Vaticano

El «hijo de San Agustín» convertido en Pontífice de la Iglesia universal

Religioso de la Orden de San Agustín, León XIV, haciendo tesoro de la experiencia y las enseñanzas del obispo de Hipona, en la búsqueda de Dios, en el deseo de imitar a Cristo, en la fraternidad y en el servicio a la Iglesia, vive plenamente el carisma de la familia agustiniana. Ha mantenido los ritos y devociones propios de la Orden y, en ocasiones, se ha reunido con sus hermanos para momentos de convivencia. Su invitación a tender puentes de diálogo y a respetar las diferencias.

Tiziana Campisi – Ciudad del Vaticano

«Soy agustino, un hijo de san Agustín ». Así se presentó León XIV ante el mundo el 8 de mayo de 2025, desde el balcón del Aula de las Bendiciones de la Basílica de San Pedro, revelando su identidad espiritual. Robert Francis Prevost es un religioso de la Orden de San Agustín, de la que forma parte desde el 2 de septiembre de 1978, día de su primera profesión de los votos de pobreza, castidad y obediencia, y lo que caracteriza su camino en el seguimiento de Cristo es el pensamiento y la teología del obispo de Hipona, padre de la Iglesia. Como ya quedó patente en las primeras palabras pronunciadas hace un año, poco después de ser elegido Papa: «Con ustedes soy cristiano y para ustedes obispo». Una cita de su «mentor» (Discurso 340) que resume el sentirse parte de la comunidad de creyentes, al igual que los demás, y la conciencia de la responsabilidad como pastor, expresada en el presente.

«En este sentido podemos caminar todos juntos hacia esa patria que Dios nos ha preparado», exhortó el 267º Pontífice, indicando cómo comprometernos para «buscar juntos cómo ser una Iglesia misionera, una Iglesia que construye puentes dialogando, siempre abierta a recibir con los brazos abiertos a todos, a todos aquellos que necesitan nuestra caridad, nuestra presencia, diálogo y amor». Un programa que resume todo el compromiso de Agustín en sus más de treinta años de ministerio episcopal, durante los cuales se ha dedicado a sus fieles, ha combatido las herejías sin excluir la confrontación en las disputas teológicas, siempre ha dialogado con todos y se ha preocupado por los pobres y los necesitados.

El vínculo con lafamilia agustina

Y León XIV es un Papa profundamente agustino que, haciendo tesoro de la experiencia y las enseñanzas del obispo de Hipona, en la búsqueda de Dios, en el deseo de imitar a Cristo, en la fraternidad y en el servicio a la Iglesia, vive plenamente el carisma de su familia religiosa a la que está muy unido, hasta el punto de no haber renunciado a los momentos de convivencia con los hermanos. De hecho, en los agustinos es fuerte el sentido de comunidad y la característica fundamental es el compartir. Un vínculo que también se manifiesta en las tradiciones y los ritos propios de la Orden de San Agustín que el Pontífice ha mantenido.

Los lugares de culto queridos por el Pontífice

No es casualidad que, dos días después de su elección al trono pontificio, León XIV se dirigiera al Santuario de la Madre del Buen Consejo, en Genazzano, a las puertas de Roma, confiado desde hace siglos al cuidado pastoral de los agustinos. A María —presencia maternal a lo largo de toda su vida «con su sabiduría y el ejemplo de su amor por el Hijo, que es siempre el centro de mi fe, camino, verdad y vida», como escribió en el Libro de firmas del Santuario—, el Papa pidió que le acompañara en su «nueva misión».

La amistad con las monjas

Y el 20 de noviembre del año pasado, tras reunirse en Asís con los obispos italianos, al término de la 81ª asamblea general de la Conferencia Episcopal, quiso acudir al Monasterio de Santa Clara en Montefalco, para visitar a las monjas agustinas que había conocido en los años ochenta, cuando estudiaba Derecho Canónico en Roma, pero también para rezar a la santa conocida como «de la Cruz». El Pontífice la siente cercana por haber nacido el día en que se celebra la Exaltación de la Cruz y por haber sido ordenado diácono en una parroquia dedicada a Clara de Montefalco.

El deseo de unidad en la Iglesia

Desde el primer momento, además, en las homilías y discursos del Papa se repiten los temas agustinianos de la interioridad, de Cristo —corazón del anuncio de la Iglesia—, de la amistad, del diálogo y de la unidad, auspiciada también a través del lema – In Illo uno unum, tomado de un sermón San Agustín sobre el Salmo 127 – del escudo papal, donde la huella agustiniana se refleja además en el emblema que resume la experiencia de la conversión del santo númida: el corazón que arde inflamado por la flecha de la Palabra.

Tender puentescon san Agustín

Y siguiendo los pasos de san Agustín, León XIV realizó su viaje pastoral a Argelia, del 13 al 15 de abril pasado, convencido de que el padre de la Iglesia «sigue siendo hoy una figura de gran relevancia, ya que sus escritos, su enseñanza, su espiritualidad y su invitación a buscar a Dios y a buscar la verdad son elementos muy necesarios en nuestro tiempo», tal y como declaró a los periodistas durante el vuelo que le llevaba de Argel a Yaundé, añadiendo que su visión ofrece pistas «para buscar la unidad entre todos los pueblos y el respeto por todos los pueblos a pesar de las diferencias». Y dentro de poco más de un mes tendrá lugar un nuevo homenaje a San Agustín, en Pavía, donde se encuentran sus reliquias. Allí, el 20 de junio, el Pontífice agustino unirá idealmente las dos orillas del Mediterráneo, uniéndolas con ese puente de diálogo iniciado en tierra argelina, la tierra de Agustín.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba