
¿Alguna vez te has encontrado llegando a Misa justo cuando ya ha comenzado, o incluso un poco después, pensando que no es algo tan grave? Si la respuesta es sí, no te preocupes, no eres el único. Es un hábito común en nuestra vida ajetreada. Sin embargo, un sacerdote colombiano nos invita a reflexionar profundamente sobre esta práctica y lo que realmente podríamos estar perdiéndonos.
Desde su cuenta de Instagram “catequizate_26”, el Padre Melson Correa nos advierte con claridad: llegar tarde a la Celebración Eucarística no es un detalle menor. Con una voz cercana pero firme, nos recuerda que al hacerlo, podrías estar privándote de gracias espirituales fundamentales, esas que disponen tu corazón para el encuentro pleno con Cristo en la Eucaristía. ¡Y esto va más allá de un simple acto de puntualidad!
La profunda importancia de los ritos iniciales
Muchas veces, vemos los primeros momentos de la Misa como un simple «preámbulo» o un «calentamiento». Pero el Padre Melson nos explica que estos ritos iniciales son, en realidad, una preparación esencial, una puerta de entrada al misterio que estamos a punto de vivir. Y lamentablemente, son los que más a menudo nos perdemos al llegar tarde o al no guardar el silencio necesario.
“Los ritos iniciales, que son los que muchas veces nos perdemos por llegar tarde, cuando invocamos la presencia del Señor y pedimos perdón por nuestros pecados, son esenciales para disponer el corazón para vivir el banquete de la palabra y el banquete de la eucaristía.”
El sacerdote enfatiza que la Misa no comienza cuando tú llegas. Nos recuerda lo que la Instrucción General del Misal Romano subraya: “La Misa no comienza cuando tú llegas, comienza cuando la Iglesia empieza a orar”. La Eucaristía es el culmen de nuestra fe, el encuentro más íntimo con Jesucristo mismo. ¿No crees que un encuentro de tal magnitud merece una preparación especial de tu parte?
Disponer el corazón: más allá de la puntualidad
Cuando llegas tarde, a menudo lo haces apurado, con la mente aún en las preocupaciones del día, el tráfico, o la lista de pendientes. Esta prisa y distracción dificultan enormemente entrar en una verdadera actitud de oración y recogimiento. El Padre Melson nos invita a pensar en ello:
“No estamos preparados para lo que vamos a vivir en la eucaristía; pero, sobre todo, no tenemos el tiempo ni la disposición para pedirle perdón al Señor por esos pecados que hemos cometido y que no permiten que nuestro corazón esté preparado y dispuesto para recibirlo a Él.”
El silencio, ese gran ausente en nuestras vidas ruidosas, es fundamental para escuchar a Dios. Es en esos momentos previos donde podemos hacer una pausa, dejar de lado el bullicio exterior y, lo más importante, pedir perdón por nuestras faltas para que nuestro corazón esté verdaderamente abierto a la gracia que Él quiere derramar sobre nosotros.
Un llamado sencillo a transformar tu hábito
Ante esta realidad, el Padre Melson nos propone un gesto concreto y al alcance de todos: llegar al menos cinco o diez minutos antes de que comience la Misa. Parece poco, ¿verdad? Pero ese breve lapso de tiempo es un regalo que te haces a ti mismo y a Dios. Te permite encontrar un lugar, sentarte, hacer silencio, orar, dejar a un lado las preocupaciones y, poco a poco, disponer tu interior para el gran misterio que está por comenzar.
“Para que tengas un encuentro previo con el Señor y, sobre todo, para que vivas los ritos iniciales.”
Finalmente, el Padre Correa nos invita a una profunda reflexión: ¿qué prioridad le estamos dando a Dios en nuestra vida cotidiana? ¿No merece Él nuestro mejor tiempo, nuestra mejor disposición?
“La próxima vez que vayas a la Eucaristía, dispone y prepara tu tiempo, porque es el tiempo que le dedicas al Señor. Él te da mucho, así que tú también puedes hacer el esfuerzo para llegar temprano y dedicarle el tiempo al Señor.”
La Misa no es solo una obligación dominical; es el momento más sagrado y trascendente para nosotros los católicos: el encuentro vivo y real con Cristo en la Eucaristía. Por eso, llegar con anticipación, mantener el silencio reverente y participar desde el primer instante no es solo una cuestión de etiqueta, sino una forma concreta y tangible de amor hacia Dios, de gratitud y de apertura a su gracia. Te invitamos a probarlo y sentir la diferencia.
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