Testimonios

Mariam Ghanim: La voz caldea que transformó el dolor en melodía de fe

“Iré hasta el final de mis sueños…” ¿Te suena esta frase? Para Mariam Ghanim, una talentosa cantante caldea de 33 años, estas palabras no son solo la letra de una canción; son la brújula que ha guiado su vida desde la niñez, un sueño inquebrantable que el paso del tiempo no ha podido borrar. «Convertirme en adulta no ha cambiado nada, sigo queriendo cantar», confesó Mariam a Aleteia, y su historia es un testimonio vibrante de esa persistencia.

Pero la música de Mariam no es cualquier música. Originaria de Irak, su voz se alza para interpretar principalmente melodías orientales iraquíes, un estilo que, aunque cercano a las tradiciones libanesas o sirias, posee una identidad propia, distinta del repertorio del Magreb. Y su pasión por el canto y la música nació, paradójicamente, en medio del caos de la guerra.

La música como escudo ante las bombas

Imagina por un momento una infancia marcada por el estruendo. En 2003, cuando Mariam apenas tenía diez años, la guerra civil asolaba Irak. Ante el miedo y la destrucción, sus padres encontraron una forma ingeniosa y conmovedora de proteger su espíritu. «Para ahogar el sonido de las bombas, mis padres me ponían música oriental a todo volumen con auriculares. Es un recuerdo muy vívido de aquella época», rememora Mariam. Fue así como la música se convirtió en su refugio, en un escudo sonoro que silenciaba el horror.

Desde muy pequeña, sus padres la impulsaron en este camino artístico. Tomó clases de piano en Bagdad, una decisión poco común para la época y la cultura. «Era algo poco común en aquel entonces, sobre todo en nuestra cultura, que los padres animaran a sus hijos a interesarse por la música y el canto. Estoy muy agradecida», expresa Mariam, reconociendo el invaluable apoyo familiar.

Un camino de resiliencia: de refugiada a construir un nuevo hogar

En 2005, la familia de Mariam tuvo que abandonar Irak, buscando refugio en Damasco, Siria. Allí, la vida escolar de la joven se vio interrumpida por la constante renovación de permisos de residencia, una realidad que muchos refugiados conocen de cerca. Tres años después, la esperanza llegó de la mano de una iniciativa de Nicolas Sarkozy, entonces presidente de Francia, que ofreció asilo a 500 familias perseguidas en Oriente Medio. Mariam y su familia partieron hacia Francia.

Alojados inicialmente en un albergue parisino, los Ghanim se embarcaron en la ardua tarea de reconstruir sus vidas y adaptarse a una nueva cultura. «Tuvimos que hacer todo lo posible para integrarnos lo mejor posible en este país que nos acogió. Están los trámites, por supuesto, ¡pero también aprender francés! ¡El francés es difícil!», ríe Mariam, con la perspectiva que solo el tiempo y el esfuerzo otorgan.

Cuando el albergue ya no pudo albergarlos, la familia se mudó a Sarcelles, en la región de Val-d’Oise. Mariam, con una determinación admirable, estudió administración de empresas y ventas, aunque sus sueños originales la llevaban a la odontología o la abogacía. A los 20 años, logró un hito personal significativo: comprar su propio apartamento en Île-de-France, una muestra de su capacidad para forjar un futuro.

La música: un legado y un refugio eterno

A pesar de los desafíos, los estudios y la construcción de una nueva vida, la música nunca la abandonó. «Nunca me ha abandonado. Siempre ha sido un legado y un refugio», confiesa Mariam. Hoy, mientras se desempeña como supervisora en un espacio de coworking en Neuilly, sigue cantando con pasión. Sus conciertos la han llevado a escenarios en Alemania, Bélgica, Londres, Estrasburgo y París, y en sus redes sociales, comparte su arte con una creciente comunidad de seguidores (45.000 en Instagram y 36.000 en TikTok).

La fe caldea: un coro para preservar la herencia

Pero el repertorio de Mariam va más allá de lo profano. Hace unos años, impulsada por su profunda fe y amor por sus raíces, fundó un coro caldeo en su parroquia, Notre-Dame de Chaldée, en el distrito 18 de París. Mariam pertenece a la Iglesia Católica Caldea, una de las Iglesias Orientales más antiguas, cuyos miembros se cuentan entre los primeros cristianos.

Esta Iglesia, en plena comunión con Roma, conserva sus propias tradiciones, una liturgia ancestral y su idioma, el arameo, la misma lengua que hablaba Jesús. Para Mariam, la creación del coro es un acto de amor y preservación: «La idea era preservar esta herencia iraquí, pero también transmitirla», explica.

La historia de Mariam Ghanim es un faro de esperanza y resiliencia. Nos muestra cómo la música puede ser un bálsamo en tiempos de dolor, cómo la fe puede anclarte en la tormenta y cómo la determinación puede llevarte a construir un futuro, sin olvidar de dónde vienes. Su voz no solo canta melodías; canta la fortaleza del espíritu humano y la belleza de una herencia cultural y religiosa que se niega a ser olvidada.

Fuente: artículo original

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