
La Vigilia Pascual es la celebración cumbre del calendario litúrgico, considerada por la Iglesia como la «madre de todas las vigilias». En la Catedral San Rafael Arcángel, la comunidad local se congregó para vivir esta noche santa, presidida por el Administrador Apostólico de la diócesis, Mons. Marcelo Mazzitelli. La ceremonia se estructuró a través de su profunda riqueza ritual, llevando a los fieles desde la oscuridad de la muerte hacia la luz radiante de la Resurrección.

El Lucernario: De la oscuridad a la Luz de Cristo
El rito comenzó en el exterior del templo, en medio de la noche, marcando un contraste dramático con el fuego nuevo. Como bien describió Mons. Mazzitelli en su homilía para la comunidad presente, «la belleza de la liturgia de esta solemne noche comenzó con el silencio y la oscuridad que fue iluminada por la entrada del sirio pascual».
Este cirio, que representa a Cristo resucitado guiando a su pueblo peregrino en medio de las tinieblas, ingresó al templo a oscuras y su llama se fue compartiendo de mano en mano entre todos los fieles sanrafaelinos. Esta luz que quebró progresivamente las penumbras de la Catedral fue «anunciada como luz de Cristo a la que respondimos con gratitud», reflexionó el obispo.

La Historia de la Salvación en la Liturgia de la Palabra
Con los cirios encendidos iluminando los rostros, la asamblea se dispuso a participar de la extensa Liturgia de la Palabra, un recorrido histórico y espiritual por el Antiguo y Nuevo Testamento. «Dispuestos a dejarnos abrazar por el misterio que celebramos con corazón abierto escuchamos la palabra que en este solemne día nos hizo presentes la historia de salvación de Dios», destacó el prelado local.
Estas sagradas lecturas recordaron a la asamblea la fidelidad inquebrantable de Dios, una historia de amor signada por la promesa de caminar junto a su pueblo, la cual fue «cumplida en la persona de Jesucristo, el Dios con nosotros».

El renacer del agua: La Liturgia Bautismal
Uno de los momentos más emotivos y de mayor gozo comunitario se vivió durante la liturgia bautismal, instancia central de esta noche que celebra la Vida Nueva. Un joven de la comunidad local, Benjamín, recibió los sacramentos del Bautismo y la Confirmación.
Dirigiéndose a él con cercanía de pastor, Mons. Mazzitelli personalizó el profundo significado de la liturgia: «Hoy, queridos hermanos, con el bautismo de Benjamín, que es alegría de toda la comunidad, celebramos un encuentro que transformó su vida, tu vida, Benjamín». El obispo subrayó el valor de los signos recibidos, diciéndole al joven: «Sos testigo de haber sido encontrado por el que vive. Experimentaste ese momento fundante que te hizo querer seguir al Señor».
Inmediatamente después, y con sus velas nuevamente encendidas desde el Cirio Pascual, toda la asamblea presente en la Catedral renovó sus promesas bautismales. Este acto de fe comunitaria se realizó «en la conciencia de participar de su muerte y resurrección», tal como animó el administrador apostólico.

Testigos del Viviente en nuestra propia tierra
La Liturgia Eucarística coronó la celebración, haciendo presente el banquete pascual. A modo de envío misionero para los fieles de San Rafael, Mons. Mazzitelli recordó que, aunque hoy no podamos ver a los ángeles testigos del milagro ni el sepulcro vacío físicamente, sí «hicimos experiencia de haber sido buscados, encontrados y amados».
Con el eco del Aleluya resonando en la Catedral, el obispo invitó a la diócesis a salir al encuentro de la realidad local y mundial: «Hermanos, alegres en la esperanza, vayamos como testigos del resucitado». Una exhortación a llevar la luz de esta Vigilia Pascual a «las tumbas cerradas en nuestro tiempo», recordando a todos que, definitivamente, «ha resucitado nuestra esperanza».

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