Vaticano

León XIV a seminaristas: Tengan una mirada sobrenatural de la realidad

Durante la audiencia concedida a seminaristas de diversas diócesis españolas, el Santo Padre subraya que la raíz de toda vocación sacerdotal es la relación concreta con Dios y los exhorta a vivir cada jornada desde esa presencia.

Sebastián Sansón Ferrari – Ciudad del Vaticano

En un clima de cercanía y profundidad espiritual, el Papa León XIV recibió este sábado 28 de febrero a las comunidades de cuatro seminarios españoles -Alcalá de Henares, Toledo, el Interdiocesano de Cataluña y Cartagena- en el Palacio Apostólico Vaticano. Ante obispos, formadores, seminaristas y familiares, el Pontífice centró su reflexión en un eje decisivo para la vida cristiana y, de modo particular, para la vocación sacerdotal: la necesidad de cultivar una “mirada sobrenatural de la realidad”.

Tras un saludo cordial, el Santo Padre subrayó que el seminario es “siempre un signo de esperanza para la Iglesia”. Su encuentro con quienes se forman para el sacerdocio y con quienes los acompañan constituye, afirmó, “un motivo de verdadera alegría”.

“Quitar lo sobrenatural es perder lo natural”

León XIV evocó una frase del escritor inglés G.K. Chesterton -“Quitad lo sobrenatural y no encontraréis lo natural, sino lo antinatural”- para advertir sobre el riesgo de una vida que prescinde de Dios en lo cotidiano. No se trata únicamente, explicó, de evitar lo escandaloso, sino de no relegar al Señor al plano de las palabras mientras se le excluye de los criterios concretos que orientan la existencia.

“¿Qué podría haber más antinatural que un seminarista o un sacerdote que habla de Dios con familiaridad, pero vive interiormente como si su presencia existiera sólo en el plano de las palabras, y no en el espesor de la vida? Nada sería más peligroso que acostumbrarse a las cosas de Dios sin vivir de Dios. Por eso, en el fondo, todo comienza -y vuelve siempre- a la relación viva y concreta con Aquel que nos ha elegido sin mérito nuestro.”

Prevost insistió en que la formación sacerdotal no puede reducirse a prácticas externas, por valiosas que sean. El estudio, la oración o la vida comunitaria pueden vaciarse si no están animados por una relación viva con Cristo. “Todo comienza -y vuelve siempre- a la relación concreta con Aquel que nos ha elegido sin mérito nuestro”, afirmó.

Raíces profundas para dar fruto

Para ilustrar esta enseñanza, León XIV recurrió a la imagen del salmo primero: el justo es como “un árbol plantado al borde de las aguas”. La fecundidad, explicó, no depende de la ausencia de dificultades, sino de la profundidad de las raíces. El viento, la sequía o la poda forman parte del crecimiento, pero no destruyen a quien está firmemente arraigado en Dios.

Y añadió otra imagen: la de los árboles que “mueren de pie”. Conservan la apariencia exterior, pero están secos por dentro. Algo semejante -advirtió- puede ocurrir en el seminario y en la vida sacerdotal cuando se confunde la fecundidad con la intensidad de las actividades o el cuidado de las formas externas.

“La vida espiritual no da fruto por lo que se ve, sino por lo que está profundamente arraigado en Dios.”

“Estar con Él”, fundamento de todo

El núcleo de la vocación, recordó el Sucesor de Pedro citando el Evangelio de san Marcos, es que Jesús llamó a los que quiso “para que estuvieran con Él”. Permanecer con el Maestro constituye el fundamento de toda formación. Si bien los medios humanos y psicológicos son necesarios, no pueden sustituir la acción del Espíritu Santo, verdadero protagonista del camino vocacional.

“El verdadero protagonista de este camino es el Espíritu Santo, que configura el corazón, enseña a corresponder a la gracia y prepara una vida fecunda al servicio de la Iglesia. Todo comienza ahora, en lo ordinario de cada día, allí donde cada uno decide si permanece con el Señor o intenta sostenerse sólo en sus propias fuerzas.”

Gratitud a las familias

En la parte final de su discurso, el Obispo de Roma expresó su agradecimiento a los jóvenes por la generosidad de haber respondido a la llamada del Señor. Les aseguró que no caminan solos: “Cristo os precede, María Santísima os acompaña y la Iglesia entera os sostiene con su oración”.

También tuvo palabras de reconocimiento para las familias presentes, invitando a todos a dedicarles un aplauso. Ese gesto espontáneo puso de manifiesto la dimensión comunitaria de la vocación sacerdotal y el apoyo indispensable del entorno familiar.

Tras rezar el Padre Nuestro y conceder la Bendición Apostólica, el Santo Padre despidió a los presentes con un deseo sencillo y esperanzador, quienes correspondieron a su amabilidad con efusivos aplausos y vítores de "Viva el Papa": “Felicidades y feliz camino”. Un camino que, según recordó en su alocución, sólo dará fruto si está sostenido por esa mirada sobrenatural que permite descubrir a Dios actuando en lo concreto de cada día.

Fuente: Vatican News

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba