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21 octubre 2021

Papa: “Escuchar la Palabra y ponerla en práctica cada día”

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Este domingo 12 de julio, el Papa Francisco compartió la oración del Ángelus ante cientos de peregrinos presentes en la Plaza de San Pedro en Roma.

Retomando el texto del Evangelio de Mateo 13,1-23, en el que Jesús cuenta a una gran multitud la parábola del sembrador, el Obispo de Roma, identificó en el texto cuatro maneras de acoger la Palabra de Dios: como un camino, como un pedregal, como un terreno donde crecen arbustos y como el terreno bueno.

Acoger la palabra de Dios como un camino donde vienen los pájaros y se comen las semillas. Aquí, dijo Francisco, “Es la distracción, un gran peligro de nuestro tiempo. Acosados por tantos chismorreos, por tantas ideologías, por las continuas posibilidades de distraerse dentro y fuera de casa, se puede perder el gusto del silencio, del recogimiento, del diálogo con el Señor, tanto como para arriesgar perder la fe”.

En el pedregal no abunda la tierra, afirmó el Papa, “Allí la semilla brota en seguida, pero también se seca pronto, porque no consigue echar raíces en profundidad. Es la imagen del entusiasmo momentáneo pero que permanece superficial, no asimila la Palabra de Dios. Y así, ante la primera dificultad, un sufrimiento, una turbación de la vida, esa fe todavía débil se disuelve, como se seca la semilla que cae en medio de las piedras”.

En el terreno donde abundan los arbustos espinosos, las espinas se constituyen en el engaño de la riqueza, del éxito, de las preocupaciones mundanas… Ahí la Palabra se ahoga y no trae fruto”.

Finalmente, el terreno bueno. Aquí enfatizó Francisco, “y solamente aquí la semilla arraiga y da fruto. La semilla que cae en este terreno fértil representa a aquellos que escuchan la Palabra, la acogen, la guardan en el corazón y la ponen en práctica en la vida de cada día”.

“La parábola del Sembrador nos recuerda que la Palabra de Dios es una semilla que en sí misma es fecunda y eficaz; y Dios la esparce por todos lados con generosidad, sin importar el desperdicio. ¡Así es el corazón de Dios! Cada uno de nosotros es un terreno sobre el que cae la semilla de la Palabra, ¡sin excluir a nadie!”.

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