
Con el inicio de la Cuaresma, la Iglesia propone nuevamente a los fieles un camino de conversión interior, un itinerario espiritual que prepara el corazón para celebrar el misterio central de la fe cristiana: la Pascua del Señor.
En diálogo con DeBuenaFe, el presbítero Maximiliano Martínez recordó que la Cuaresma es, ante todo, un tiempo penitencial, «una invitación a volver a Dios a través de las prácticas que la Iglesia recomienda desde siempre: la oración, el ayuno y la limosna, expresadas también en obras concretas de caridad. No se trata de gestos aislados o meramente externos, sino de medios que ayudan a reordenar la vida, a poner nuevamente a Dios en el centro y a disponerse interiormente para la Resurrección», expresó.
El camino cuaresmal comienza con el Miércoles de Ceniza, un gesto profundamente simbólico que recuerda la fragilidad de la vida y la necesidad constante de conversión. «La ceniza impuesta sobre la frente nos confronta con nuestra condición humana, con nuestro origen y nuestro fin en Dios, y nos invita a renovar la gracia del bautismo recibido. Es un llamado a no vivir distraídos de lo esencial», explicó el sacerdote diocesano.
En un mundo atravesado por la prisa, la tecnología y las múltiples distracciones, la Cuaresma conserva hoy plena vigencia. “Aunque cambien las épocas, el fin del hombre sigue siendo el mismo”, señaló el sacerdote, retomando el pensamiento de San Agustín: el corazón humano permanece inquieto hasta que descansa en Dios. «Por eso, este tiempo fuerte del año litúrgico ayuda a volver la mirada a lo esencial, a recordar el sentido profundo de la vida y el destino último de cada persona», comentó.
Como propuesta concreta, la Iglesia anima a vivir la Cuaresma con propósitos personales, pequeños desafíos semanales que sostengan el deseo de Dios y la búsqueda interior. «Puede ser privarse de algo cotidiano, como reducir el uso del celular, dedicar más tiempo a la oración, a la lectura del Evangelio, o comprometerse con las obras de misericordia, tanto corporales como espirituales. Son gestos sencillos, pero capaces de abrir el corazón a una verdadera transformación», ejemplificó el pbro. Maximiliano.
Finalmente, el padre Martínez subrayó la importancia del sacramento de la reconciliación, especialmente en este tiempo. «La Cuaresma es una oportunidad privilegiada para reconciliarse con Dios, sanar el corazón y prepararse espiritualmente para vivir con alegría la Pascua. Las parroquias ofrecerán espacios y horarios para las confesiones, como signo concreto de una Iglesia que acompaña y acoge».
«La Cuaresma no es solo un tiempo de renuncias, sino un camino de esperanza, una invitación a volver una y otra vez al Señor, para dejarnos transformar por su amor y llegar renovados a la fiesta de la Resurrección», concluyó.






