Vaticano

El Papa en Mónaco: elaborar buenas prácticas internacionales transformadoras

En su primer discurso en el Principado de Mónaco, en el Palacio de los Príncipes, León XIV se dirigió a la población recordando el “vínculo profundo” que une a la ciudad-estado a la Iglesia de Roma y a la fe católica y exhortó a “profundizar en la Doctrina Social de la Iglesia y elaborar buenas prácticas locales e internacionales que manifiesten su fuerza transformadora”

María Cecilia Mutual – Ciudad del Vaticano  

Estoy contento de poder vivir esta jornada junto con ustedes y ser, así, el primero entre los Sucesores del Apóstol Pedro en visitar el Principado de Mónaco en tiempos modernos, una ciudad-estado que se distingue por el vínculo profundo que la une a la Iglesia de Roma y a la fe católica.

Con estas palabras, el Papa León XIV se dirigió a la población del Principado de Mónaco, en la primera cita de su primer viaje apostólico internacional de 2026, con la visita a la familia principesca. La visita del Pontífice de poco menos de 9 horas al Principado de Mónaco, inició en la mañana de este sábado 28 de marzo con el arribo al helipuerto de la ciudad-estado, donde fue recibido por autoridades civiles y eclesiásticas. Sucesivamente, tuvo lugar la ceremonia de bienvenida en el Palacio de los Príncipes, que incluyó una visita de cortesía al Príncipe Alberto II.

El servicio del derecho y de la justicia

El Santo Padre, asomado desde el balcón del Palacio de los Príncipes,  describió la pequeña ciudad-estado “asomada al Mediterráneo” que se ubica “entre los países fundadores de la unidad europea” y destacó su “vocación al encuentro y al cuidado de la amistad social, hoy amenazados por un ambiente generalizado de cerrazón y autosuficiencia”.

El don de la pequeñez y una herencia espiritual viva comprometen su riqueza al servicio del derecho y de la justicia, especialmente en un momento histórico en el que la ostentación de la fuerza y la lógica de la prevaricación perjudican al mundo y amenazan la paz.

Los pequeños marcan la historia

A continuación, León XIV recordó cómo en la Biblia “los pequeños marcan la historia” y “las auténticas espiritualidades mantienen viva esta conciencia”. De ahí su indicación a “confiar en la providencia de Dios aun cuando predomina el sentido de impotencia o de insuficiencia, porque nosotros creemos que el Reino de Dios es semejante a una semilla minúscula que se convierte en árbol”. Una fe, destacó el Papa, que “sólo cambia el mundo si no evadimos nuestras responsabilidades históricas”.

El destino universal de los talentos para el bien común

En su discurso, Pontífice evidenció asimismo “la composición plural” de la comunidad del Principado de Mónaco – segundo Estado más pequeño del mundo después de la Ciudad del Vaticano – que lo hace “un microcosmos, a cuyo bienestar contribuye una minoría vivaz de personas locales y una mayoría de ciudadanos procedentes de otros países del mundo”. Entre ellos – dijo – “no pocos ocupan cargos de considerable influencia en el ámbito económico y financiero, muchos otros llevan adelante tareas de servicio, y numerosos son también los visitantes y turistas”.

Habitar aquí representa para algunos un privilegio y, para todos, una llamada específica a interrogarse sobre su lugar en el mundo. A los ojos de Dios, nada se recibe en vano. Como Jesús sugiere en la parábola de los talentos, cuanto nos ha sido confiado no debe enterrarse, sino que debe ponerse en circulación y multiplicarse en el horizonte del Reino de Dios.

Recordando que “el Reino de Dios, al que Jesús ha consagrado su vida, está cerca” y “sacude las configuraciones injustas del poder, las estructuras de pecado que excavan abismos entre pobres y ricos, entre privilegiados y descartados, entre amigos y enemigos”, el Santo Padre indicó:

Cada talento, cada oportunidad, cada bien depositado en nuestras manos tiene un destino universal, una exigencia intrínseca de no ser retenido, sino redistribuido, para que la vida de todos sea mejor.

La tarea encomendada al Principado de Mónaco

El Pontífice recordó también que el Principado de Mónaco es uno de los pocos países del mundo que tienen la fe católica como religión de estado, y esto, dijo, “nos sitúa ante la soberanía de Jesús que compromete a los cristianos a ser en el mundo un reino de hermanos y hermanas, una presencia que no aplasta, sino que libera; que no separa, sino que une; dispuesta a proteger siempre con amor toda vida humana, en cualquier momento y condición, para que nadie sea excluido jamás de la mesa de la fraternidad. Es la perspectiva de la ecología integral que sé que es muy importante para ustedes”, puntualizó, confiándoles una tarea:

Encomiendo al Principado de Mónaco, por el vínculo tan profundo que lo une a la Iglesia de Roma, el compromiso especial de profundizar en la Doctrina Social de la Iglesia y elaborar buenas prácticas locales e internacionales que manifiesten su fuerza transformadora. Incluso en una cultura poco religiosa, muy secularizada, el modo de abordar los problemas típicos del Magisterio social puede revelar a nuestro tiempo —un tiempo en el cual a muchas personas les resulta difícil esperar— la gran luz que viene del Evangelio.

Las palabras "muy actuales" de San Pablo VI

Gracias a una fe antigua serán así expertos en las cosas nuevas – añadió el Papa – no tanto persiguiendo los bienes que pasan, a menudo novedades que envejecen en una temporada, cuanto hallándose preparados de frente a desafíos sin precedentes, que sólo se afrontan con un corazón libre y con una inteligencia iluminada.

Finalmente, León XIV confió a las palabras “muy actuales” de San Pablo VI en el 75º aniversario de la Rerum novarum, la conclusión de su saludo:

Ustedes comprenden muy bien que para caminar se necesita la luz, para promover un progreso social se necesita una doctrina; es el pensamiento el que guía la vida; y si el pensamiento refleja la verdad —la verdad sobre el hombre, sobre el mundo, sobre la historia, sobre las cosas—, entonces el camino se puede continuar de manera directa y ágil; de lo contrario, el camino se hace lento, incierto, duro o aberrante».

Fuente: Vatican News

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