
Querido hermano, querida hermana de DeBuenaFe,
¡Feliz Lunes de Pascua! La alegría de la Resurrección de nuestro Señor Jesús aún resuena en nuestros corazones y en el ambiente. Ayer celebramos el triunfo de la vida sobre la muerte, de la esperanza sobre la desesperación. Hoy, la Iglesia nos invita a profundizar en este misterio, mostrándonos cómo la noticia del Resucitado se propaga y nos transforma.
El Evangelio de este día, tomado de San Mateo, nos sitúa en el amanecer de aquel primer día de la semana, cuando las mujeres, tras visitar el sepulcro vacío, se encuentran con el Señor. Su experiencia es un torbellino de emociones, una mezcla de temor y una alegría inmensa, una que tú y yo podemos reconocer en nuestras propias vidas.
El Encuentro que Transforma el Miedo en Misión
Imagina a María Magdalena y la otra María, corriendo del sepulcro. Habían ido a ungir un cuerpo sin vida y se encontraron con un ángel que les anunció una verdad que cambiaría la historia. Ahora, con el corazón latiendo a mil, se dirigen a comunicar la noticia a los discípulos. Es en ese camino, en medio de su prisa y sus emociones, donde Jesús mismo les sale al encuentro:
En aquel tiempo, las mujeres se alejaron a toda prisa del sepulcro, con miedo y una alegría inmensa, y corrieron a anunciar la noticia a los discípulos. En esto, Jesús les salió al encuentro y les dijo: «¡Alégrense!». Ellas se acercaron, se abrazaron a sus pies y lo adoraron. Entonces Jesús les dijo: «No tengáis miedo; id a anunciar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán».
(Mt 28, 8-10)
Esta lectura es una joya para nuestro camino de fe. Nos revela varias verdades profundas que son sumamente aplicables a nuestra vida diaria, a tu vida hoy.
1. El Miedo y la Alegría: Compañeros Inesperados
El texto nos dice que las mujeres iban «con miedo y una alegría inmensa». ¿No te ha pasado? A menudo, en momentos de grandes cambios o noticias trascendentales, experimentamos una mezcla de emociones. El miedo es una reacción natural ante lo desconocido, ante lo que nos supera. Pero la alegría de saber que Jesús vive, que ha vencido, es tan poderosa que disipa cualquier temor.
Piensa en tus propios miedos: el futuro incierto, los desafíos laborales, las dificultades familiares, la salud. ¿Cómo permites que la alegría de Cristo Resucitado ilumine y transforme esos temores? Jesús no ignora el miedo de las mujeres; simplemente les dice: «¡No tengáis miedo!». Nos invita a confiar en Él, a dejar que su presencia sea nuestra fortaleza.
2. Jesús Sale a Nuestro Encuentro
Un detalle crucial es que Jesús no espera a que las mujeres lo busquen en un lugar específico. Él «les salió al encuentro». Esta es la dinámica de Dios con nosotros. En medio de nuestras prisas, nuestras preocupaciones y nuestras tareas cotidianas, Jesús se hace presente. Él no está lejos, en un cielo inaccesible; está caminando a nuestro lado, listo para ofrecernos su consuelo y su paz.
¿Estás atento a los encuentros con Jesús en tu día a día? Puede ser en la palabra de un amigo, en un momento de silencio, en la belleza de la creación, en el rostro de un necesitado. Él se manifiesta de maneras inesperadas, si tenemos el corazón abierto y los ojos de la fe.
3. La Misión: «Id a Anunciar»
Después de disipar el miedo y de ser adorado, Jesús les da una misión clara: «id a anunciar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán». La experiencia de Jesús Resucitado nunca es para guardarla solo para uno mismo. Es una experiencia que nos impulsa a compartirla, a ser testigos.
¿Cómo puedes tú, en tu realidad actual, anunciar la Buena Nueva? No se trata solo de grandes sermones, sino de tu testimonio de vida. Tu alegría, tu esperanza, tu capacidad de perdonar, tu servicio desinteresado, tu fe en medio de la prueba. Cada uno de estos gestos es un anuncio silencioso pero poderoso del Resucitado.
4. Galilea: El Lugar de la Vida Cotidiana
Finalmente, Jesús les dice que lo verán en «Galilea». Galilea no era Jerusalén, el centro religioso. Era la región de la vida ordinaria, de los pescadores, de los campesinos, del trabajo diario. Jesús nos invita a encontrarlo no solo en los grandes momentos litúrgicos, sino en nuestra «Galilea» personal: en el trabajo, en la familia, en el estudio, en las relaciones, en los desafíos de cada día.
Es allí donde estamos llamados a vivir la Resurrección, a llevar la luz de Cristo a cada rincón de nuestra existencia. Que este Lunes de Pascua sea para ti una invitación a vivir sin miedo, a reconocer a Jesús en tu camino y a anunciar con alegría su victoria en tu propia Galilea.
Que la alegría pascual inunde tu corazón y te impulse a ser un valiente testigo del Resucitado.
Oración:
Jesús Resucitado, te damos gracias porque nos sales al encuentro y disipas nuestros miedos. Llévanos a tu Galilea, a nuestra vida cotidiana, para que te encontremos en cada momento y anunciemos con alegría tu victoria al mundo entero. Amén.






