
El Papa recibe al clero de su diócesis y ofrece indicaciones para trabajar juntos. El Pontífice exhorta a vencer la tentación de la autorreferencialidad, a ponerse al lado de los jóvenes y comprender su desorientación, a relanzar el anuncio cristiano.
Benedetta Capelli – Ciudad del Vaticano
Reavivar el fuego que Dios encendió en primer lugar, dando la posibilidad de colaborar con su obra; mirar los signos de los tiempos, interceptando los cambios, para relanzar el anuncio del Evangelio más allá del cansancio de la vida sacerdotal, del peso de la rutina y del desinterés de muchos por la fe, que puede pesar como una losa. Y además están los jóvenes, frágiles, alejados de la Iglesia, perdidos y con un malestar interior que, en casos extremos, se convierte en violencia. Es en esta oscuridad donde el fuego de la llamada y su luz se convierten en cura, se convierten en horizonte de esperanza. León XIV ofrece una reflexión atenta al clero de la diócesis de Roma, de la que es obispo, recibido esta mañana, 19 de febrero, en la Sala Pablo VI.
El Papa acoge a los sacerdotes romanos expresando su «gran alegría» por el encuentro y explica, con una broma, que aunque estemos al comienzo de la Cuaresma, la audiencia «no es un acto de penitencia». Su largo discurso es el de un «pastor según el corazón de Dios», que es la recomendación que ofrece a los numerosos sacerdotes que le escuchan.
Entre las muchas urgencias señaladas por el Papa, hay una en particular: «Es urgente volver a anunciar el Evangelio: esta es la prioridad. Con humildad, pero sin desanimarnos, debemos reconocer que ‘parte de nuestro pueblo bautizado no experimenta su pertenencia a la Iglesia’, lo que nos invita a estar atentos también a una ‘sacramentalización sin otras formas de evangelización’… Como todas las grandes aglomeraciones urbanas, la ciudad de Roma está marcada por la movilidad permanente, por una nueva forma de habitar en el territorio y de vivir el tiempo, por tejidos relacionales y familiares cada vez más plurales y a veces deshilachados».
Un nuevo camino
Es fundamental un cambio de ritmo, encontrar «caminos y formas que ayuden a las personas a volver a entrar en contacto con la promesa de Jesús», exhorta el Papa.
“La iniciación cristiana, a menudo modulada según los ritmos escolares, necesita ser revisada: es necesario experimentar otras formas de transmitir la fe, incluso fuera de los caminos clásicos, para tratar de involucrar de una manera nueva a los niños, los jóvenes y las familias”
Una creciente erosión de la práctica religiosa
Expresando su gratitud por el trabajo que se realiza cada día en las parroquias, León XIV se detiene en la necesidad de un «cambio de rumbo» en la relación entre la iniciación cristiana y la evangelización, a veces debilitada por un modelo clásico que se preocupa por la administración de los sacramentos y que presupone la transmisión de la fe en la familia o en el entorno en el que se vive.
“En realidad, los cambios culturales y antropológicos que se han producido en las últimas décadas nos dicen que ya no es así, sino que asistimos a una creciente erosión de la práctica religiosa”
«Leer» a los jóvenes
Un panorama complejo en el que los elementos de la fe se mezclan con los culturales y sociales que condicionan la vida de los jóvenes de hoy.
“Por lo tanto, se trata de captar y leer el profundo malestar existencial que les habita, su desorientación, sus múltiples dificultades, así como los fenómenos que les involucran en el mundo virtual y los síntomas de una preocupante agresividad, que a veces desemboca en violencia”
Acoger y escuchar
León XIV conoce el compromiso de muchos sacerdotes en primera línea, su sensación de impotencia ante las graves dificultades, pero ofrece una orientación, sugiriendo a las parroquias el diálogo y la interacción «con las instituciones presentes en el territorio, con la escuela, con los especialistas en el campo de la educación y las ciencias humanas y con todos aquellos que se preocupan por el destino y el futuro de nuestros jóvenes».
“No tenemos soluciones fáciles que nos garanticen resultados inmediatos, pero, en la medida de lo posible, podemos escuchar a los jóvenes, estar presentes, acogerlos, compartir un poco de su vida”
Reavivar el don de Dios
Al describir el papel del sacerdote, el Pontífice invita a no sentirse «ejecutores pasivos de una pastoral ya definida», sino que exhorta a poner en práctica la propia creatividad para colaborar con la obra de Dios.
“Iglesia de Roma, ¡recuerda reavivar el don de Dios!”
Un don, la llama del fuego, que a veces «necesita ser reavivada» porque «presionados por los repentinos cambios culturales y los escenarios en los que se desarrolla nuestra misión, a veces asaltados por el cansancio y el peso de la rutina, o desanimados por la creciente desafección hacia la fe y la práctica religiosa, sentimos la necesidad de que este fuego sea alimentado y reavivado».
Una mayor coordinación
Otro camino a seguir es el de trabajar juntos, en comunión. «No podemos pensar y actuar —afirma León XIV— de forma solitaria». La vida de las personas ha cambiado, hay más movilidad porque nos desplazamos por motivos de trabajo, pero no solo por eso, también ha cambiado la vida de las parroquias, que ya no son expresión de un territorio, sino que están llamadas a abrirse y «iniciar algún camino de evangelización capaz de interceptar a quienes no pueden vivir una participación adecuada».
«Se necesita —subraya el Papa— una mayor coordinación que, lejos de ser un expediente pastoral, pretenda expresar nuestra comunión presbiteral».
“En un territorio tan extenso como el romano, es necesario vencer la tentación de la autorreferencialidad, que genera sobrecarga y dispersión, para trabajar cada vez más juntos, especialmente entre parroquias vecinas, poniendo en común los carismas y las potencialidades, programando juntos y evitando superponer iniciativas”
A los sacerdotes jóvenes: «No os cerréis»
Por último, el pensamiento del Obispo de Roma se dirige a los sacerdotes más jóvenes, que «a menudo experimentan en carne propia el potencial y las dificultades de su generación y de esta época». La invitación es a no perder el entusiasmo y a ser fieles en la relación con el Señor.
“Os invito a no cerraros nunca en vosotros mismos: no tengáis miedo de confrontaros, incluso sobre vuestro cansancio y vuestras crisis, especialmente con los hermanos que consideráis que pueden ayudaros”
Cuidarse unos a otros
El Pontífice extiende a todos la invitación a escucharse, a «vivir concretamente la fraternidad presbiteral», porque el mayor compromiso es custodiar y hacer crecer la vocación en la conversión, en la fidelidad y, sobre todo, cuidándonos unos a otros.
“Acompañémonos y apoyémonos mutuamente”
Fuente: Vatican News






