
En su mensaje para la XII Jornada Mundial de Oración y Reflexión contra la Trata de Personas, el Santo Padre reafirma el compromiso de la Iglesia católica de combatir este flagelo. También agradece a quienes sirven con delicadeza y consideración al acercarse a las víctimas de la trata, incluidas las redes y organizaciones internacionales.
Sebastián Sansón Ferrari – Ciudad del Vaticano
“Renuevo firmemente la urgente llamada de la Iglesia a afrontar y poner fin a este grave crimen contra la humanidad”. Con estas palabras vigorosas el Papa León XIV se dirige a todos los fieles en su mensaje con motivo de la XII Jornada Mundial de Oración y Reflexión contra la Trata de Personas, que se celebra el domingo 8 de febrero de 2026 con una amplia serie de actividades en Roma, promovidas por una red de instituciones católicas y civiles. Entre ellas, religiosas y laicos comprometidos en la lucha contra la trata participarán en el rezo mariano del Ángelus con el Pontífice el 8 a las 12:00 (hora de Roma).
La paz como camino de humanidad renovada
En su texto para esta Jornada, cuyo lema es “La paz comienza con la dignidad: una llamada global a poner fin a la trata de personas”, el Santo Padre evoca el saludo del Cristo Resucitado -“La paz esté con ustedes”- para subrayar que no se trata de una simple fórmula de cortesía. “Estas palabras -observa el Pontífice- son más que un saludo; ofrecen un camino hacia una humanidad renovada”, y precisa que “la verdadera paz comienza con el reconocimiento y la protección de la dignidad que Dios ha dado a cada persona”.
La tentación de la violencia y la lógica del dominio
No obstante, en un tiempo marcado por una violencia creciente, el Papa constata que muchos se sienten tentados a buscar la paz a través de las armas, como condición para afirmar el propio dominio. Una reflexión que ya había planteado en su discurso al Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede, el pasado 9 de enero.
En este contexto, advierte que en situaciones de conflicto la pérdida de vidas humanas es “con demasiada frecuencia desestimada por los promotores de la guerra como un ‘daño colateral’, sacrificada en la persecución de intereses políticos o económicos”.
En su mensaje, León XIV lamenta que “la misma lógica de dominio y desprecio por la vida humana alimenta también el flagelo de la trata de personas”.
“La inestabilidad geopolítica y los conflictos armados crean un terreno fértil para que los traficantes exploten a los más vulnerables, especialmente a las personas desplazadas, a los migrantes y a los refugiados. Dentro de este paradigma resquebrajado, las mujeres y los niños son los más afectados por este comercio atroz. Además, la creciente brecha entre ricos y pobres obliga a muchos a vivir en condiciones precarias, dejándolos expuestos a las promesas engañosas de los reclutadores.”
La amenaza de la “esclavitud cibernética”
El Sucesor de Pedro advierte además que este fenómeno adquiere rasgos particularmente perturbadores con el auge de la llamada “esclavitud cibernética”, mediante la cual las personas son atraídas a esquemas fraudulentos y a actividades delictivas, como las estafas en línea o el tráfico de drogas.
En estos casos -explica- la víctima es coaccionada a asumir el papel de perpetrador, agravando sus heridas espirituales. “Estas formas de violencia -afirma- no son incidentes aislados, sino síntomas de una cultura que ha olvidado cómo amar como Cristo ama”.
Oración y sensibilización frente a la indiferencia
Ante desafíos de tal magnitud, Prevost invita a acudir a la oración y a la sensibilización. La oración -escribe- es la “pequeña llama” que debe custodiarse en medio de la tormenta, porque da la fuerza necesaria para resistir la indiferencia frente a la injusticia.
“La sensibilización nos permite identificar los mecanismos ocultos de explotación en nuestros barrios y en los espacios digitales. En definitiva, la violencia de la trata de personas sólo puede superarse mediante una visión renovada que contemple a cada individuo como a un hijo amado de Dios.”
Gratitud a quienes acompañan y sanan
El Santo Padre expresa asimismo su más sincero agradecimiento a todos aquellos que, siguiendo el ejemplo de Cristo, sirven con delicadeza y respeto al acercarse a las víctimas de la trata, incluidas las redes y organizaciones internacionales.
Reconoce también a los sobrevivientes que se han convertido en defensores y acompañan a otras víctimas, y les encomienda una bendición especial por su valentía, fidelidad y compromiso incansable.
Bajo la mirada de santa Josefina Bakhita
Finalmente, el Pontífice confía a todos los que conmemoran esta Jornada a la intercesión de santa Josefina Bakhita, cuya vida —recuerda— es un elocuente testimonio de esperanza en el Señor “que la amó hasta el extremo” (cf. Jn 13,1).
A su vez, exhorta a caminar juntos hacia un mundo donde la paz no sea sólo ausencia de guerra, sino una paz “desarmada y desarmante”, arraigada en el pleno respeto de la dignidad de todos.
Fuente: Vatican News






