco. Hemos visto que los franceses han seguido con gran interés este viaje. Usted mismo concelebró en el estadio Louis II. ¿Qué esperan los católicos de Francia de una visita del Papa León XIV?
Los católicos esperan una visita del Papa —acudieron en gran número a Marsella, a Córcega y luego también a Mónaco— porque la Iglesia de Francia está viviendo realidades muy contrastantes y, al mismo tiempo, muy hermosas, con un número creciente de jóvenes que descubren a Cristo y piden a la Iglesia el Bautismo o la Confirmación. En este momento me encuentro en Lourdes con 1500 peregrinos de la diócesis de Marsella y entre ellos hay muchos jóvenes, adultos jóvenes que han descubierto a Cristo y para quienes esta es la primera peregrinación. Me impresiona personalmente ver estas cosas extraordinarias, que exigen que la Iglesia de Francia se organice bien para poder estar a la altura del desafío. El Concilio provincial de Île-de-France, al que espero que el Papa pueda dirigirse, forma parte de las iniciativas que estamos tratando de emprender precisamente para afrontar este desafío. Se trata de una cuestión de formación y de acompañamiento. Entre estos aspectos muy positivos, se nota también el renacimiento de las peregrinaciones y la importancia que han adquirido los santuarios marianos de nuestro país. Y también hay aspectos más delicados. Veo, por ejemplo, en las zonas rurales comunidades bastante envejecidas. También la Iglesia de Francia se enfrenta a esta situación. Hemos vivido también la crisis de los abusos, incluso los sexuales, en la Iglesia. La hemos superado, pero no ha terminado; aún queda mucho trabajo por hacer, mucho respeto que expresar. El Papa es muy consciente de todo esto. Por eso viene a escucharnos, a animarnos, a darnos también una hoja de ruta para que podamos continuar nuestra misión en comunión con la Iglesia universal. Todo esto es muy importante y creo que cuatro meses, de aquí a finales de septiembre, no son demasiados para prepararnos para esta visita.
Usted ha mencionado, Eminencia, las dificultades que la Iglesia de Francia se ha comprometido a afrontar. ¿Considera esta visita como un estímulo para todo el trabajo que se ha realizado para abordar estas cuestiones difíciles?
Sí. Lo veo en los diversos momentos en los que he podido preparar personalmente este viaje junto con el Papa. Veo que es precisamente con este espíritu con el que ya hemos comenzado a trabajar. Seguiremos haciéndolo, pero creo que también es importante que la Iglesia en Francia aproveche la gracia que se le concede con la visita del Sucesor de Pedro. Debemos prepararnos, debemos releer lo que estamos viviendo. Debemos preparar nuestros corazones, dejar que el Espíritu Santo los prepare, porque debemos estar disponibles para lo que esta visita del Papa significará para nosotros, para su palabra, para su mensaje. También debemos prepararnos para poder explicarle bien lo que vivimos, para que él pueda comprenderlo bien, hacerlo suyo, de modo que, a su vez, a través de su ministerio y su magisterio, pueda darnos una hoja de ruta para los años venideros.
La Santa Sede aún no ha publicado el programa de esta visita. Sin embargo, en un comunicado anterior, la Iglesia de Francia declaró que espera al Papa tanto en París como en Lourdes…
Sí, eso es lo que se piensa. Es muy importante que el Papa esté en París. También visitará la sede de la UNESCO, y debería ir también a Lourdes, otra parada importante. Todavía queda algo de espacio en su agenda y veremos cómo se pueden organizar las cosas. En breve se realizarán visitas preliminares. Nos permitirán aclarar mejor la viabilidad de otros encuentros. No olvidemos que este viaje es muy breve. Posteriormente, el Papa seguramente tendrá otras ocasiones de venir a Francia, si Dios le concede vida y salud.
Se prevé, por tanto, una intervención en la sede de la UNESCO, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura. A lo largo de su primer año de pontificado, León XIV se ha pronunciado en varias ocasiones sobre estos ámbitos, evocando el carácter fundamental de la educación, la complementariedad entre ciencia y fe, y presentando la cultura como un puente hacia la fraternidad y la paz.
Este encuentro previsto en la UNESCO refleja temas importantes para la Iglesia, que se entrelazan. Sobre las relaciones entre fe y razón, por ejemplo, el Papa Benedicto XVI nos había animado mucho a trabajar durante un viaje a Francia (del 12 al 15 de septiembre de 2008). Y luego, también la Doctrina social de la Iglesia, que une además la eficacia de la fe cristiana, la forma en que esta se expresa concretamente en la vida… La UNESCO es también educación. La Iglesia de Francia ha decidido dedicarse durante tres años al tema de la educación porque abarca muchos aspectos, y en particular a las familias. Es una temática muy importante no solo para la Iglesia, sino para la sociedad francesa. El enfoque que hemos adoptado —y tuve la oportunidad de explicarle todo esto al Papa— consiste en considerar cuáles son los tesoros de la Iglesia, en particular a través de sus numerosas congregaciones educativas, como la de Don Bosco u otras, que debemos poner en común; y luego también hay que releer lo que hemos hecho con estas intuiciones, las cosas que aún debemos mejorar. Tenemos mucho trabajo por delante. Nuestro enfoque quiere proponer a otros actores del mundo de la educación, que no comparten la fe cristiana, la posibilidad de sentarse a la misma mesa y dialogar sobre los desafíos que el mundo de la educación debe afrontar hoy. La UNESCO, que reúne ciencia, cultura y educación dentro de una institución internacional, en un momento en que los elementos del derecho internacional necesitan ser reafirmados, representa una etapa muy importante.
Para León, el viaje apostólico a Francia representa el quinto y ya el tercero en Europa. Una Europa que está viviendo un período convulso, tal vez incluso un momento de inflexión en su historia, evidente en la compleja fragmentación del mundo y en la multiplicación de las guerras. ¿Se espera a León XIV en Europa?
Escucharemos lo que tenga que decir a Europa. Un viaje a un país es al mismo tiempo un mensaje del Papa a la Iglesia y a la población de ese país, pero también es un mensaje dirigido a la Iglesia universal y a los hombres y mujeres de buena voluntad de todo el mundo. En este país nos han marcado las guerras en Europa y nos ha marcado también la increíble fuerza de la reconciliación como vector de paz, tras los numerosos daños causados por guerras sucesivas. Esta situación que se vivió en Europa en el siglo XX, con las peores atrocidades que se puedan imaginar, no impidió que se desarrollara un proceso de reconciliación hasta el punto de ser el origen de un proyecto económico y político impulsado por hombres que, por cierto, eran cristianos, como Alcide De Gasperi, Konrad Adenauer y Robert Schuman por parte de Francia, entre otros. Pero la intuición cristiana permitió que la reconciliación entre pueblos que se habían hecho la guerra en repetidas ocasiones fuera también el motor de la construcción de un proyecto político, aunque el proyecto político no siempre esté a la altura de la intuición que lo impulsó, que lo hizo nacer. Creo que hoy es importante, debido al contexto en el que nos encontramos —y el Papa lo ha subrayado suficientemente—, trabajar por la paz, aprovechar esta experiencia europea, no única, pero sí bastante significativa, para valorar la importancia del testimonio de Europa y de la fuerza de la reconciliación para la construcción de la paz en el mundo.
Fuente: Vatican News






