Sociedad

Mensaje final de la Semana Social 2022

Nos reunimos en esta Semana Social, en forma presencial en Mar del Plata, bajo el lema “Integración y trabajo para una patria de hermanos” con una fuerte convocatoria al diálogo, la integración humana y la creación de empleo digno.

En este tiempo particular de nuestro país advertimos que nos encontramos frente al enorme desafío de aumentar la creación de trabajo con un salario digno que sostenga su poder adquisitivo, reiterando que los planes sociales son necesarios en la coyuntura, hasta la consolidación de modelos de economía popular sustentables, pero que es imprescindible un verdadero plan de Desarrollo Humano Integral que incluya un proyecto de repoblación de nuestro país para encausar la angustiante necesidad de tierra, techo y trabajo que tiene gran parte de nuestro pueblo.

A lo largo del encuentro, se destacó en todo momento al trabajo digno como el gran ordenador de la vida humana y la felicidad, entendiendo que la posibilidad de acceder al mismo no es un problema individual; es la consecuencia de un modelo que debe anteponer la producción a la especulación, la distribución a la concentración y el acaparamiento, el bien común a la rentabilidad sectorial.

Recordamos que el empresario es una figura fundamental de toda buena economía. El verdadero empresario es el que conoce a sus trabajadores porque trabaja junto a ellos y con ellos. Escuchamos con atención a empresarios e industriales de todas las escalas, entre los cuales descubrimos coincidencias respecto de que no se puede generar empleo de buena calidad sin una presencia activa del Estado en apoyo a las empresas, en particular a las pymes, sobre la necesidad de construir consensos con articulación público/privado que genere estabilidad en las reglas. También se puso de relieve la oportunidad en nuestro país en las áreas de alimentos, minería, energía, turismo, servicios tecnológicos.

En lo político, prestamos atención a la necesidad de reconstruir la confianza en nuestro país y con ella, el sentido de pertenencia; de generar un acuerdo político, social y empresarial, buscando una visión superadora de la violencia ligada a la lucha por espacios de poder y que nos permita centrarnos en las verdaderas necesidades y búsquedas de nuestro pueblo; la necesidad de profundizar las políticas de redistribución del ingreso para cerrar la brecha social.

Escuchamos con preocupación los datos sobre la desigualdad económica en nuestra Patria, el modo en que la concentración excesiva de la riqueza en pocas manos desalienta el empleo nacional, estimula el ahorro fuera del país, el consumo externo y la fuga de divisas. Aunque se verifique crecimiento en la actividad económica o en el empleo, sigue habiendo un número inaceptable de hermanos en situación de pobreza.

Estamos convencidos de que la Patria es tarea de todos, en especial en este tiempo en nuestro país y en la región en que asistimos a una instigación permanente al odio y al desencuentro, que nos impide reconocernos como hermanos y dar pasos trascendentes en términos de unidad.

Necesitamos políticas públicas que salgan del cortoplacismo, necesitamos más responsabilidad y espíritu crítico ante el poderío mediático que, respondiendo a intereses económicos sectoriales, reduce la política al espectáculo o a la imagen privilegiando el rating, la descalificación, negando la discusión inteligente de las ideas y el discernimiento de la realidad.

También advertimos que es necesario defender el sistema democrático, teniendo presente que la administración de la vida en sociedad no es sólo tarea del poder político, sino que está condicionada también por otros poderes, como el judicial o el económico y que es tarea de todos cuidar la voluntad soberana del pueblo.

Como pastores a los que se nos confió esta tarea de iluminar la labor de la pastoral social del episcopado entendemos que no debemos cesar en todos los esfuerzos que sean necesarios para construir los acuerdos que permitan garantizar el trabajo digno y la integración para todos los habitantes de nuestro país.

“En el nombre de la fraternidad humana que abraza a todos los hombres, los une y los hace iguales” (FT285).

Señor, concédenos la sabiduría del diálogo y la alegría de la esperanza que no defrauda. Nos confiamos a nuestra Madre que, más que nunca desde Luján hoy nos dice: ¡Argentina! ¡Canta y camina!

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