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Artémides Zatti patrono de los enfermeros y enfermeras argentinas

Mons. Urbanc anhela que la figura de este santo sea modelo y ejemplo para los enfermeros y enfermeras. Que su imagen se difunda en los centros de salud y para devoción de los enfermos.

En el marco de la 121° Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Argentina, los obispos nombraron a san Artémides Zatti patrono de los enfermeros y enfermeras de la Argentina a propuesta de la Comisión episcopal para la Pastoral de la Salud que consideró que las virtudes y la vida del santo enfermero de la Patagonia, pueden ser “modelo y ejemplo inspirador” para los que ejercen esta noble profesión.

“Desde que el papa Francisco dio a conocer que iba a canonizar a Artémides Zatti, nos vino a la mente que él tenía que ser el patrono de los enfermeros de nuestro país. Lo conversamos, se le planteó a la comisión ejecutiva de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA) y la propuesta se sometió a la votación del plenario del episcopado que votó unánimemente a favor”, contó a AICA, el presidente la Comisión episcopal para la Pastoral de la Salud de la CEA, monseñor Luis Urbanc.

El también obispo de Catamarca celebra este patronazgo y anhela que la figura y devoción a Zatti, “que se distinguió por ser un gran enfermero en la Viedma de inicios del siglo XX reconocido por todos, hasta el día de hoy”, pueda difundirse en el país, especialmente entre los que ejercen la enfermería, atienden a enfermos e incluso entre los mismos enfermos. Al respecto comentó que ya circula una estampa del santo, realizada por los jóvenes salesianos, que comenzaron a difundirla entre los enfermeros.

Disponibilidad, capacitación y espíritu de servicio
Monseñor Urbanc destacó algunas de las virtudes que el santo argentino puso de manifiesto a lo largo de vida y como enfermero, que pueden ser “inspiración y ejemplo” para los que ejercen esta profesión.

“En primer lugar, destacó el prelado, su disponibilidad” y explicó: “Eso le quedó muy marcado a partir de haber experimentado él, por intercesión de María Auxiliadora la curación de su tuberculosis. Y decidió entregar el resto de su vida al cuidado de los enfermos”.

Y agregó el obispo de Catamarca: “Junto a la disponibilidad, la capacitación. Él se formó, recibió títulos, se capacitó para ejercer este servicio, no era un improvisado, no era alguien que solamente obraba por buena voluntad, sino que trataba de hacerlo lo mejor posible. Entonces esto es un detalle muy importante de la vida de Artémides”, destacó el obispo.

“También cultivó el espíritu de servicio”, dijo a AICA y contó que “cuando tenía que buscar un lugar donde dormir, buscó una habitación cuya ventana diera a la calle. Así cualquier persona, a cualquier hora del día que necesitara su servicio, podía llamarlo y él saber que lo estaban buscando para poder atender a un enfermo”.

El presidente de la Comisión para la Pastoral de la Salud destacó también otra característica de Zatti, que atendía a los enfermos “desde la integralidad de su persona. Desde su fe, desde su humanidad, desde las capacidades técnicas, desde la disposición moral, para hacer las cosas lo mejor posible. Y no hacía una vida disociada, que un tiempito era el enfermero y otro tiempo era el hermano coadjutor salesiano, en otro momento era el creyente, sino que en él se veía una total unidad de pensamiento y de obrar”, dijo monseñor Urbanc y lo consideró como “muy valioso en la persona de Zatti”.

Fuente
Aica

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