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“Dios nos llama a trabajar para Él y nos recompensa con su amor”

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Ayer el Papa Francisco rezó la oración mariana del Ángelus. Comentando el Evangelio del día (cfr. Mt 20,1-16) que narra la parábola de los trabajadores llamados por el dueño de una viña para trabajar a cambio del jornal, el Santo Padre explicó que a través de esta historia, "Jesús nos muestra el sorprendente modo de actuar de Dios", representado en dos actitudes del dueño: la llamada y la recompensa.

En primer lugar, “es conmovedora la imagen de este dueño que sale varias veces a la plaza a buscar trabajadores para su viña… A las seis, a las nueve, a las doce, a las tres y a las cinco de la tarde. Ese dueño representa a Dios, que llama a todos y llama siempre”, aseveró el Papa haciendo hincapié en que nuestro Padre celestial actúa así también hoy: «nos sigue llamando a cada uno, a cualquier hora, para invitarnos a trabajar en su Reino. Este es el estilo de Dios, que hemos de aceptar e imitar. Él no está encerrado en su mundo, sino que “sale” continuamente a la búsqueda de las personas, porque quiere que nadie quede excluido de su plan de amor».

En este contexto, el Pontífice indicó que igualmente nuestras comunidades están llamadas a salir de los varios tipos de “fronteras” que pueden existir, para ofrecer a todos la Palabra de salvación que Jesús vino a traer. Se trata de abrirse a horizontes de vida que ofrezcan esperanza a cuantos viven en las periferias existenciales y aún no han experimentado, o han perdido, la fuerza y la luz del encuentro con Cristo”, puntualizó.

El dueño de la viña recompensa a todos

En segundo lugar, llama la atención la “actitud del dueño de la viña”, que representa la de Dios, en su modo de recompensar a los trabajadores.  “Quiere dar el máximo de la recompensa a todos, incluso a quienes llegaron los últimos. Y aquí se comprende que Jesús no está hablando del trabajo y del salario justo, sino del Reino de Dios y de la bondad del Padre celestial”.

Francisco insistió en que Dios se comporta así, “no mira el tiempo y los resultados, sino la disponibilidad y la generosidad con la que nos ponemos a su servicio”.

“ Él nos da más de lo que merecemos. Y entonces, quien razona con la lógica humana, la de los méritos adquiridos con la propia habilidad, pasa de ser el primero a ser el último. En cambio, quien se confía con humildad a la misericordia del Padre, pasa de último a primero”.

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