Vaticano

En la Iglesia, dos nuevos beatos y tres venerables

El Papa autoriza la promulgación de cinco decretos del Dicasterio para las Causas de los Santos. Pronto será beatificado Béchara Abou-Mourad, religioso libanés de la Orden Basiliana del Santísimo Salvador. Beatificación equivalente para el fraile menor observante Gabriele Maria, que vivió en Francia entre los siglos XV y XVI, mientras se reconocieron las virtudes heroicas de un sacerdote ligur, un fraile capuchino indio y un laico bresciano.

Tiziana Campisi – Ciudad del Vaticano

Será beatificado Béchara Abou-Mourad, sacerdote libanés, religioso de la Orden Basiliana del Santísimo Salvador de los Melquitas, por la prodigiosa curación, atribuida a su intercesión, de una mujer obligada en silla de ruedas. El Papa León XIV autorizó al Dicasterio de las Causas de los Santos a promulgar el decreto durante la audiencia concedida hoy, 21 de febrero, al cardenal prefecto Marcello Semeraro. En la misma audiencia, el Papa autorizó la promulgación de los decretos para la beatificación equivalente de Gabriel María, sacerdote francés de la Orden de los Frailes Menores y cofundador de la Orden de la Santísima Anunciación de la Bienaventurada Virgen María, para el cual se ha confirmado el culto espontáneo existente desde hace mucho tiempo. Otros tres decretos reconocen las virtudes heroicas de Francesco Lombardi, sacerdote ligur, del laico bresciano Fausto Gei, miembro de la Asociación Silenciosos Operadores de la Cruz, y del fraile capuchino indio Theophane.

Un beato del País de los Cedros

Selim, futuro beato Béchara Abou-Mourad, nació en Zahle, Líbano, el 19 de mayo de 1853. Desde joven sintió la vocación al sacerdocio y a la vida religiosa, ingresando en el monasterio de los padres basilianos del Santísimo Salvador de Sidón.

Ordenado sacerdote el 26 de diciembre de 1883, fue “Maestro de disciplina” en el Seminario Menor de los basilianos y más tarde enviado a Deir el Qamar para labores pastorales. Allí, ante la ausencia de un edificio eclesiástico, celebraba la misa en casas de los fieles y, con apoyo del obispo y benefactores, logró construir una iglesia. También fundó una sociedad privada de beneficencia y destacó por su caridad, fervor apostólico e intensa espiritualidad.

En 1922, debido a su edad y salud delicada, fue trasladado a la catedral melquita de Sidón, donde continuó su labor pastoral como confesor. Pasó sus últimos años en el convento de San Salvador, donde murió el 22 de febrero de 1930.

Se le atribuye el milagro que permitió la curación de una mujer diagnosticada en 1983 con artrosis avanzada y hernias graves de la rodilla. Tras rezar por su intercesión en 2009, la mujer pudo caminar sin ayuda ni dolor, recuperando una vida completamente normal.

Un fraile menor observante de Francia

Con el Decreto que confirma su culto inmemorable (beatificación equipolente), desde hoy se cuenta entre los beatos Gabriele Maria, de nombre secular Gilberto Nicolás. No se conoce la fecha exacta de su nacimiento, ocurrido presumiblemente alrededor de 1460, cerca de la localidad francesa de Riom.

Después de recibir una sólida educación cristiana, desarrolló una profunda devoción mariana y, un día, la escucha de un sermón sobre la Inmaculada Concepción lo llevó a la vida consagrada. Ingresó entre los Frailes Menores Observantes en el convento de Notre-Dame de Lafond y, ordenado presbítero, fue destinado por sus superiores a enseñar Teología moral a los jóvenes confrades, cargo que mantuvo durante casi dos décadas.

Un momento especialmente importante de su vida fue el encuentro con Juana de Valois, esposa repudiada del rey Luis XII de Francia (beatificada por Benedicto XIV en 1742 y canonizada por Pío XII en 1950). El religioso se convirtió en su confidente y padre espiritual y, junto a ella, en 1501 fundó la Orden de la Anunciación de la Bienaventurada Virgen María, escribiendo sus Reglas. Durante aproximadamente treinta años dirigió como superior general la nueva familia religiosa, que se fue expandiendo en Bélgica, Países Bajos, Inglaterra y España.

Entre 1511 y 1514, la Orden de los Frailes Menores de la Observancia, a la que pertenecía, le confió tareas de dirección y gobierno. Gilberto Nicolás impulsó también un proceso de reforma, se convirtió en vicario provincial de Aquitania y Borgoña y vicario general de la Observancia Ultramontana, y durante el Capítulo General de 1517 se le otorgó el cargo de comisario general de la misma. Fue en este período cuando el Papa León X le impuso el nombre de Gabriele Maria.

En los años siguientes, en el delicado contexto de acaloradas discusiones dentro de la familia franciscana, el religioso publicó un comentario a la Regla de San Francisco, demostrando notables conocimientos teológicos y canonísticos, y continuó desempeñando importantes cargos dentro de su Orden.

Su deceso se produjo el 27 de agosto de 1532 en el monasterio de Rodez. Hombre culto y polifacético, particularmente devoto de la Virgen María, con paciencia y constancia supo ofrecer un notable impulso para el crecimiento espiritual de la familia franciscana. Fue un predicador convincente y, animado por gran caridad, vivió en pobreza, confiándose plenamente a la voluntad de Dios. Guiaba con sabiduría y rectitud a quienes acudían a él, sin hacer nunca distinciones, y en sus responsabilidades siempre buscó el bien espiritual de los confrades y de las monjas de la Anunciación.

Tras su muerte se desarrolló un culto espontáneo hacia él, que creció a lo largo de los siglos, y se le han atribuido diversos milagros por su intercesión.

El párroco de Bussana

Desde hoy venerable, Francesco Lombardi nació el 24 de febrero de 1851 en Terzorio, Italia. Muy pronto manifestó su vocación al sacerdocio y en 1864 fue acogido en el Monasterio de Santa Escolástica en Subiaco, donde permaneció hasta 1867, año en que regresó a su hogar debido a sus frágiles condiciones de salud.

A pesar de ello, continuó sus estudios eclesiásticos y el 19 de agosto de 1874 fue ordenado presbítero. Nombrado inicialmente administrador parroquial y luego párroco en la localidad de Bussana, en Liguria, ejerció su ministerio allí durante 47 años, destacándose por su intensa vida espiritual y de oración, la predicación de la Palabra de Dios, la promoción de la práctica religiosa y la catequesis para niños y adultos, y por el cuidado de los lugares de culto.

Se dedicó a la difusión de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús y se convirtió en guía y referente para muchos fieles. No escatimó su apoyo, especialmente durante el devastador terremoto del 23 de febrero de 1887, ocurrido durante la celebración de la Misa del Miércoles de Ceniza, que causó 54 víctimas y destruyó la iglesia y parte del pueblo.

El sacerdote trabajó para construir, en lugar de la vieja iglesia, un santuario dedicado al Sagrado Corazón, que con el tiempo se convirtió en destino de peregrinaciones y centro de espiritualidad. Además, realizó diversas obras sociales, entre ellas un jardín de infancia, un taller para el trabajo de las jóvenes, un refugio para ancianos y un orfanato. Siguiendo la estela de la encíclica social Rerum Novarum de León XIII, promovió una Sociedad Obrera de Socorro Mutuo a la que añadió una Caja rural.

En 1902 estableció una imprenta para la publicación de un periódico dedicado al Sagrado Corazón y continuó su apostolado en múltiples formas. Murió en Bussana el 13 de febrero de 1922. Oraba con frecuencia y dedicaba tiempo a la adoración eucarística, rezaba a menudo el Rosario incluso mientras caminaba por la calle, y recomendaba a los fieles cultivar la oración. Entre las numerosas iniciativas pastorales que promovió se cuentan el apostolado de la oración, los martes eucarísticos y los ejercicios espirituales.

El fraile capuchino de la India

Entre los nuevos venerables, Theophane es originario de la región india de Kerala, donde nació el 20 de julio de 1913, en Kottapuram, y fue bautizado con el nombre de Michael. Recibió en su familia una sólida formación cristiana y en 1929 ingresó en el Seminario diocesano menor de la arquidiócesis de Verapoly.

Tras profundizar en el carisma y la espiritualidad de San Francisco de Asís, atraído por la vida religiosa franciscana, decidió ingresar en el convento de los capuchinos en Farangipet y el 31 de octubre de 1933 vistió el hábito franciscano adoptando el nombre de Theophane.

Ordenado sacerdote el 20 de abril de 1941, asumió los cargos de director de postulantes, capellán y miembro del grupo de misioneros capuchinos para los retiros espirituales en Kollam. En 1947 fue nombrado guardián del Convento del Sagrado Corazón en Kunnam y luego párroco, primero en Tiruchirapally y después, hasta 1958, en Kotagiri, donde además enseñó Sagrada Escritura y homilética en el Seminario teológico capuchino local.

Como capellán de diversas congregaciones religiosas femeninas, se dedicó a numerosas actividades pastorales y de promoción social entre las castas de la población india. Tras su traslado a Ponnurummi, promovió la construcción de un convento dedicado a San Buenaventura, junto con una iglesia y un seminario para vocaciones capuchinas.

Falleció el 4 de abril de 1968 en Ernakulam. Considerado uno de los predicadores capuchinos más apreciados de su época, era reconocido como un sacerdote santo, valorado por su humildad y por su disponibilidad hacia los necesitados y los últimos. Vivió intensamente el espíritu de pobreza de San Francisco de Asís, acogiendo con caridad fraterna y generosidad a todos los que se acercaban a él, tanto laicos como religiosos, brindándoles consuelo espiritual y material.

Como maestro, siempre fue atento y dispuesto a aclarar las dudas de sus estudiantes. Recibió de Dios algunos dones espirituales y, en cierto modo, algunos lo compararon con el padre Pío de Pietrelcina, especialmente por la forma en que acogía y rezaba por quienes acudían a él. La fama de santidad, ya difundida en vida, se amplió tras su muerte.

Un laico venerable bresciano

También él venerable, Fausto Gei nació en Brescia el 24 de marzo de 1927. Proveniente de una familia católica, asistió al Oratorio de la Paz, dirigido por los Padres Filipinos, entre los cuales estaba el padre Carlo Manziana, futuro arzobispo de Crema, quien se convirtió en su director espiritual.

Desde joven, Fausto desarrolló una intensa sensibilidad social y civil y, en marzo de 1945, acusado de realizar actividades antifascistas, fue retenido en prisión durante algunos días junto a un sacerdote y otros jóvenes.

Tras la posguerra, completó los estudios secundarios y en 1946 se inscribió en la Facultad de Medicina de la Universidad de Pavía. Poco después, le diagnosticaron esclerosis múltiple y, debido a la pérdida del uso de las piernas, se vio obligado a abandonar la carrera.

Tras un primer periodo de fuerte turbación interior, aceptó su condición, decidido a vivirla como un apostolado en la Iglesia y en el mundo. La progresión de la enfermedad le fue privando poco a poco del uso de las manos y luego del habla.

Conoció a Luigi Novarese, se unió al Movimiento de los Voluntarios del Sufrimiento fundado por él y se convirtió en responsable para la diócesis de Brescia. En 1962 se sumó también a la Asociación de los Silenciosos Operarios de la Cruz, igualmente creada por Novarese, y la promovió en la diócesis, realizando cada año la profesión de los consejos evangélicos, conforme a los Estatutos.

Fausto también se comprometió a evangelizar el mundo de los enfermos, buscando sostenerlos en la fe y animándolos a tener un papel activo en la vida de la Iglesia. Todo ello a través del “apostolado de la pluma”, manteniendo una intensa red de correspondencia con muchos enfermos y asegurándose de que hubiera sacerdotes dedicados a la asistencia espiritual de los enfermos.

Su estado de salud se deterioró debido a un edema pulmonar y partió a la Casa del Padre el 28 de marzo de 1968. Fausto Gei fue un ardiente testigo del Evangelio a pesar de la enfermedad física que marcó su vida, pero que transformó en una oportunidad para ayudar a los demás, especialmente a quienes vivían sufrimientos similares a los suyos. Con su compromiso, también sensibilizó a las autoridades civiles y religiosas sobre las necesidades reales de las personas enfermas y de sus familias. Devoto de la Virgen, la invocaba diariamente con el Rosario, que consideraba un “arma indispensable para vencer el sufrimiento”, llevando con fe su cruz.

Fuente: Vatican News

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