Nuestra Iglesia

Difundan la alegría del Evangelio, alentó el Papa a los católicos de Bahréin

Antes de despedirse de Bahréin, Francisco exhortó a los consagrados a dejar fluir los dones del Espíritu Santo, que es fuente de alegría, de unidad y de profecía.

El papa Francisco concluyó su visita apostólica al Reino de Bahréin con un encuentro de oración y rezo de la oración mariana del Ángelus con los obispos, sacerdotes, seminaristas y agentes pastorales en la Iglesia del Sagrado Corazón en Manama

Una comunidad cristiana con carácter “católico”, es decir, universal, porque está formada por personas que vienen de diversas regiones del mundo. Todos pertenecen al vicariato apostólico de Arabia del Norte, donde hay unos 60 sacerdotes y más de 1.300 catequistas que trabajan entre los cerca de 2 millones de católicos presentes en Bahrein, Kuwait, Qatar y Arabia Saudita.

De ahí que el pontífice insista en recordarles que el primer testimonio es la unidad: “¡Tratemos de ser custodios y constructores de unidad! Para ser creíbles en el diálogo con los demás, vivamos la fraternidad entre nosotros”, pidió Francisco a los consagrados y los alentó a empezar a hacerlo en las comunidades, casas religiosas, familias sociedad: «Estemos siempre abiertos al diálogo”, exhortó.

El Santo Padre llegó en silla de ruedas hasta el presbiterio de esta pequeña iglesia abarrotada, donde fue recibido con cantos populares y escuchó las palabras de bienvenida del administrador apostólico de Arabia del Norte, monseñor Paul Hinder y de una laica y una religiosa. 

En su último discurso del viaje Francisco quiso mostrar su cercanía a todos los pueblos de Medio Oriente que sufren. “Es hermoso pertenecer a una Iglesia formada de historias y rostros diversos que encuentran armonía en el único rostro de Jesús”, aseguró.

El Papa explicó a continuación que la Iglesia “nace del costado abierto de Cristo, de un baño de regeneración en el Espíritu Santo”. 

En esta línea, habló de “tres grandes dones” que el Espíritu Santo nos da y nos pide que acojamos y vivamos: la alegría, la unidad y la profecía. 

Fuente de alegría
Por una parte, “el Espíritu es fuente de alegría”. Tras explicar que “la alegría del Espíritu no es un estado ocasional o una emoción del momento”, ha indicado que nace de la relación con Dios, “de saber que, aun en las dificultades y en las noches oscuras no estamos solos, perdidos o derrotados, porque Él está con nosotros”.

Así, les ha pedido a todos los asistentes que ya viven esa alegría en comunidad: “Consérvenla, más aún, multiplíquenla. ¿Y saben la mejor manera? Dándola”. De esta forma explicó que es necesario que la alegría no decaiga en las comunidades cristianas: “que no nos limitemos a repetir gestos por rutina, sin entusiasmo, sin creatividad”.

“Es importante que, además de la liturgia, particularmente en la celebración de la misa, fuente y cumbre de la vida cristiana, hagamos circular la alegría del Evangelio también a través de una acción pastoral dinámica, especialmente para los jóvenes, las familias y las vocaciones a la vida sacerdotal y religiosa”, indicó.

Fuente de unidad
Por otra parte, el Espíritu Santo es fuente de unidad. “Las divisiones del mundo, y también las diferencias étnicas, culturales y rituales no pueden dañar o comprometer la unidad del Espíritu” ha pedido, recordando que “su fuego destruye los deseos mundanos y enciende nuestras vidas con ese amor acogedor y compasivo con el que Jesús nos ama”.

Así, cuando esto sucede hay unidad. “El Espíritu del Resucitado se convierte en esa fuente de unidad y de fraternidad, rompe las barreras de la desconfianza y libera del miedo”, explicó. Es de esta forma como el Espíritu modela a la Iglesia desde sus orígenes: “Desde Pentecostés las procedencias, las sensibilidades y las diferentes visiones se armonizan en la comunión, se forjan en una unidad que no es uniformidad. Si hemos recibido el Espíritu, nuestra vocación eclesial es principalmente la de cuidar la unidad y cultivar el conjunto”.

El primer testimonio que podemos dar al mundo es el de la unidad. El Papa insistió: “¡Tratemos de ser custodios y constructores de unidad! Para ser creíbles en el diálogo con los demás, vivamos la fraternidad entre nosotros. Hagámoslo en las comunidades, valorando los carismas de todos sin mortificar a nadie; hagámoslo en las casas religiosas, como signos vivos de concordia y de paz; hagámoslo en las familias, de modo que el vínculo de amor del sacramento se traduzca en actitudes cotidianas de servicio y de perdón; hagámoslo también en la sociedad multirreligiosa y multicultural en la que vivimos”. 

De esta forma, en el marco de una región como la del Golfo Pérsico el Papa exhortó: “Estemos siempre en favor del diálogo, seamos tejedores de comunión con los hermanos de otros credos y confesiones. Sé que en este camino ustedes ya dan un hermoso ejemplo, pero la fraternidad y la comunión son dones que no debemos cansarnos de pedir al Espíritu, para rechazar las tentaciones del enemigo, que siempre siembra cizaña”.

Fuente de profecía
Por último, el Espíritu es fuente de profecía. Los profetas, que son personas que Dios llama, consagra y envía en medio del pueblo para que hablen en su nombre, reciben la “luz interior que los hace intérpretes atentos de la realidad”. De esta forma el Papa pasó a recordar que “también nosotros tenemos esta vocación profética”. Por eso, “no podemos fingir que no vemos las obras del mal, quedarnos en una vida tranquila par no ensuciarnos las manos”.

El Papa terminó agradeciendo estos días a quien han preparado, al Rey y las autoridades por su exquisita hospitalidad: “Los animo a seguir con constancia y alegría su camino espiritual y eclesial”.

Al finalizar su discurso, el papa Francisco dirigió el rezo del Ángelus ante los presentes en la iglesia del Sagrado Corazón y pidió por la paz en Ucrania.

Por último, antes de desplazarse hasta el aeropuerto, realizó una visita privada a la catedral y llegó a la base aérea de Sakhir, para poner rumbo a Roma.

Fuente
https://aica.org/

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