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«Ha resucitado nuestra esperanza»: El mensaje de Mons. Mazzitelli en la Santa Vigilia Pascual

Durante la solemne celebración en la Catedral San Rafael Arcángel, el Administrador Apostólico de la Diócesis invitó a los fieles a ser testigos del Resucitado frente a las "tumbas cerradas" de la injusticia y la guerra en nuestro tiempo. La liturgia estuvo marcada por el encendido del Cirio Pascual y la emotiva celebración de sacramentos de iniciación cristiana.

La comunidad diocesana de San Rafael se congregó en la Catedral San Rafael Arcángel para vivir la celebración más trascendental del calendario litúrgico: la Santa Vigilia Pascual. Presidida por el Administrador Apostólico, Mons. Marcelo Mazzitelli, la ceremonia fue una profunda invitación a renovar la fe y reconocer la presencia viva de Jesús en medio de las oscuridades del mundo contemporáneo.

De la oscuridad a la luz: la historia de salvación

La solemne noche comenzó con un elocuente signo litúrgico: el silencio y la oscuridad del templo, que poco a poco fueron quebrados por la luz del cirio pascual. En su homilía, Mons. Mazzitelli destacó cómo esta luz, anunciada como la luz de Cristo, ilumina la historia de salvación de Dios, una historia signada por la promesa inquebrantable de «que Dios caminaría con su pueblo».

El obispo repasó el dolor y el aparente final absoluto que significó el Calvario: «Todo parecía haber acabado. Solo quedó un cuerpo en una tumba. La creación calla sin saber que en esa tumba latía el misterio inefable que nadie ni siquiera podía imaginar». Sin embargo, recordó que frente al miedo y la muerte, emergió la voz del ángel ante las mujeres en el sepulcro para anunciar que Jesús había resucitado, transformando la tristeza en un desbordante Aleluya.

Volver a Galilea: el origen de nuestro encuentro

Haciendo eco de una reflexión del Papa Francisco, Mons. Mazzitelli explicó que la Pascua nos impulsa a ir hacia adelante, superando el sentimiento de derrota para «quitar la piedra de los sepulcros en los que a menudo encerramos la esperanza». Para lograrlo, el prelado señaló que es necesario «volver a Galilea», es decir, a ese momento fundante donde comenzó la historia de amor de cada creyente con Jesús y donde se escuchó el primer llamado.

Un nuevo testigo en la comunidad

La liturgia de la Vigilia Pascual también es por excelencia la noche de los sacramentos. En un momento de gran alegría comunitaria, el obispo se dirigió a Benjamín, un joven que recibió los sacramentos del Bautismo y la Confirmación. «Sos testigo de haber sido encontrado por el que vive. Experimentaste ese momento fundante que te hizo querer seguir al Señor», le expresó Mons. Mazzitelli, destacando que él también ha encontrado su propia Galilea y ahora es enviado a comunicar que el Señor vive.

Llevar la vida a las tumbas de nuestro tiempo

En el tramo final de su mensaje, Mons. Mazzitelli lanzó una fuerte exhortación a la acción y a la esperanza comprometida. Reconociendo que hoy los creyentes no pueden ver el sepulcro vacío físicamente como María Magdalena, subrayó que sí cuentan con la experiencia imborrable de «haber sido buscados, encontrados y amados» por Dios.

Frente a la dolorosa realidad del mundo actual, el prelado concluyó con un firme mandato misionero: «Hay tumbas y muchas tumbas cerradas en nuestro tiempo, donde la muerte espera lo nuevo de Dios. Guerras, injusticias, indiferencias, crueldades. Allí llevemos al Señor de la vida que nos amó y que nos envía a amar como él nos amó».


Homilía de Mons. Marcelo Mazzitelli

«que pudiéramos tener. Queridos hermanos, la belleza de la liturgia de esta solemne noche comenzó con el silencio y la oscuridad que fue iluminada por la entrada del sirio pascual que se expandió en los sirios que portamos, luz anunciada como luz de Cristo a la que respondimos con gratitud. Dispuestos a dejarnos abrazar por el misterio que celebramos con corazón abierto escuchamos la palabra que en este solemne día nos hizo presentes la historia de salvación de Dios y en su fidelidad y amor para con su pueblo. Marcado marcado y signado por la promesa de que Dios caminaría con él. Promesa cumplida en la persona de Jesucristo, el Dios con nosotros. Fue en Galilea que en la sinagoga que se proclamó este cumplimiento. Así Jesús inició su predicación tejida de encuentros que dejaron huellas en multitudes y en personas. Pedro y los otros apóstoles en su llamado El ciego Bartimeo, saqueo, el centurión, la pecadora, la mujer que había tocado su manto, el ciego de nacimiento. Todos aquellos que quedaron como testimonios de vidas transformadas por una mirada, por palabras y gestos que salvaron, perdonaron, haciendo presente la salvación, es decir, el amor de Dios. Sin embargo, la alegría y esperanza cumplida parecían frustradas en el del Calvario con la muerte de Jesús en soledad y en el abandono de muchos. Todo parecía haber acabado. Solo quedó un cuerpo en una tumba. La creación calla sin saber que en esa tumba latía el misterio inefable que nadie ni siquiera podía imaginar. María Magdalena y la otra María fueron al sepulcro. No nos dice evangelista, ¿para qué? Pero no nos equivocaríamos en pensar que fue para llorar la ausencia del maestro crucificado, así como lloramos la ausencia de los seres queridos que han partido, tal vez recogiendo en una memoria cordial su historia con él. Son sorprendidas por un temblor que derriba los centinelas que caen como muertos, pero ellas permanecen de pie. El miedo de la presencia del ángel es serenado por ese no tengan miedo. Buscan a Jesús crucificado, no está aquí, ha resucitado. Y allí, con temor reverencial, brota la alegría ante el anuncio del misterio que solo pide fe. Ellas crecieron, no necesitaron pruebas, estaba el testimonio. Queridos hermanos, hermanos, queda desbordada y que se hace aleluya. sobre cómo se fue realizada la resurrección, cómo pasó, cómo actuó Dios en la resurrección de Jesús.

Solo los signos de la ausencia, piedra quitada, tumba vacía, vendas y sudario plegado. Pero sí tenemos el testimonio de los que fueron encontrados por el del resucitado. Él nos contaron que él vive. Cuando estas mujeres corren a comunicar la alegría anunciada creyendo con su corazón, reciben una nueva invitación a la alegría cuando son buscadas y encontradas por el mismo Jesús. Abrazo y adoración se hicieron respuesta. Jesús las manda a avisar a los discípulos que los encuentre en Galilea. El Papa Francisco en una homilía señalaba que es lo que realiza la Pascua del Señor. nos impulsa a ir hacia delante, a superar el sentimiento de derrota, a quitar la piedra de los sepulcros en los que a menudo encerramos la esperanza. A mirar el futuro con confianza, porque Cristo resucitó y cambió el rumbo de la historia. Pero dice el Papa Francisco, para hacer esto, la Pascua del Señor nos lleva a nuestro pasado de gracia. nos hace volver a Galilea, allí donde comenzó nuestra historia de amor con Jesús, donde fue el primer llamado. Hoy, queridos hermanos, con el bautismo de Benjamín, que es alegría de toda la comunidad, celebramos un encuentro que transformó su vida, tu vida, Benjamín. Sos testigo de haber sido encontrado por el que vive. Experimentaste ese momento fundante que te hizo querer seguir al Señor. Tu viste tu Galilea, serás bautizado y confirmado. Con ello sos enviado, como aquellas mujeres, a comunicar que el Señor vive. Junto a vos renovaremos las promesas bautismales en la conciencia de participar de su muerte y resurrección. Como canta la secuencia pascual, a cada uno de nosotros se nos podría también preguntar como a María Magdalena, ¿qué viste? En el camino.

No podremos responder que hemos visto el sepulcro de Cristo viviente, ni los ángeles testigos del milagro. Pero sí, hermanos, hicimos experiencia de haber sido buscados, encontrados y amados. Hoy es para recoger esa historia de fe con el viviente al lado de nuestras vidas, con su presencia, con su amor, con su perdón. Por esto cantamos como Magdalena, ha resucitado mi esperanza. Mira en tu corazón la historia de Dios en tu vida, de Dios con vos.

Hermanos, alegres en la esperanza, vayamos como testigos del resucitado. Hay tumbas y muchas tumbas cerradas en nuestro tiempo, donde la muerte espera lo nuevo de Dios. guerras, injusticias, indiferencias, crueldades. Allí llevemos al Señor de la vida que nos amó y que nos envía a amar como él nos amó. Queridos hermanos, ha resucitado nuestra esperanza. Jesús ha resucitado. Aleluya.»

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