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Te Deum por la Independencia: un llamado a la unidad, la libertad y el compromiso con el bien común

En la Catedral San Rafael Arcángel, el Administrador Apostólico de la Diócesis de San Rafael presidió el Te Deum por el Día de la Independencia y reflexionó sobre la historia argentina, la fraternidad social y los desafíos actuales para construir una Patria más justa.

En el marco de los actos oficiales por el Día de la Independencia, este 9 de julio de 2026 se celebró el Te Deum en la Catedral San Rafael Arcángel, presidido por el Administrador Apostólico de la Diócesis de San Rafael, Monseñor Marcelo Mazzitelli. 

La celebración contó con la presencia de autoridades municipales, representantes de distintas instituciones de la comunidad y banderas de ceremonia pertenecientes a diversas fuerzas policiales y de seguridad, que acompañaron con solemnidad el Te Deum celebrado en la Catedral San Rafael Arcángel en el marco de los actos oficiales por el Día de la Independencia.

Durante la homilía, el prelado invitó a los presentes a recordar el significado histórico de la declaración de 1816 y a renovar el compromiso ciudadano con la libertad, la justicia y el bien común. 

“Nos reunimos en este día en que recordamos la Independencia de nuestra Nación declarada en San Miguel de Tucumán el 9 de julio de 1816, un hito en el largo, complicado y doloroso camino de la conformación de nuestra Nación”.

También destacó el carácter profundamente espiritual de la fecha patria:

“Este día magno de nuestra historia, como lo expresa el Acta, fue puesto bajo la protección de Dios cuando señala que el Congreso General invoca al Eterno que preside el universo”.

 

La historia como guía para el presente

El Administrador Apostólico recordó que la independencia argentina no estuvo exenta de tensiones, intereses contrapuestos y desafíos políticos. En ese sentido, remarcó que la historia debe servir como herramienta de discernimiento para interpretar el presente.

“Nuestra historia se ha escrito con pensamiento, luchas y con fe. Después de 210 años seguimos dando gracias a Dios, invocando su protección, a Él que es el Señor de la historia”.

Al reflexionar sobre la realidad nacional actual, señaló:

“Con dolor constatamos que estas emociones son momentos de tregua que se diluyen en desencuentros y enfrentamientos que erosionan nuestro destino como Nación”.

Y agregó:

“Nuestro pueblo está cansado de crisis cíclicas y sus consecuencias, agotando las innumerables oportunidades que ofrece nuestro país tan rico en recursos y talentos”.

Fraternidad, justicia social y bien común

Uno de los ejes centrales de la homilía fue el llamado a construir una sociedad basada en la fraternidad y la justicia social, valorando la diversidad de pensamiento y procurando siempre el bien común.

“Como creyentes nos descubramos interpelados a comprometernos desde la fe, a construir junto a los hombres y mujeres de buena voluntad, una Nación desde la fraternidad, con justicia social, valorando la diversidad de pensamiento para procurar el bien común”.

Asimismo, sostuvo:

“Aún desde distintas posiciones en nuestra sociedad plural, escuchándonos podemos compartir el mismo sueño luchando para hacerlo realidad”.

La verdadera independencia

El prelado también invitó a profundizar el concepto de independencia, no solo en términos territoriales, sino también éticos, sociales y culturales.

“Celebrando este día vale que nos preguntemos si somos independientes. No basta quedarse en la territorialidad para afirmar una soberanía”.

En ese marco, planteó interrogantes sobre la libertad frente a poderes económicos, ideológicos y políticos que pueden condicionar la vida de la Nación.

“¿Somos independientes de potencias extranjeras o nos sometemos a intereses de los que atentan contra nuestra integridad territorial entregando recursos y tierras indiscriminadamente?”.

También advirtió sobre amenazas internas a la libertad:

“Nuestra Independencia y nuestra libertad no solo se pueden ver amenazadas desde afuera sino también internamente. Lo es cuando aparecen autoritarismos disfrazados de pseudo-mesianismos o caudillismos”.

Una libertad al servicio de los demás

La homilía subrayó que la libertad auténtica está vinculada al servicio y al amor al prójimo, en línea con la enseñanza de san Pablo.

“La libertad no se erige como una realidad absoluta, sino como un instrumento para alcanzar nuestro fin, que es Dios, eligiendo el bien”.

Y añadió:

“Se es libre cuando entendemos que nuestra vida es para los otros, es servir a los hermanos, no para encerrarla en un egoísmo individualista que desfigura nuestra humanidad”.

Escuchar el clamor del pueblo

En otro pasaje de la homilía, el Administrador Apostólico recordó la frase del Acta de la Independencia que habla del “clamor del territorio entero” y la relacionó con la responsabilidad actual de escuchar las necesidades de la sociedad.

“Quienes hoy somos corresponsables en sostener la Independencia ejerciendo una libertad solidaria para construir el bien común, debemos estar prontos a escuchar los clamores de nuestra sociedad, de nuestro pueblo”.

Un llamado final a la esperanza

Al concluir, el prelado retomó palabras del Papa León XIV para destacar la fuerza transformadora del amor cristiano y convocó a trabajar por una Patria más fraterna.

“El amor cristiano supera cualquier barrera, acerca a los lejanos, reúne a los extraños, familiariza a los enemigos, atraviesa abismos humanamente insuperables”.

Finalmente, expresó:

“Como Iglesia que no pone límites al amor, queremos junto a los hombres y mujeres de buena voluntad de nuestra bendita Patria, seguir defendiendo nuestra Independencia y libertad comprometiéndonos a construir una Patria más justa y más fraterna”.

La celebración concluyó con una oración por la Argentina y una renovada súplica por la paz, el diálogo y la esperanza en la vida de la Nación.

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