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Santo Cura Brochero: Patrono del clero argentino

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El P. José Gabriel del Rosario Brochero, más conocido como el Cura Brochero, fue proclamado santo el 16 de octubre del 2016, convirtiéndose en el segundo santo argentino.

Tras desempeñar su ministerio sacerdotal en la catedral de Córdoba y ser prefecto de estudios del Colegio seminario Nuestra Señora de Loreto, el 19 de noviembre de 1869 fue elegido vicario del departamento San Alberto, territorio de unos 10 mil habitantes, y de toda Traslasierra. Se instaló entonces en Villa del Tránsito, la localidad que desde 1916 lleva su nombre.

Más adelante, el Padre Brochero jugó un papel decisivo durante la epidemia de cólera que se desató en Córdoba. “Se le veía correr de enfermo en enfermo, ofreciendo al moribundo el religioso consuelo, recogiendo su última palabra y cubriendo las miserias de sus deudos. Este ha sido uno de los períodos más ejemplares, más peligrosos, más fatigantes y heroicos de su vida”, señaló uno de sus amigos, Ramón J. Cárcano.

El “cura gaucho” murió ciego, contagiado de la lepra. El P. Guido Ricotti,actual párroco de Villa Cura Brochero afirmó: “Murió de la forma en que vivió, con mucha humildad y sencillez”.

El Cura Brochero fue declarado venerable en febrero de 2004 por San Juan Pablo II. El 20 de diciembre de 2012, Benedicto XVI firmó el decreto de beatificación que validaba el milagro que permitió beatificarlo. Este consistió en la recuperación total, sin explicación médica o científica, de un niño con diagnóstico de daño neurológico masivo, al punto de haber quedado en estado vegetativo, tras sufrir un grave accidente vial.

El Santo Cura Brochero fue beatificado el 14 de septiembre de 2013 en la Villa Cura Brochero, en Córdoba (Argentina), en una Misa multitudinaria presidida por el Cardenal Angelo Amato, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos y enviado del Papa Francisco.

En enero del 2016 el Santo Padre aprobó el milagro que posibilitó su canonización. Se trató de la curación y recuperación de la niña Camila Brusotti, de San Juan, Argentina, que había quedado al borde de la muerte tras ser víctima de una golpiza feroz. Una vez más, los daños eran de tal magnitud que una recuperación era imposible desde el punto de vista científico. La gracia de Dios, por intercesión del Santo, hizo posible que la niña se recupere completamente.

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