Nuestra Iglesia

Corpus Christi. Monseñor Taussig: La Iglesia atraviesa la prueba de la unidad

“La Fiesta del Cuerpo de Cristo es la Fiesta de la Eucaristía y de la Iglesia, es la Fiesta de la presencia del hijo de Dios en la Iglesia y en la Eucaristía. Por eso habitualmente solemnizamos la celebración de la Misa con una gran procesión que este año en nuestra ciudad ni siquiera podemos hacerla en una caravana de autos como en Alvear y Malargüe”, explicó Taussig al iniciar su homilía.

“Asumimos y respaldamos las decisiones de las autoridades de cada ámbito que en este tiempo de pandemia tienen su incumbencia y merecen sus respetos pero nos priva”, agregó.

“Hoy como Iglesia atravesamos el desierto de la pandemia, en el Libro del Deuteronomio el desierto es el lugar de la prueba, y hoy tenemos muchas pruebas: la prueba del encierro que genera tanta tensión en nuestras familias, en nuestra ciudad tenemos la prueba de la angustia ante este enemigo desconocido que toca a los reyes y primeros ministros, pero golpea muchos más a los pobres”, especificó.

Luego el obispo se refirió a las pruebas eclesiales, “no hemos podido durante tiempo celebrar la Eucaristía con ustedes, pueblo de Dios. Ha habido dificultades para acercarse a la comunión y ahora lo hacemos de un solo modo”, haciendo referencia al decreto, que establece que la comunión debe ser dada en la mano. “Se pone a prueba la unidad de la Iglesia, la obediencia y docilidad al pastor. Se pone a prueba nuestra humildad y nuestra capacidad de rechazar las insidias del demonio, que muchas veces se vale bajo especie de bien de cosas muy nobles para sembrar la cizaña de la división, arrogancia, soberbia, etc.”, afirmó.

Por eso esta Fiesta del Cuerpo de Cristo “nos invita a amar el tesoro que Dios nos dio y a cuidarlo en la Eucaristía, el Pan de la Vida Eterna, el Cuerpo Sacramental de Jesús y a cuidarlo en su Cuerpo Místico, en su presencia en la Iglesia, en esa unidad que todos formamos, porque comemos del mismo pan, bebemos del mismo cáliz”.

“Que bueno seria que con el cuidado y la  delicadeza que tratamos el cuerpo de Jesús en la Eucaristía, con el mismo cuidado y delicadeza tratemos el cuerpo de la Iglesia, en todos sus miembros, en cada uno de sus hermanos”, dijo en tono reflexivo.

“Le pedimos al Señor que ese amor que nutre la Eucaristía, sea lo que reine en nuestros corazones. Que este ápice del amor de Dios que nos regala en el sacramento nos mueva a todos a la mayor excelencia de nuestra caridad. Para que sea la caridad, el amor, lo que nos haga fuertes en el cuerpo de la Iglesia, y que nos ayude después a llevar ese amor de la Trinidad, que nos ha regalado a nuestros hermanos. A llevarlo en el testimonio y en la misión, a llevarlo en la caridad y en amor por las más pobres, por los más cercanos, por aquellos que Dios pone en nuestro camino para que nosotros también llevamos el regalo que nos dio a todos”. 

“Que el Señor en su Fiesta nos conceda esta gracia y nos permita entonces con esperanza y alegría, con confianza y serenidad, con paciencia y mucho amor, caminar por el desierto de estos momentos con la seguridad, que Él quiso quedarse con nosotros, que está con nosotros y que cuenta con nosotros”, concluyó.

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