
En la Audiencia General del 29 de abril, León XIV relee su viaje apostólico al continente africano como un itinerario espiritual que une raíces, pueblos y futuro, en un tiempo marcado por conflictos y desafíos globales.
Sebastián Sansón Ferrari – Ciudad del Vaticano
El Papa León XIV dedicó su catequesis de la Audiencia General de este miércoles 29 de abril a reflexionar sobre el reciente viaje apostólico que lo llevó del 13 al 23 de este mes a cuatro naciones africanas: Argelia, Camerún, Angola y Guinea Ecuatorial. No se trató solo de una visita largamente deseada desde el inicio de su pontificado, sino de una auténtica peregrinación pastoral vivida -como él mismo subrayó- “como mensaje de paz” en un tiempo herido por guerras y por reiteradas violaciones del derecho internacional.
Al regresar a Roma, el Pontífice elevó su acción de gracias al Señor por haberle concedido “realizar este viaje como Pastor”, encontrando comunidades vivas y testigos de esperanza. Su reconocimiento se extendió también a los obispos, a las autoridades civiles y a todos aquellos que hicieron posible cada etapa del itinerario.
No es casual -observó- que la primera parada haya sido Argelia, tierra ligada a la figura de san Agustín. Allí, el Papa volvió a las raíces de su propia identidad espiritua -cabe recordar su presentación como “hijo de san Agustín”en la bendiciónUrbi et Orbidel 8 de mayo de 2025- y, al mismo tiempo, tendió tres puentes fundamentales: hacia la riqueza de los Padres de la Iglesia, hacia el mundo islámico y hacia el continente africano en su conjunto.
En suelo argelino, León XIV experimentó una acogida “no solo respetuosa, sino cordial”, que se convirtió en signo elocuente de convivencia posible entre creyentes de distintas religiones. “Hemos podido mostrar al mundo -dijo- que es posible vivir como hermanos y hermanas cuando nos reconocemos hijos del mismo Padre misericordioso”. Una experiencia que se entrelazó con la herencia espiritual de san Agustín, maestro universal en la búsqueda de Dios y de la verdad.
El viaje continuó en contextos de mayoría cristiana, donde el Papa se encontró inmerso en una verdadera “fiesta de la fe”. En Camerún, país marcado por tensiones y heridas abiertas, resonó con fuerza su llamamiento a la reconciliación y a la paz.La visita a Bamenda, en la región anglófona, fue un gesto concreto en esta dirección: una invitación a reconstruir la unidad desde el diálogo. Definido como “África en miniatura”, Camerún refleja -según el Pontífice- tanto la riqueza del continente como sus desafíos más urgentes: la necesidad de una distribución equitativa de las riquezas; de dar espacio a los jóvenes, superando la corrupción endémica; de promover el desarrollo integral y sostenible, oponiendo a las varias formas de neocolonialismo una cooperación internacional con visión de futuro".
“Doy las gracias a la Iglesia en Camerún y a todo el pueblo camerunés, que me ha acogido con tanto amor; y rezo para que el espíritu de unidad que se ha manifestado durante mi visita se mantenga vivo y guíe las acciones futuras.”
En Angola, el Papa contempló una Iglesia purificada en la prueba y comprometida con el Evangelio.La visita al santuario mariano de Mamã Muxima -“Madre del corazón”- se convirtió en un momento particularmente intenso: allí percibió “latir el corazón del pueblo angoleño”. Religiosos, catequistas, ancianos y jóvenes dieron testimonio de una fe viva que se expresa en la alegría, incluso en medio de las dificultades. "Esta esperanza -observó el Sucesor de Pedro- exige un compromiso concreto, y la Iglesia tiene la responsabilidad, con el testimonio y el anuncio valiente de la Palabra de Dios, de reconocer los derechos de todos y de promover su respeto efectivo".
“He podido asegurar a las autoridades civiles angoleñas, y también a las de los otros países, la voluntad de la Iglesia Católica de seguir ofreciendo esta contribución, especialmente en los campos sanitario y educativo.”
La última etapa, Guinea Ecuatorial, coincidió con el 170º aniversario de la primera evangelización del país. Allí, León XIV fue testigo de una fe vibrante y profundamente encarnada en la historia del pueblo. Entre los momentos más conmovedores,evocó su visita a la cárcel de Bata:
“Nunca había visto nada semejante. Y luego han rezado conmigo el Padre Nuestro, bajo una lluvia torrencial. ¡Un signo auténtico del Reino de Dios! Y, siempre bajo la lluvia, comenzó el gran encuentro con la juventud en el estadio de Bata. Una fiesta de alegría cristiana, con testimonios conmovedores de jóvenes que han encontrado en el Evangelio el camino para un crecimiento libre y responsable. Esta fiesta culminó con la celebración eucarística del día siguiente, que coronó dignamente la visita a Guinea Ecuatorial y todo el viaje apostólico.”
Al concluir su catequesis, León XIV destacó que la visita del Papa representa, para los pueblos africanos, una oportunidad para hacer oír su voz y manifestar la alegría de pertenecer al pueblo de Dios. Pero, al mismo tiempo, confesó haber recibido mucho más de lo que dio: “Una riqueza inestimable para mi corazón y mi ministerio”.
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Fuente: Vatican News






