
“El Niño que los magos adoran es un Bien que no tiene precio ni medida. Es la Epifanía de la gratuidad. No nos espera en los lugares prestigiosos, sino en las realidades humildes”, lo dijo el Papa León XIV en su homilía en la Santa Misa que presidió en la Basílica de San Pedro, en la solemnidad de la Epifanía del Señor. Al inicio de la celebración Eucarística, el Santo Padre realizó el rito del cierre de la Puerta Santa de la Basílica Vaticana y con ello clausuró el Jubileo Ordinario de 2025, dedicado a la Esperanza.
La manifestación de Dios es el inicio de la esperanza
En su homilía, el Pontífice destacó la “grandísima alegría de los magos al ver la estrella, pero también la turbación experimentada por Herodes y por toda Jerusalén ante su búsqueda”. Cada vez que se trata de las manifestaciones de Dios, recordó el Papa, la Sagrada Escritura no esconde este tipo de contrastes: alegría y turbación, resistencia y obediencia, miedo y deseo.
“Celebramos hoy la Epifanía del Señor, conscientes de que ante su presencia nada sigue como antes. Este es el comienzo de la esperanza. Dios se revela, y nada puede permanecer estático. Se termina un cierto tipo de tranquilidad, la que hace repetir a los melancólicos: «No hay nada nuevo bajo el sol» (Qo 1,9). Empieza algo de lo que dependen el presente y el futuro, como anuncia el Profeta: «¡Levántate, resplandece, porque llega tu luz y la gloria del Señor brilla sobre ti!» (Is 60,1)”.
El contraste por la revelación del Señor
En este sentido, el Santo Padre dijo que, nos sorprende el hecho de que sea precisamente Jerusalén, la ciudad testigo de tantos nuevos comienzos, la que esté turbada. Y es esta misma reacción, indico, la que nos interpela a nosotros, como Iglesia.
“Es más, la ciudad está atemorizada por el que, movido por la esperanza, llega a ella desde lejos, hasta el punto de considerar como amenaza aquello que debería, por el contrario, causarle mucha alegría”.
La búsqueda espiritual de nuestros contemporáneos
Al finalizar el Año Jubilar y después de haber cerrado la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro, el Papa León manifiesta su preocupación por “la búsqueda espiritual de nuestros contemporáneos”, que es mucho más rica de lo que quizá podamos comprender. Y también se pregunta: “¿Quiénes eran y qué les movía?” a esos innumerables hombres y mujeres, peregrinos de esperanza, que se han puesto en camino en este Año de gracia.
“Millones de ellos han atravesado el umbral de la Iglesia. ¿Qué es lo que han encontrado? ¿Qué corazones, qué atención, qué reciprocidad? Sí, los magos aún existen. Son personas que aceptan el desafío de arriesgar cada uno su propio viaje; que en un mundo complicado como el nuestro —en muchos aspectos excluyente y peligroso— sienten la exigencia de ponerse en camino, en búsqueda”.
Homo Viator, somos vidas en camino
Y en esa búsqueda del hombre, el Pontífice recordó que, el Evangelio lleva a la Iglesia a no temer este dinamismo, sino a valorarlo y a orientarlo hacia el Dios que lo suscita. Es un Dios que nos puede desconcertar, porque no podemos asirlo en nuestras manos como a los ídolos de plata y oro, porque está vivo y vivifica, como ese Niño que María tenía entre sus brazos y que los magos adoraron.
“Lugares santos como las catedrales, las basílicas y los santuarios, convertidos en meta de peregrinación jubilar, deben difundir el perfume de la vida, la señal indeleble de que otro mundo ha comenzado”.
La alegría del Evangelio nos libera
Y volviendo al texto bíblico de esta solemnidad, el Santo Padre resaltó el contraste entre la alegría del Evangelio que libera y el miedo de Herodes que teme por su trono, se agita por lo que se le escapa de su control. Intenta aprovecharse del deseo de los magos manipulando su búsqueda en beneficio propio. Está listo para mentir, está dispuesto a todo; el miedo, en efecto, enceguece.
“La alegría del Evangelio, en cambio, libera; nos hace prudentes, sí, pero también audaces, atentos y creativos; sugiere caminos distintos de los ya recorridos”.
El Jubileo nos recuerda que se puede volver a empezar
Al citar la pregunta “sencilla y esencial” de los magos, que dicen: «¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer?» (Mt 2,2), el Papa dijo que es importante quien cruza la puerta de la Iglesia, se percate de que el Mesías recién ha nacido allí, que allí se reúne una comunidad donde ha surgido la esperanza, que allí se está realizando una historia de vida.

“El Jubileo ha venido a recordarnos que se puede volver a empezar, es más, que estamos aún en los comienzos, que el Señor quiere crecer entre nosotros, quiere ser el Dios-con-nosotros. Sí, Dios cuestiona el orden existente; tiene sueños que inspira también hoy a sus profetas; está decidido a rescatarnos de antiguas y nuevas esclavitudes; en sus obras de misericordia, en las maravillas de su justicia, involucra a jóvenes y ancianos, a pobres y ricos, a hombres y mujeres, a santos y pecadores”.
Amar la paz, buscar la paz, significa proteger lo que es santo
“¡Cuántas epifanías nos han sido dadas o se nos darán!”, indicó el Papa León, pero deben sustraerse de las intenciones de Herodes, de los miedos siempre al acecho para transformarse en agresión. «Desde la época de Juan el Bautista hasta ahora, el Reino de los Cielos es combatido violentamente, y los violentos intentan arrebatarlo».
“Esta misteriosa expresión de Jesús, indicada en el Evangelio de Mateo, nos hace pensar en los numerosos conflictos con los que los hombres pueden resistirse e incluso atacar la Novedad que Dios ha reservado para todos. Amar la paz, buscar la paz, significa proteger lo que es santo y que precisamente por eso está naciendo: pequeño, delicado y frágil como un niño. A nuestro alrededor, una economía deformada intenta sacar provecho de todo. Lo vemos: el mercado transforma en negocios incluso la sed humana de buscar, de viajar y de recomenzar”.
Dios no nos espera en los lugares prestigiosos
Asimismo, el Santo Padre subrayó que, el modo en el que Jesús salió al encuentro de todos y dejó que todos se le acercaran nos enseña a valorar el secreto de los corazones que sólo Él sabe leer. Con él aprendemos a captar los signos de los tiempos. El Niño que los magos adoran es un Bien que no tiene precio ni medida. Es la Epifanía de la gratuidad. No nos espera en los lugares prestigiosos, sino en las realidades humildes.
“Cuántas ciudades, cuántas comunidades necesitan que se les diga: ‘Ciertamente no eres la menor’. Sí, ¡el Señor nos sigue sorprendiendo! Se deja encontrar. Sus caminos no son nuestros caminos, y los violentos no consiguen dominarlos, ni los poderes del mundo los pueden obstruir. Aquí reside la grandísima alegría de los magos, que dejan atrás el palacio y el templo para ir hacia Belén; ¡y es entonces cuando vuelven a ver la estrella!”.
La fidelidad de Dios siempre nos sorprenderá
Finalmente, el Papa León alentó a todos a “convertirse en peregrinos de esperanza” y dijo que “es hermoso seguir siéndolo, juntos”, ya que la fidelidad de Dios siempre nos sorprenderá.
“Si no reducimos nuestras iglesias a monumentos, si nuestras comunidades se convierten en hogares, si rechazamos unidos los halagos de los poderosos, entonces seremos la generación de la aurora. María, Estrella de la mañana, caminará siempre delante de nosotros. En su Hijo contemplaremos y serviremos a una humanidad magnífica, transformada no por delirios de omnipotencia, sino por el Dios que se hizo carne por amor”.


