
El Papa, de visita en la parroquia romana de la Ascensión de Nuestro Señor Jesucristo en el Quarticciolo, recuerda la tragedia de los miles de niños muertos en Gaza, el dramático inicio de un nuevo conflicto en Irán y luego la plaga de la droga que en este barrio periférico golpea a tantas familias. “Hay que rezar mucho”.
Daniele Piccini – Roma
Hoy no hay sol sobre los tejados de los edificios en construcción. Un cielo compacto de nubes oscurece el Quarticciolo. Un barrio en la periferia este de Roma, donde también las casas -los “lotes” construidos por el Fascismo entre los años treinta y cuarenta del siglo pasado, para alojar a familias obreras- en esta tarde del domingo 1 de marzo, parecen venirse abajo, quitando aire y luz a las calles, con sus colores plomizos y desvaídos. Tonalidades asfixiantes, sobre todo las de los edificios rojo oscuro, con las fachadas enmohecidas por la humedad. Recuerdan las composiciones claustrofóbicas de Alberto Burri: rojos quemados, mezclados con negro, que quitan el aliento.
Luego, a las 15:49, llega el coche blanco del Obispo de Roma, que hoy visita la parroquia de la Ascensión de Nuestro Señor Jesucristo en via Manfredonia 5, diseñada en la posguerra -precisamente en 1954- según el proyecto del arquitecto Francesco Fornari. Se trata de la tercera de las cinco comunidades de su diócesis que León XIV está visitando antes de la Pascua. El coche entra en el patio del oratorio y se detiene. Con su sotana blanquísima, el Papa baja del vehículo: de repente, un punto de luz intensa irrumpe en el campo visual de todos los fieles que por miles lo estaban esperando. Lo esperan desde hace 46 años, desde la última visita de un Papa, Juan Pablo II, a esta parroquia: fue el 3 de febrero de 1980.
Preocupación y oración
“Desde este momento estoy muy preocupado, y no sabemos por cuántos días durará, por la situación en Oriente Medio. ¡La guerra otra vez! Y nosotros debemos ser anunciadores de la paz de Jesús, que Dios quiere para todos. Habrá que rezar mucho por la paz, y vivir en unidad, y rechazar la tentación de hacer daño al otro; la violencia nunca es la elección correcta.”
León XIV comparte sentimientos y preocupaciones sobre el nuevo conflicto estallado precisamente hace pocas horas en Irán, atacado por Israel y Estados Unidos, con los niños y jóvenes que lo acogen inmediatamente después del cardenal vicario para la diócesis de Roma, Baldo Reina, y el párroco, padre Daniele Canali. Dos vallas contienen dos filas de fieles. El Pontífice estrecha manos, bendice a los más pequeños. Alguien entona “Papa Leone” con la melodía de Can’t Take My Eyes Off You de Frankie Valli and The Four Seasons.
Las vallas sostienen muchas pancartas. Una interpreta claramente la preocupación de tantas familias en este barrio y dice: “Es justo que todos tengan una casa”. Otra da la bienvenida al Papa con el calor típico del barrio romano: “¡Vamos, Papa León: eres grande!”.
La pequeña Rachele le dio la bienvenida. René, en cambio, le pregunta por qué tantas personas se comportan mal y por qué, más en general, existe el mal. Luego Federico, de 29 años, del grupo juvenil Magis, abraza al Papa en señal de fraternidad. “Sabemos que existe el mal -responde el Papa-, pero más importante es que existe el bien, existe el amor, y que en esta parroquia haya la luz del amor”.
Los niños de Gaza, sin familia, casa ni escuela
El Pontífice, sentado bajo un gazebo preparado especialmente para la visita, responde a las preguntas de los niños sobre el drama de la guerra en Oriente Medio, en Gaza, donde han muerto miles de niños.
“Muchos niños no tienen familia, casa, comida, una cama donde dormir. Esta es una tragedia en medio de nosotros. Todos hemos visto en estos últimos años algunas tragedias en Gaza, donde muchos niños han muerto, donde se han quedado sin padres, sin escuela, sin un lugar donde vivir. Todos debemos buscar la misma respuesta que nos dice Jesús: ser promotores de paz, buscar soluciones mediante el diálogo y no la violencia”.
Rechazar la droga y todo lo que hace daño
Por último, el Papa recuerda el drama de la droga, que aquí afecta a muchas familias, en un barrio popular de la extrema periferia de Roma, donde muchos viven de trabajos ocasionales.
“Hay que aprender a respetarnos, a decir no a las cosas que hacen daño y elegir siempre el bien, rechazar lo que perjudica la salud; por ejemplo, decir no a la droga, ¡un problema también aquí en esta zona! Siempre no a la droga y siempre sí a lo que hace bien. Ustedes también, jóvenes, tienen una responsabilidad en este sentido, un testimonio que puede ayudar a los niños y tratar también de eliminar estos problemas de las calles”.
Encuentro con los ancianos y los enfermos del barrio
Posteriormente, el Papa es recibido en los salones interiores de la parroquia, donde lo esperan los ancianos y los enfermos del barrio. El Pontífice elogia el lema de la parroquia, “Hagamos comunidad”, porque es la receta para que todos se sientan acogidos.
"Cuando nos encontramos juntos en comunidad hay una fuerza mucho mayor que cada uno de nosotros: es la fuerza que viene del amor de Dios, que realmente nos convierte en una familia donde, unos con otros, hacemos familia; donde, incluso cuando uno está enfermo, uno está detenido, uno ha perdido la salud, sufre, cuando estamos todos juntos allí nos sostenemos y podemos seguir caminando, y eso es realmente muy hermoso".
Rezar por la paz en el mundo y en el barrio
Con este grupo reducido, León recuerda que los problemas del mundo —los de Oriente Medio y los de Ucrania, azotada por cuatro años de guerra— así como los de un barrio periférico que sufre las lacras de la criminalidad y la violencia, pueden superarse con la oración y con el compromiso de todas las fuerzas sanas de la sociedad.
"Antes hablé de la necesidad de rezar por la paz en el mundo —los problemas en Oriente Medio, en Ucrania y en tantos otros lugares—, pero es realmente importante rezar por la paz aquí, en casa. Y también es importante que la voz de la parroquia “despierte” un poco la respuesta de las autoridades -la Policía, el Estado- que muchas veces podrían hacer más para ayudar a superar los problemas que existen aquí. Entonces, también esta voz que viene de una comunidad de fieles de una parroquia puede alzarse y se pueden buscar cambios importantes para el bien de todos. Trabajemos juntos".
Gratitud al encontrarse con una comunidad “fuerte”
Al final de la Misa, el Papa se reúne con el Consejo pastoral de la parroquia y agradece, de manera espontánea, por hacerlo sentir como en casa.
"Soy nuevo como su obispo, y realmente me siento feliz de encontrarme con ustedes, con esta comunidad, de sentir también este espíritu vivo, incluso en la celebración eucarística, que es una expresión de la vida que ustedes tienen y comparten y que espero que hoy, mañana y en el futuro, siempre puedan ofrecer".
Las numerosas actividades de la comunidad, su enfoque en los grupos juveniles, su empuje y resiliencia frente a las dificultades que provienen de un barrio complicado, marcado por fragilidades y criminalidad, han impresionado evidentemente al Papa.
"Aquí realmente hay una comunidad de fe que es fuerte, “tosta” -¡me gusta esa expresión!-, que tiene la fuerza que proviene sobre todo de la fe y de la convicción de que, a pesar de todas las dificultades —viven en un barrio que evidentemente tiene problemas serios—, al mismo tiempo hay esta comunidad que es un testimonio vivo de que es posible encontrar vida, amor, caridad y fraternidad".
A pesar de las múltiples dificultades, el obispo de Roma encontró, en la periferia de su diócesis, una parroquia saludable que vive el Evangelio.
"Esta expresión, que para mí también es muy bella: “hagamos comunidad”, ustedes la están realizando. Y realmente esto es grande, esto es grande. Y con las visitas a los ancianos y a los enfermos, a pesar de todas las dificultades, allí estamos viviendo de verdad lo que Jesús quiso".
Fuente: Vatican News






