Sociedad

Eutanasia: Acompañar al que sufre, no matarlo

La eutanasia es una “práctica alejada de la tarea más esencial de la medicina, que es siempre curar y, cuando esto no es posible, tratar y aliviar el dolor”. Así se define la eutanasia en el formato de preguntas y respuestas para la formación de los agentes de la pastoral sanitaria, elaborado por la Archidiócesis española de Sevilla, y que Manuel Sánchez de Heredia, delegado diocesano para la pastoral sanitaria, considera “necesario” para proporcionar unos conocimientos básicos sobre el tema. La organización católica denuncia, en primer lugar, cómo en este momento histórico, en el que “la medicina ofrece alternativas, como nunca antes, para tratar y asistir a los enfermos en la última fase de su vida”, resulta “especialmente contradictorio defender la eutanasia”.

Una respuesta al sufrimiento

El documento, por tanto, que se basa en el texto “Sembradores de esperanza”, publicado por la Conferencia Episcopal Española en 2019, explica lo que realmente necesitan “quienes sufren y afrontan el final de esta vida”, es decir, “ser acompañados, protegidos y ayudados a responder a las preguntas fundamentales de la existencia, afrontar su situación con esperanza, recibir cuidados con competencia técnica y calidad humana”, así como “ser acompañados por sus familiares y seres queridos y recibir consuelo espiritual”. Por lo tanto, a la luz de todo esto, “el suicidio asistido y la eutanasia no aportan soluciones a la persona que sufre”. Ambas prácticas, de hecho -continúa el documento- “incluyen la posibilidad de descartar al enfermo” y muestran “una falsa compasión ante la petición de ayuda para anticipar la muerte”. La Pastoral de la Salud subraya que no existe un verdadero debate social en la sociedad sobre la eutanasia y el suicidio asistido, sino que hay diversas campañas de propaganda a su favor, y nos encontramos con “un concepto de libertad concebido como una voluntad absoluta desvinculada de la verdad sobre el bien”.

Suprimir el dolor, no al paciente

A continuación, Sánchez de Heredia analiza en el documento algunos aspectos que caracterizan a estas campañas, que suelen presentar “casos límite” y utilizar eufemismos como “muerte digna”, “autonomía” o “liberación”. Frente a quienes afirman que la eutanasia alivia el “sufrimiento insoportable” de los enfermos, el delegado diocesano para la Pastoral de la Salud responde que “la experiencia clínica demuestra suficientemente que la solución no es la eutanasia, sino una atención humana y profesional adecuada”, que es el objetivo de los cuidados paliativos. A los que argumentan que los cuidados paliativos son una práctica compasiva, ya que muchos pacientes sienten que son una carga para los demás y que su vida carece de dignidad porque no es autónoma, les objeta que “hay que eliminar el dolor, no al paciente”, y que “la verdadera compasión es de otro tipo”.

La vida siempre tiene valor

Refiriéndose al término tan utilizado de “muerte digna” asociado a la calidad de vida, Sánchez de Heredia señala que esto podría sugerir que la calidad de vida vale más que la vida misma. Por último, en referencia a la autonomía del paciente, Sánchez de Heredia señala que en el caso de una enfermedad grave o terminal, la persona no siempre es libre de elegir, porque está condicionada por su situación, la medicación, el dolor y el sufrimiento, así como por otras circunstancias que limitan su capacidad de decisión.

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