Espiritualidad

¿Debo sentirme culpable por ver un partido de fútbol?

El autor del video, Kiki Troia, se pregunta si podemos sentirnos culpables por ver fútbol ¿Qué opinás?

El autor del video le responde al periodista Jorge Lanata que aseguró que el fútbol es el deporte más hipócrita porque consiste en sentarse a ver a 22 millonarios que en nada beneficia. Kiki Troia argumenta a favor de la importancia social del fútbol y las incogruencias de la postura del periodista.

Así comienza el video

«Hola, amigos. ¿Cómo están? Espero se encuentren bien. Miren, hoy vamos a hacer un video diferente. Hoy vamos a hablar de fútbol. Como todos saben, ya se acerca el Mundial de Qatar y quería hacer este video porque hace unos días me tocó ver a un periodista que a mí me gusta mucho, un periodista muy famoso de la Argentina que se llama Jorge Lanata, haciendo la siguiente editorial. Vamos a escucharlo.«

Jorge Lanata en su editorial decía lo siguiente: «No es secreto para nadie, que a mí no me gusta el fútbol y yo lo quería contar. Por qué veo 22 millonarios que corren y a su alrededor miles de personas que pierden todos los días pero que creen que ganan cuando los millonarios ganan. Y me parece uno de los ejemplos más cínicos del sistema.«

Respuesta de Kiki Troia

Bueno, en fin, yo no suelo hacer este tipo de videos, pero esto me llamó la atención y debo confesar que que incluso me indigno un poquito. Por lo tanto voy a tomarme el tiempo para contestarle al señor Jorge Lanata, porque seguramente él debe estar desesperado por saber cuál es mi opinión.Por favor, no me vengan con esa pelotudez de la pasión, porque yo sé lo que es la pasión y no creo que nadie me pueda decir que no soy un tipo apasionado.

No se preocupe, señor Lanata, no voy a hablarle de la pasión. ¿Tranquilo, ok? No lo voy a hablar de la pasión, pero sí me gustaría decir que la idea de que el fútbol es solo un deporte engañoso, una estafa, porque son solamente 22 millonarios corriendo detrás de una pelota que engañan a multitudes. Ese argumento me parece, con todo respeto, muy escueto, muy superficial y muy tonto. Si mal no recuerdo, Borges decía algo parecido y hasta creo haber oído esa frase en alguna película de Luis Brandoni.

Y no me estoy poniendo al nivel de ellos. ¿Por supuesto, qué les puedo discutir yo a ustedes? Pero me gustaría dejar mi opinión. Esta es una tesis simpática, pero yo debo decir que para mí es es corta, se queda corto con el análisis. Para empezar, en un Mundial no solo vemos a 22 millonarios corriendo detrás de una pelota, vemos a muchos más, pero no los vemos porque sean millonarios. Los jugadores de élite, los mejores jugadores del mundo, no son buenos jugadores por ser millonarios, son millonarios por ser buenos jugadores. Lo desafío a juntar 22 millonarios al azar y meterlos en una cancha de fútbol.

Le puedo asegurar que van a hacer un espectáculo patético y no le va a interesar a nadie. Nadie lo vería. De hecho, me atrevo a decir que el fútbol es tal vez uno de los deportes más plurales que existen. Muchísimo de los que son hoy multimillonarios surgieron de la más absoluta pobreza. Y gracias al fútbol, gracias a mucho sacrificio, mucho entrenamiento, mucha renuncia de otras cosas, pudieron crecer ellos como profesionales, convertirse en multimillonarios, ayudar a sus familias y ayudar incluso a sus barrios. De esas historias hay un montón dentro del fútbol. Tal vez una de las bellezas del fútbol sea precisamente esa. Es un deporte muy equitativo en cuanto a su exigencia y solo trasciende el que realmente corre y le pega a la pelotita. Poco importa la marca de su indumentaria o lo que tenga en su cuenta bancaria a la hora de meterse a la cancha y antes de que suene el silbato, todos los jugadores están en igualdad de condiciones, todos están parejos y poco importa lo que traiga cada uno en su bolsillo.

Por supuesto que en un Mundial los jugadores que llegan a esa instancia, la mayoría, son todos multimillonarios. Pero el fútbol no son solo esos jugadores. De hecho, le aseguro que usted se puede encontrar con canchas de fútbol en una villa miseria y también en un barrio residencial, y han surgido estrellas y cracks y ídolos del fútbol, de todas esas muy diferentes realidades.

Los millonarios que vemos en la cancha seguramente llegaron a ese lugar porque tuvieron que esforzarse mucho, sacrificar tiempo con su familia y con sus amigos. En muchos casos tuvieron que dejar sus hogares, dejar sus pueblos, dejar sus ciudades e ir tras un sueño que les demandó muchísima renuncia, muchísimo esfuerzo y muchísimo sacrificio. Yo conozco personalmente y seguramente usted también, a muchos amigos que en su juventud tenían el talento para hacer carrera en el fútbol, pero dejaron, abandonaron o se quedaron a mitad de camino.Sencillamente porque la carrera del futbolista era algo muy sacrificado, demasiado demandante.

También me gustaría aclarar que hay otros deportes que sí son más reducidos a ciertos estratos sociales. Difícilmente encuentre usted en una villa miseria, una cancha de polo o de golf o incluso de tenis. Eso sí, son deportes. ¿Están reducidos a una elite? No, pero el fútbol es mucho más plural.

El fútbol como fenómeno social

Yo personalmente reivindico el fútbol no solo como deporte, sino también como fenómeno social. Don Bosco ponía especial énfasis en que sus colegios debía haber canchas de fútbol y de otras disciplinas, porque tener lugar de esparcimiento para los niños resguardaba a los chicos de peligros que podían haber en la calle o en otros sitios. Por supuesto que, como toda disciplina que mueve pasiones y muchísimo dinero alrededor del fútbol, hay también, no lo vamos a negar, corrupción, manipulación, violencia. Pero esto, creo yo, no es culpa del fútbol en sí. Quienes manejan el negocio del fútbol y los violentos no son la mayoría y definitivamente no representan al hincha promedio, ni siquiera al futbolista promedio.

Como ejemplo, me atrevo a decir que el problema de la política no es la política en sí. La política es buena y hasta necesaria. El problema de la política está en quienes la manejan. Eso sí, debo reconocer también que el fútbol es un deporte injusto y tal vez por eso sea tan hermoso. Tener el plantel más caro del planeta no le garantiza ganar un partido. Hemos visto innumerables veces a equipos pequeños de muy bajo presupuesto, dejar afuera de combate a gigantes con presupuestos exorbitantes. Y eso, amigo, es hermoso. Sin embargo, si debiera ahora de repente abrir mis ojos y darme cuenta de que ya no debo ver fútbol porque simplemente estoy viendo a 22 millonarios corriendo detrás de una pelota. Bajo esa misma lógica, debería también decir que tengo que dejar de ir al cine, porque en las películas de Hollywood solo aparecen multimillonarios que me engañan fingiendo ser algo que no son y contándome historias en su mayoría irreales.

¿Tal vez esa afirmación sea cierta, pero sabemos que el cine no es solo eso y no queremos hacer enojar al maestro Santiago García tampoco, no? Bajo esa misma lógica, también podríamos considerar dejar de ir a los museos, al menos a los más importantes, porque en la mayoría de los casos los museos más importantes están llenos de cuadros y esculturas realizados por millonarios que solo buscan engatusar a la gente con sus supuestas obras de arte. Pero sabemos que el arte no es solo el que cuesta caro. Y además no queremos hacer enojar a Levinas. Corramos nos del arte y establezcamos también, bajo esa misma lógica, que los fumadores deberían abandonar definitivamente sus vicios ya, ahora mismo, porque al fin y al cabo, fumar lo único que hace es favorecer a los mil multimillonarios que se enriquecen con sus tabacaleras a costa de la salud de personas que mueren todos los años a causa del cigarrillo. Y en este caso, debo decir, no hay salvedad. El tabaco es solamente eso. Fumar es eso. Por último, debo decir que tal vez lo que más me hizo ruido de su editorial, señor Lanata, fue ese momento en el que nos pidió que durante los días de Mundial nos detuviéramos al menos cinco minutos al día a pensar que hay gente pobre.

Eso me hizo acordar a una famosa escena de Los Simpson. <<Alguien, por favor, quiere pensar en los niños.>> Imagínese que usted cada mañana cuando va a encender un cigarrillo, se le aparece a alguien y le dice Momento, momento. No encienda su cigarrillo. Deténgase a pensar cinco minutos que en el mundo hay gente pobre. ¿Como le caería a usted? ¿Debo acaso sentirme yo culpable por ver fútbol?

Mire, le puedo asegurar que conozco muchísima gente muy solidaria, que todo el tiempo está haciendo cosas por los demás y sin embargo les gusta el fútbol. Yo a esas personas jamás me atrevería a plantearles una cosa semejante. Me parecería hasta irrespetuoso, en definitiva.

Para terminar, quiero darle las dos razones por las cuales veo fútbol. En primer lugar, veo fútbol porque me gusta. En segundo lugar, y yo sé que no tengo por qué darle explicaciones de porque vio fútbol. Pero debo serle sincero y lo digo sin ironías. Usted me cae bien. Mire, yo veo fútbol porque creo que me lo merezco. Sinceramente, creo que me lo merezco. Me merezco ver fútbol un rato, al menos a la semana. Yo, como muchos aficionados al fútbol, trabajo. Mucho, mucho, todos los días del año. En mi caso particular no tengo feriados, no tengo prácticamente vacaciones. Me gustan las series de televisión, pero no puedo ver todas las que quiero. Alcanzo a ver tres o cuatro series en todo un año. Me encantan las películas, pero voy al cine mucho menos de lo que me gustaría.

Amo el teatro, pero me pasa que cuando tengo dinero para ir al teatro no tengo tiempo y cuando tengo tiempo no tengo dinero. El único entretenimiento al que puedo acceder con cierta facilidad por TV es el fútbol. De hecho, muchas veces miro partidos de fútbol mientras trabajo. Por lo tanto, no me gusta que intenten hacerme sentir culpable por querer ver a 22 millonarios corriendo detrás de una pelota. Y me parece que también estoy grandecito como para decidir con que quiero entretenerme en mis momentos de ocio. Y quédese tranquilo, al menos yo no voy a dejar de trabajar durante el Mundial. A lo sumo me voy a tomar un par de horas para ver a la Selección argentina, pero aún durante el Mundial voy a seguir trabajando como todos los días de mi vida.

Y como la mayoría de los aficionados del fútbol, voy a seguir trabajando porque debo trabajar, pero además porque me gusta mi trabajo. Y acá quiero hacer una aclaración no todos los hinchas de fútbol somos vagos.

En fin, yo realmente le agradezco su tiempo, si es que vio este video y si no me sirvió. De todas maneras para desahogarme, le reitero mi admiración y le mando un afectuoso saludo. Banco el fútbol, banco el deporte. Vamos a Argentina, por lo menos así lo veo yo. Alguien quiere pensar en los niños. Por favor.

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