Vaticano

León XIV: que la liturgia alimente la fe, generando caridad fraterna y paz

En un mensaje firmado por el secretario de Estado, el cardenal Parolin, el Papa saluda a los participantes en la 76.ª Semana Litúrgica Nacional, que se celebra en Catania del 24 al 27 de agosto, y subraya la «particular importancia» que el tema elegido, liturgia e iniciación cristiana, reviste hoy en la vida de la Iglesia. El Pontífice anima a los responsables de la pastoral a enseñar la «riqueza de los gestos litúrgicos», de los que brotan «comunión» y «reconciliación».

Daniele Piccini – Ciudad del Vaticano

Solo una fe que brota y se forja en la liturgia es capaz de llegar a los «caminos de la humanidad» y llevar «frutos de bien, de reconciliación y de paz». Este es el corazón del mensaje, firmado por el secretario de Estado, el cardenal Pietro Parolin, que León XIV hace llegar, a través del arzobispo metropolitano de Catanzaro, monseñor Claudio Maniago, a los participantes en la 76.ª Semana Litúrgica Nacional, que se celebra en Catania del 24 al 27 de agosto. El Pontífice define el tema del encuentro, «Una Iglesia que genera. Liturgia e iniciación cristiana», como de «particular importancia», vinculándolo con las palabras que dirigió a los obispos italianos durante la 82.ª Asamblea General de la Conferencia Episcopal Italiana.

La Iglesia nace de la liturgia y la catequesis

La iniciación cristiana, basada en la propuesta catequética, argumenta el obispo de Roma, no debe concebirse como una mera «preparación para los Sacramentos», sino que debe ser más bien el «seno» en el que una comunidad engendra a la fe e «introduce en la vida pascual». Precisamente esta sinergia entre catequesis y celebración caracterizó los orígenes de la vida de la Iglesia: los hermanos recibían, por una parte, «la enseñanza de los Apóstoles» y, por otra, partían juntos el pan, «en la comunión». Por ello, León XIV invita a volver a esta fuente, «reforzando y, donde sea necesario, recuperando, en la formación cristiana, el valor de la Liturgia, en la que el misterio de Cristo nos toma, nos transforma y nos hace nacer como criaturas nuevas».

Un tema que el propio Pontífice ha elegido profundizar en sus catequesis semanales, durante la audiencia general de los miércoles, centradas en los grandes documentos del Concilio Vaticano II, entre ellos elSacrosanctum Concilium: la constitución conciliar que pone de relieve cómo la «liturgia cristiana» no es un simple «revestimiento exterior del misterio sacramental», sino «la mediación eclesial a través de la cual nos alcanza el don divino». De ahí la importancia de recuperar la «gestualidad» y la «simbología litúrgica», educando al pueblo de Dios —y especialmente a quienes dan sus primeros pasos en el camino de la fe— en estilos celebrativos que «favorezcan la apertura del corazón a la acción actual y real de Dios en nosotros».

Una celebración auténtica produce frutos de caridad

La liturgia celebrada por la Iglesia es una educación continua para la comunión. Para que esta transmisión sea eficaz, es necesario enseñar a cultivar la «sobria solemnidad de los gestos litúrgicos», ayudando a las personas a comprender el significado de los ritos «en toda su riqueza». La piedra de toque de la autenticidad de toda celebración, como reafirmaba el papa Francisco en la carta apostólicaDesiderio desideravi, es su capacidad de evangelizar, es decir, de producir, en último término, un «testimonio de la caridad».

Pero la liturgia es también «lugar privilegiado de escucha de la Palabra de Dios», que la Iglesia ofrece a los fieles proclamando y explicando los textos sagrados. En esto, observa el Pontífice, el Concilio Vaticano II realizó una enorme contribución al «enriquecimiento de la cantidad y variedad de los textos», un patrimonio del que hay que «hacer tesoro». Es «fundamental» darlo a conocer a quienes se acercan a la iniciación cristiana, proporcionándoles instrumentos interpretativos adecuados que les permitan «beber frecuentemente» de la riqueza de la Palabra.

Al término del mensaje —antes de encomendar a la intercesión de María el «pleno éxito» de los trabajos de la asamblea—, el Papa resume las actitudes necesarias para que la liturgia pueda representar un «espacio generativo» de la iniciación cristiana. Los responsables de la pastoral deben «tener en el corazón» la acogida, enseñar el significado de los misterios sagrados y velar por la capacidad de la celebración litúrgica de producir verdaderamente frutos concretos en la vida, promoviendo la caridad y la reconciliación.

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